Camino Espiritual

Etapa 1

Pistas Ignacianas - Etapa 1. Loyola - Zumárraga (18,2 km)

Anotaciones: Iniciamos nuestro camino, de forma suave, pero entrando ya en materia. Es muy conveniente dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no ir más lejos, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos impregne y colme. Ignacio dice que “saber y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber.

Petición: Deseo, Señor, concédeme la gracia de experimentar tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: La espiritualidad consiste en «hacer un viaje a través de la vida, convirtiéndolo en un camino hacia Dios.» Así deseamos transformar nuestro viaje por España en un itinerario espiritual.

Empezamos contemplando lo que nos rodea, en estos verdes parajes cercanos a Loyola. Caminamos con calma, conscientes del don que representa poder dedicar un tiempo de nuestra vida a un encuentro con Dios, con el mundo y con nosotros mismos. ¡Es un privilegio el poder hacer estos “ejercicios”! Empezamos nuestra peregrinación con un corazón agradecido. Nos ha traído aquí, el que nos ama desde siempre y conduce nuestras vidas. Con ese convencimiento, nos ponemos a caminar. Dios Padre/Madre se encuentra en todo lo que vemos y su presencia nos llena de gratitud.

Textos:

Isaías 55:1-11. Dios, porque me ama, me invita a acercarme a Él.

Salmo 63. Respondo a Dios, expresando mi deseo de encontrarme con Él.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como a un amigo. Compartir con él lo que hemos pensado durante el camino.

Loyola - Zumárraga

Pistas Ignacianas - Etapa 1. Loyola - Zumárraga (18,2 km)

Anotaciones: Iniciamos nuestro camino, de forma suave, pero entrando ya en materia. Es muy conveniente dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no ir más lejos, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos impregne y colme. Ignacio dice que “saber y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber.

Petición: Deseo, Señor, concédeme la gracia de experimentar tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: La espiritualidad consiste en «hacer un viaje a través de la vida, convirtiéndolo en un camino hacia Dios.» Así deseamos transformar nuestro viaje por España en un itinerario espiritual.

Empezamos contemplando lo que nos rodea, en estos verdes parajes cercanos a Loyola. Caminamos con calma, conscientes del don que representa poder dedicar un tiempo de nuestra vida a un encuentro con Dios, con el mundo y con nosotros mismos. ¡Es un privilegio el poder hacer estos “ejercicios”! Empezamos nuestra peregrinación con un corazón agradecido. Nos ha traído aquí, el que nos ama desde siempre y conduce nuestras vidas. Con ese convencimiento, nos ponemos a caminar. Dios Padre/Madre se encuentra en todo lo que vemos y su presencia nos llena de gratitud.

Textos:

Isaías 55:1-11. Dios, porque me ama, me invita a acercarme a Él.

Salmo 63. Respondo a Dios, expresando mi deseo de encontrarme con Él.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como a un amigo. Compartir con él lo que hemos pensado durante el camino.

Pistas Ignacianas - Etapa 1. Loyola - Zumárraga (18,2 km)

Anotaciones: Iniciamos nuestro camino, de forma suave, pero entrando ya en materia. Es muy conveniente dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no ir más lejos, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos impregne y colme. Ignacio dice que “saber y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber.

Petición: Deseo, Señor, concédeme la gracia de experimentar tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: La espiritualidad consiste en «hacer un viaje a través de la vida, convirtiéndolo en un camino hacia Dios.» Así deseamos transformar nuestro viaje por España en un itinerario espiritual.

Empezamos contemplando lo que nos rodea, en estos verdes parajes cercanos a Loyola. Caminamos con calma, conscientes del don que representa poder dedicar un tiempo de nuestra vida a un encuentro con Dios, con el mundo y con nosotros mismos. ¡Es un privilegio el poder hacer estos “ejercicios”! Empezamos nuestra peregrinación con un corazón agradecido. Nos ha traído aquí, el que nos ama desde siempre y conduce nuestras vidas. Con ese convencimiento, nos ponemos a caminar. Dios Padre/Madre se encuentra en todo lo que vemos y su presencia nos llena de gratitud.

Textos:

Isaías 55:1-11. Dios, porque me ama, me invita a acercarme a Él.

Salmo 63. Respondo a Dios, expresando mi deseo de encontrarme con Él.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como a un amigo. Compartir con él lo que hemos pensado durante el camino.

