Cuatro Semanas

Ofrecemos aquí una posible distribución de las etapas del Camino Ignaciano, aplicadas al proceso de las “Cuatro Semanas” de los Ejercicios. Puesto que el peregrino conoce sus procesos personales y las limitaciones de tiempo que tiene, dejamos a la libertad de cada uno el adaptar nuestra propuesta a la necesidad personal. El proceso normal comienza en la “Primera Semana”, así que si alguien pretende hacer tan sólo una semana, seria bueno que empezase por esas meditaciones y no por las últimas. Pero a cada uno su buena sabiduría. Y si se duda, seguro que encontrará algún buen consejo en alguien que ya haya experimentado los Ejercicios en su propia vida.

Primera semana de peregrinación: Loyola – Logroño.

Tomamos este enfoque de Cándido de Dalmases, sj. citado en el libro “Place me with your son” (Georgetown Univ. Press, 1986) «Desde los días de su convalecencia en Loyola, la búsqueda constante de Ignacio era poner orden en su vida. Ahora se daba cuenta de que la primera cosa necesaria era conocer la finalidad para la que había sido creado. Lo que más le importaba era que se cumpliera el designio de Dios para él. Pero para hacer la voluntad de Dios era necesario, antes de todo, descubrirla. El obstáculo se encontraba en los “afectos desordenados” que oscurecen los ojos de la mente y arrastran la voluntad hacia el mal. Él tendría que luchar contra estas afecciones desordenadas, y para ello tendría que superarse a sí mismo. Este sería el objetivo final al que los Ejercicios darían una ayuda, y el título del libro resume todo su contenido: “EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA VENCER A SI MISMO Y ORDENAR SU VIDA, SIN DETERMINARSE POR AFECCIÓN ALGUNA QUE DESORDENADA SEA”.»

Este es el primer paso para el peregrino: sentir una gran necesidad de ponerse en una dinámica de descubrimiento (la voluntad de Dios y los afectos desordenados) que pueda traer algo de luz en su búsqueda de paz, libertad y felicidad. Ignacio entró en este camino con «gran coraje y generosidad hacia su Creador y Señor». Esta misma disposición interior es la que el peregrino moderno en el Camino Ignaciano tiene que tomar.

A lo largo de esta primera semana de los Ejercicios Espirituales, el peregrino está invitado a seguir la experiencia de Ignacio: «Iñigo repasó en su mente el curso de su vida, recordando los pecados cometidos de año en año, las casas donde había vivido, su relaciones con los demás, los cargos que había ejercido. Dos sentimientos dominaron su alma, la vergüenza y la tristeza: la vergüenza de la repugnancia de sus pecados, el dolor por haber ofendido a Dios. Pero el resultado no fue la desesperación.» Ignacio se encuentra ante la Cruz del Amor de Dios y al descubrir su gran compasión, se pregunta: “¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué estoy haciendo por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”. La vida de Iñigo será una respuesta a esta interrogación.

Invitamos a los peregrinos a comenzar su primera semana caminando con Ignacio y que lleguen a preguntarse con él: ¿qué he hecho en mi vida? ¿Cuál es mi orientación? ¿Qué tiene que ver la voluntad de Dios en mi vida? ¿Y mis afectos desordenados? No tengamos prisa en dar ninguna respuesta, sino más bien hemos de dejar que las respuestas surjan en las meditaciones y paseos.

Segunda semana: Logroño – Zaragoza.