Etapa 2

Pistas Ignacianas - Etapa 2. Zumárraga - Arantzazu (21,4 km)

Anotaciones: Insistimos en la oración preparatoria, objetivo fundamental de nuestra peregrinación interior. Recordamos que si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no pasar adelante, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos sacie. Recomendamos dedicar un largo tiempo a la oración, una vez llegados al santuario de Aranzazu, como lo hizo Ignacio.  Orar con agradecimiento por toda nuestra vida, por los dones recibidos hasta ahora y no olvidar el último, que no es pequeño, ¡el estar aquí!

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir y gustar internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: Mientras nos acercamos al santuario de Nuestra Señora de Aranzazu, dedicamos el segundo día a profundizar, en la oración, en nuestra historia de felicidad. Caminamos y oramos, vamos recordando los momentos de nuestra historia de gracia y bondad, sobre todo aquellos que ahora vemos como puntos de inflexión en nuestra vida. ¿Algún momento en que, en la presencia de Dios, tomamos una decisión importante o los momentos de gran tribulación superada con Él? ¿Tal vez momentos en que sentíamos que Dios estaba ausente? ¿Momentos en que no podíamos creer que Dios estaba presente? Pero Él siempre estaba allí, como el mejor Amigo, como un  Padre atento, como una tierna Madre. Retengamos en el corazón todos esos momentos y sintamos que se nos llena de gratitud hacia las personas y los acontecimientos de nuestra vida pasada: Dios está siempre trabajando junto a nosotros. ¿Por qué no ofrecer esos momentos y todas esas personas a Dios y dar gracias a todos por ser Sus manos y Sus brazos?

Textos:

Lucas 1, 46-55. Engrandece mi alma al Señor.

Lucas 12, 22-34. Tú conoces, Señor, todas mis necesidades. No he de preocuparme.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Maria como un hijo o una hija lo hace con su madre. Ahora que llegamos cerca de su santuario, sincerarse con ella sobre los puntos hallados en este rato del camino.

Zumárraga - Arantzazu

Pistas Ignacianas - Etapa 2. Zumárraga - Arantzazu (21,4 km)

Anotaciones: Insistimos en la oración preparatoria, objetivo fundamental de nuestra peregrinación interior. Recordamos que si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no pasar adelante, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos sacie. Recomendamos dedicar un largo tiempo a la oración, una vez llegados al santuario de Aranzazu, como lo hizo Ignacio.  Orar con agradecimiento por toda nuestra vida, por los dones recibidos hasta ahora y no olvidar el último, que no es pequeño, ¡el estar aquí!

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir y gustar internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: Mientras nos acercamos al santuario de Nuestra Señora de Aranzazu, dedicamos el segundo día a profundizar, en la oración, en nuestra historia de felicidad. Caminamos y oramos, vamos recordando los momentos de nuestra historia de gracia y bondad, sobre todo aquellos que ahora vemos como puntos de inflexión en nuestra vida. ¿Algún momento en que, en la presencia de Dios, tomamos una decisión importante o los momentos de gran tribulación superada con Él? ¿Tal vez momentos en que sentíamos que Dios estaba ausente? ¿Momentos en que no podíamos creer que Dios estaba presente? Pero Él siempre estaba allí, como el mejor Amigo, como un  Padre atento, como una tierna Madre. Retengamos en el corazón todos esos momentos y sintamos que se nos llena de gratitud hacia las personas y los acontecimientos de nuestra vida pasada: Dios está siempre trabajando junto a nosotros. ¿Por qué no ofrecer esos momentos y todas esas personas a Dios y dar gracias a todos por ser Sus manos y Sus brazos?

Textos:

Lucas 1, 46-55. Engrandece mi alma al Señor.

Lucas 12, 22-34. Tú conoces, Señor, todas mis necesidades. No he de preocuparme.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Maria como un hijo o una hija lo hace con su madre. Ahora que llegamos cerca de su santuario, sincerarse con ella sobre los puntos hallados en este rato del camino.

Pistas Ignacianas - Etapa 2. Zumárraga - Arantzazu (21,4 km)

Anotaciones: Insistimos en la oración preparatoria, objetivo fundamental de nuestra peregrinación interior. Recordamos que si se encuentra “fondo” en alguna palabra o en algún momento, es mejor no pasar adelante, sino quedarse en ese espacio espiritual, dejando que su profundidad nos sacie. Recomendamos dedicar un largo tiempo a la oración, una vez llegados al santuario de Aranzazu, como lo hizo Ignacio.  Orar con agradecimiento por toda nuestra vida, por los dones recibidos hasta ahora y no olvidar el último, que no es pequeño, ¡el estar aquí!

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir y gustar internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias.

Reflexiones: Mientras nos acercamos al santuario de Nuestra Señora de Aranzazu, dedicamos el segundo día a profundizar, en la oración, en nuestra historia de felicidad. Caminamos y oramos, vamos recordando los momentos de nuestra historia de gracia y bondad, sobre todo aquellos que ahora vemos como puntos de inflexión en nuestra vida. ¿Algún momento en que, en la presencia de Dios, tomamos una decisión importante o los momentos de gran tribulación superada con Él? ¿Tal vez momentos en que sentíamos que Dios estaba ausente? ¿Momentos en que no podíamos creer que Dios estaba presente? Pero Él siempre estaba allí, como el mejor Amigo, como un  Padre atento, como una tierna Madre. Retengamos en el corazón todos esos momentos y sintamos que se nos llena de gratitud hacia las personas y los acontecimientos de nuestra vida pasada: Dios está siempre trabajando junto a nosotros. ¿Por qué no ofrecer esos momentos y todas esas personas a Dios y dar gracias a todos por ser Sus manos y Sus brazos?

Textos:

Lucas 1, 46-55. Engrandece mi alma al Señor.

Lucas 12, 22-34. Tú conoces, Señor, todas mis necesidades. No he de preocuparme.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Maria como un hijo o una hija lo hace con su madre. Ahora que llegamos cerca de su santuario, sincerarse con ella sobre los puntos hallados en este rato del camino.

Etapa 3

Pistas Ignacianas - Etapa 3. Arantzazu - Araia (18 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que, como dice Ignacio, “sentir y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber. No tengamos prisa. Hoy entramos en la meditación de nuestro Principio y Fundamento. Consideramos el Fin para el cual hemos sido creados. Una visión global que concretaremos más adelante.

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias. Ayúdame a descubrir el fundamento de mi vida según tu deseo.

Reflexiones: Empezamos recordando que toda nuestra vida ha sido un itinerario espiritual. Caminando, dedicamos algún tiempo a recordar, de nuevo, nuestra propia historia, es decir, dejamos que nuestra mente discurra a lo largo de la oración. Recordamos y dejamos que Dios nos muestre los momentos claves de nuestro pasado, un álbum de fotos de todo tipo, momentos dolorosos, otros alegres: es la historia que nos ha traído hasta el presente de nuestra vida. ¿Quién soy? ¿Cómo he llegado a este punto en mi vida? ¿Qué personas, lugares o momentos han tenido un papel destacado y ayudaron a moldear la persona que soy hoy? Que nos acompañen estas imágenes que afloran a la superficie, junto con los sentimientos de gratitud o dolor.

Seguramente en contraste con los buenos, hay momentos, personas o aspectos de la vida que conllevan sentimientos de vergüenza, momentos que desearíamos eliminar. Presentemos esos momentos a Dios, pidiendo crecer en la aceptación de nosotros mismos. No se trata de sentirnos completamente reconciliados ni de “solucionar” hoy nada: la gente, momentos y sentimientos que surgen bien pueden convertirse en semilla para nuestro caminar con Dios, a medida que vamos realizando nuestra peregrinación. Estamos viviendo el proceso de “presentar toda nuestra vida a Dios”, lo cuál nos llena de alegría y agradecimiento y también nos puede llenar de arrepentimiento o vergüenza. Los frutos que buscamos serán la gratitud, la comprensión y la aceptación de mí mismo, así como la comprensión de que soy aceptado por Dios. Pensemos en nosotros mismos como si estuviésemos «lavando oro», tamizando nuestra vida a través de la multitud de ideas que nos llegan, hasta que nos quedamos sólo con el «oro». Descubrimos también aspectos de la vida de los que podemos aprender más, crecer, situaciones en las que Dios nos conduce para reflexionar.

Textos:

Oseas 11,1-9. Su amor por mí es un amor lleno de ternura.

Salmo 139, 1-14.17-18. Con temor y reverencia recuerdo cómo Dios ha cuidado de mí en los momentos de alegría y dolor, en tiempos de éxito y fracaso, en tiempos de fidelidad y también en la infidelidad.

Ejercicios Espirituales, 5. «Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se sirva conforme a su santísima voluntad.»

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato del camino hecho.