A medida que entramos en una segunda etapa de nuestros Ejercicios Espirituales, ya tenemos alguna experiencia de los primeros frutos de nuestras “ejercitaciones”: nuestro corazón se llena con la paz y el amor de Jesucristo, después de haber experimentado su compasión y el abrazo cálido del Padre que nos pide entrar de nuevo en Su casa. Después de esta experiencia el peregrino desea no sólo no ofender a Jesús otra vez, sino que también le gustaría seguirle. Según nos dice C. Dalmases, Cristo se presenta ante el peregrino como un Rey, a quien debe servir «con mayor fidelidad que la que ha mostrado a los señores del mundo. Jesús llama a los peregrinos a una gran empresa, la restauración de la humanidad perdida.» Para Ignacio la santidad significa participar en la conquista de un reino. Ignacio conocía muy bien a los enemigos de Cristo por su propia experiencia del mundo. Así pues,«Ignacio decide participar en esta campaña con la máxima generosidad. Él sólo tiene que seguir el ejemplo de Jesús, que camina delante de él. Su ferviente deseo será el de conocer a Cristo íntimamente con el fin de amarlo más y seguirle» mejor, lo más cerca posible. Meditando sobre las escenas del Evangelio, Ignacio busca «penetrar profundamente en la “intenciones” del divino Maestro, es decir, en su espíritu y sus principios, diametralmente opuestos a los del mundo: la pobreza y la humildad contra la codicia y el orgullo. Se va a encontrar todo resumido en el Sermón de la Montaña, en el que Jesús enseñó sus bienaventuranzas al mundo. Iñigo abarcará la pobreza y las humillaciones con el fin de imitar a Cristo pobre y humillado, y ser así aceptado bajo Su bandera.» En esta semana, el peregrino está invitado a caminar con Jesús a lo largo del Evangelio y a entrar también al servicio de Jesucristo bajo su bandera, peregrinando en el Camino Ignaciano. Vamos a descubrir el “camino de Cristo” y el peregrino va a descubrir si se siente atraído por Él como lo fue Ignacio.

Tercera semana: Zaragoza – Fraga.

En los Ejercicios Espirituales, esta etapa es el momento de la confrontación: todos los buenos propósitos que han ido surgiendo en la etapa anterior, han de ser purificados en la experiencia de la muerte en cruz. Ignacio nos guía en el misterio de la pasión del Señor y su muerte incomprensible. El peregrino está invitado a entrar con corazón y  alma en estos misterios dolorosos. Los primeros discípulos de Jesús recuerdan estos acontecimientos con gran detalle y parece que estos fueron los primeros hechos que fueron escritos para bien guardar memoria de ellos. Esta chocante experiencia cambió su mundo y nuestro mundo. El Maestro fue abandonado por todos, incluso del Padre. Pero Jesús tenía la fuerza de la Fe, el espíritu de Amor y una enorme Esperanza de que Dios obrara para el bien de la humanidad. Ignacio nos invita a compartir estos momentos, observando y rezando con Él en su agonía, conscientes también que su pasión se escenifica a diario en el cuerpo de su gente, pobre y sufriente.

Esta semana, el peregrino es invitado a meditar en la Cruz de Jesús presente bajo múltiples formas, tanto en su vida como en el mundo. Vamos a sentir la empatía por los crucificados de nuestro mundo y vamos a meditar acerca de nuestros buenos propósitos: ¿estamos preparados para seguir a nuestro Rey hasta el final?

Cuarta semana: Fraga – Manresa.

Ignacio nos lleva a un mundo nuevo en nuestra cuarta semana y la última: la resurrección nos llama a un nuevo comienzo, trabajando de nuevo por el Reino. El consuelo, la alegría, la nueva oleada de vida que Cristo resucitado da a sus seguidores desde la mañana de Pascua hasta el día de hoy es el regalo que pedir en la cuarta semana. Hemos vivido con Él el paso de la Cruz y ahora compartimos su gozo: «Pues como abundan nuestros sufrimientos por el Mesías, así por el Mesías abunda nuestro consuelo.» (2 Corintios 1,5). En todas las contemplaciones evangélicas propuestas esta semana, se observa cómo el Señor resucitado se manifiesta con el verdadero esplendor de la divinidad, a través del consuelo y el fortalecimiento de aquellos a quienes el Padre ama.

A medida que nos acercamos al final de nuestro Camino Ignaciano, podemos sentir ya la alegría de la realización de un sueño: caminar con Ignacio y Cristo Jesús, en el camino espiritual que transformó a aquel “caballero vanidoso” hace 500 años. Seamos agradecidos con nuestro Dios y caminemos felices por esta cuarta semana. La contemplación del Amor de Dios nos ayudará a bien afianzar los frutos de nuestra peregrinación.