Arantzazu - Araia

Pistas Ignacianas - Etapa 3. Arantzazu - Araia (18 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que, como dice Ignacio, “sentir y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber. No tengamos prisa. Hoy entramos en la meditación de nuestro Principio y Fundamento. Consideramos el Fin para el cual hemos sido creados. Una visión global que concretaremos más adelante.

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias. Ayúdame a descubrir el fundamento de mi vida según tu deseo.

Reflexiones: Empezamos recordando que toda nuestra vida ha sido un itinerario espiritual. Caminando, dedicamos algún tiempo a recordar, de nuevo, nuestra propia historia, es decir, dejamos que nuestra mente discurra a lo largo de la oración. Recordamos y dejamos que Dios nos muestre los momentos claves de nuestro pasado, un álbum de fotos de todo tipo, momentos dolorosos, otros alegres: es la historia que nos ha traído hasta el presente de nuestra vida. ¿Quién soy? ¿Cómo he llegado a este punto en mi vida? ¿Qué personas, lugares o momentos han tenido un papel destacado y ayudaron a moldear la persona que soy hoy? Que nos acompañen estas imágenes que afloran a la superficie, junto con los sentimientos de gratitud o dolor.

Seguramente en contraste con los buenos, hay momentos, personas o aspectos de la vida que conllevan sentimientos de vergüenza, momentos que desearíamos eliminar. Presentemos esos momentos a Dios, pidiendo crecer en la aceptación de nosotros mismos. No se trata de sentirnos completamente reconciliados ni de “solucionar” hoy nada: la gente, momentos y sentimientos que surgen bien pueden convertirse en semilla para nuestro caminar con Dios, a medida que vamos realizando nuestra peregrinación. Estamos viviendo el proceso de “presentar toda nuestra vida a Dios”, lo cuál nos llena de alegría y agradecimiento y también nos puede llenar de arrepentimiento o vergüenza. Los frutos que buscamos serán la gratitud, la comprensión y la aceptación de mí mismo, así como la comprensión de que soy aceptado por Dios. Pensemos en nosotros mismos como si estuviésemos «lavando oro», tamizando nuestra vida a través de la multitud de ideas que nos llegan, hasta que nos quedamos sólo con el «oro». Descubrimos también aspectos de la vida de los que podemos aprender más, crecer, situaciones en las que Dios nos conduce para reflexionar.

Textos:

Oseas 11,1-9. Su amor por mí es un amor lleno de ternura.

Salmo 139, 1-14.17-18. Con temor y reverencia recuerdo cómo Dios ha cuidado de mí en los momentos de alegría y dolor, en tiempos de éxito y fracaso, en tiempos de fidelidad y también en la infidelidad.

Ejercicios Espirituales, 5. «Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se sirva conforme a su santísima voluntad.»

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato del camino hecho.

Pistas Ignacianas - Etapa 3. Arantzazu - Araia (18 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que, como dice Ignacio, “sentir y gustar interiormente” es más importante que el mucho saber. No tengamos prisa. Hoy entramos en la meditación de nuestro Principio y Fundamento. Consideramos el Fin para el cual hemos sido creados. Una visión global que concretaremos más adelante.

Petición: Señor, concédeme la gracia de sentir internamente tu Amor en mi vida, con una profunda acción de gracias. Ayúdame a descubrir el fundamento de mi vida según tu deseo.

Reflexiones: Empezamos recordando que toda nuestra vida ha sido un itinerario espiritual. Caminando, dedicamos algún tiempo a recordar, de nuevo, nuestra propia historia, es decir, dejamos que nuestra mente discurra a lo largo de la oración. Recordamos y dejamos que Dios nos muestre los momentos claves de nuestro pasado, un álbum de fotos de todo tipo, momentos dolorosos, otros alegres: es la historia que nos ha traído hasta el presente de nuestra vida. ¿Quién soy? ¿Cómo he llegado a este punto en mi vida? ¿Qué personas, lugares o momentos han tenido un papel destacado y ayudaron a moldear la persona que soy hoy? Que nos acompañen estas imágenes que afloran a la superficie, junto con los sentimientos de gratitud o dolor.

Seguramente en contraste con los buenos, hay momentos, personas o aspectos de la vida que conllevan sentimientos de vergüenza, momentos que desearíamos eliminar. Presentemos esos momentos a Dios, pidiendo crecer en la aceptación de nosotros mismos. No se trata de sentirnos completamente reconciliados ni de “solucionar” hoy nada: la gente, momentos y sentimientos que surgen bien pueden convertirse en semilla para nuestro caminar con Dios, a medida que vamos realizando nuestra peregrinación. Estamos viviendo el proceso de “presentar toda nuestra vida a Dios”, lo cuál nos llena de alegría y agradecimiento y también nos puede llenar de arrepentimiento o vergüenza. Los frutos que buscamos serán la gratitud, la comprensión y la aceptación de mí mismo, así como la comprensión de que soy aceptado por Dios. Pensemos en nosotros mismos como si estuviésemos «lavando oro», tamizando nuestra vida a través de la multitud de ideas que nos llegan, hasta que nos quedamos sólo con el «oro». Descubrimos también aspectos de la vida de los que podemos aprender más, crecer, situaciones en las que Dios nos conduce para reflexionar.

Textos:

Oseas 11,1-9. Su amor por mí es un amor lleno de ternura.

Salmo 139, 1-14.17-18. Con temor y reverencia recuerdo cómo Dios ha cuidado de mí en los momentos de alegría y dolor, en tiempos de éxito y fracaso, en tiempos de fidelidad y también en la infidelidad.

Ejercicios Espirituales, 5. «Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se sirva conforme a su santísima voluntad.»

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato del camino hecho.

Etapa 4

Pistas Ignacianas - Etapa 4. Araia - Alda (22 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que “sentir y gustar interiormente” es más importante que saber mucho, por eso, no hemos de tener prisa. Hoy seguimos con la consideración de nuestro Principio y Fundamento.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia, que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Las meditaciones anteriores nos han recordado lo que Dios ha sido y seguirá siendo: una presencia fiel en el camino de nuestra vida. Hoy nuestra atención se desplaza hacia el panorama general, un cuadro más grande, más amplio, sobre el sentido del “camino de la vida” de nuestra humanidad: ¿cuál es el plan de Dios para nosotros los seres humanos? ¿Cuál es el propósito de nuestro peregrinar por este mundo? En los Ejercicios Espirituales, Ignacio responde a estas preguntas con una respuesta sencilla pero profunda: «Dios nos ha creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y de esta manera para salvar el alma. Y todo lo demás es creado para que nos ayude a lograr el propósito para el cual Dios nos creó.»

Esta declaración es simple pero profunda. Dios nos creó para unirnos a Él (“salvar nuestras almas”, como dice Ignacio). En esta vida nos acercamos a Dios mediante la alabanza y la gratitud por las maravillas de nuestro mundo, por la reverencia que mostramos en el respeto hacia la humanidad y hacia los dones que Dios ha creado, y por servir a Dios sirviendo a nuestros semejantes.

Poseo la verdadera libertad espiritual cuando estoy cautivado tan completamente por el amor de Dios que todos los deseos de mi corazón y todas las acciones, afectos, pensamientos y decisiones que emanan de ellos se dirigen tan sólo a Dios, mi Padre / Madre y a su servicio y alabanza.

Comencemos a reflexionar por nosotros mismos: sabemos bien el porqué de una cafetera, pero ¿sabemos la finalidad de los seres humanos?

Textos:

Salmo 104. El Dios que me llama es el Dios que me creó y que hizo todo lo demás, por amor, porque me amó.

Génesis 22:1-18. El texto de la fe de Abraham cuestiona mi propia fe y mi propia libertad.

Marcos 12:28-34. Mi Principio y Fundamento es el Amor de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en nuestras reflexiones durante el camino.

Araia - Alda

Pistas Ignacianas - Etapa 4. Araia - Alda (22 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que “sentir y gustar interiormente” es más importante que saber mucho, por eso, no hemos de tener prisa. Hoy seguimos con la consideración de nuestro Principio y Fundamento.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia, que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Las meditaciones anteriores nos han recordado lo que Dios ha sido y seguirá siendo: una presencia fiel en el camino de nuestra vida. Hoy nuestra atención se desplaza hacia el panorama general, un cuadro más grande, más amplio, sobre el sentido del “camino de la vida” de nuestra humanidad: ¿cuál es el plan de Dios para nosotros los seres humanos? ¿Cuál es el propósito de nuestro peregrinar por este mundo? En los Ejercicios Espirituales, Ignacio responde a estas preguntas con una respuesta sencilla pero profunda: «Dios nos ha creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y de esta manera para salvar el alma. Y todo lo demás es creado para que nos ayude a lograr el propósito para el cual Dios nos creó.»

Esta declaración es simple pero profunda. Dios nos creó para unirnos a Él (“salvar nuestras almas”, como dice Ignacio). En esta vida nos acercamos a Dios mediante la alabanza y la gratitud por las maravillas de nuestro mundo, por la reverencia que mostramos en el respeto hacia la humanidad y hacia los dones que Dios ha creado, y por servir a Dios sirviendo a nuestros semejantes.

Poseo la verdadera libertad espiritual cuando estoy cautivado tan completamente por el amor de Dios que todos los deseos de mi corazón y todas las acciones, afectos, pensamientos y decisiones que emanan de ellos se dirigen tan sólo a Dios, mi Padre / Madre y a su servicio y alabanza.

Comencemos a reflexionar por nosotros mismos: sabemos bien el porqué de una cafetera, pero ¿sabemos la finalidad de los seres humanos?

Textos:

Salmo 104. El Dios que me llama es el Dios que me creó y que hizo todo lo demás, por amor, porque me amó.

Génesis 22:1-18. El texto de la fe de Abraham cuestiona mi propia fe y mi propia libertad.

Marcos 12:28-34. Mi Principio y Fundamento es el Amor de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en nuestras reflexiones durante el camino.

Pistas Ignacianas - Etapa 4. Araia - Alda (22 km)

Anotaciones: Insistimos en dedicar un buen tiempo a meditar sobre la oración preparatoria. Recordemos que “sentir y gustar interiormente” es más importante que saber mucho, por eso, no hemos de tener prisa. Hoy seguimos con la consideración de nuestro Principio y Fundamento.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia, que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Las meditaciones anteriores nos han recordado lo que Dios ha sido y seguirá siendo: una presencia fiel en el camino de nuestra vida. Hoy nuestra atención se desplaza hacia el panorama general, un cuadro más grande, más amplio, sobre el sentido del “camino de la vida” de nuestra humanidad: ¿cuál es el plan de Dios para nosotros los seres humanos? ¿Cuál es el propósito de nuestro peregrinar por este mundo? En los Ejercicios Espirituales, Ignacio responde a estas preguntas con una respuesta sencilla pero profunda: «Dios nos ha creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y de esta manera para salvar el alma. Y todo lo demás es creado para que nos ayude a lograr el propósito para el cual Dios nos creó.»

Esta declaración es simple pero profunda. Dios nos creó para unirnos a Él (“salvar nuestras almas”, como dice Ignacio). En esta vida nos acercamos a Dios mediante la alabanza y la gratitud por las maravillas de nuestro mundo, por la reverencia que mostramos en el respeto hacia la humanidad y hacia los dones que Dios ha creado, y por servir a Dios sirviendo a nuestros semejantes.

Poseo la verdadera libertad espiritual cuando estoy cautivado tan completamente por el amor de Dios que todos los deseos de mi corazón y todas las acciones, afectos, pensamientos y decisiones que emanan de ellos se dirigen tan sólo a Dios, mi Padre / Madre y a su servicio y alabanza.

Comencemos a reflexionar por nosotros mismos: sabemos bien el porqué de una cafetera, pero ¿sabemos la finalidad de los seres humanos?

Textos:

Salmo 104. El Dios que me llama es el Dios que me creó y que hizo todo lo demás, por amor, porque me amó.

Génesis 22:1-18. El texto de la fe de Abraham cuestiona mi propia fe y mi propia libertad.

Marcos 12:28-34. Mi Principio y Fundamento es el Amor de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en la oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en nuestras reflexiones durante el camino.

Etapa 5

Pistas Ignacianas - Etapa 5. Alda - Genevilla (24 km)

Anotaciones: Ya sabemos que es muy importante reflexionar sobre la oración introductoria. Recordamos también que no debemos tener prisa en pasar de una cosa a otra. Hoy queremos considerar los “medios” que emplea nuestro Dios para comunicarnos su amor, y el uso que debemos hacer de estos “medios”.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia; que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti, y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Hoy dedicaremos más tiempo a reflexionar sobre esta frase de Ignacio en los Ejercicios: «las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.» Y el mismo Ignacio nos descifra algunas de las difíciles consecuencias: «De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas… en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».

Ser “indiferente”, en palabras de Ignacio, significa ser “libre”, es decir que hemos de sentirnos libres de apegos y  adicciones, esclavizados, o embrujados por algo meramente “creado” o humano que, tantas veces, se interpone en nuestro camino hacia el verdadero fin. Es decir, ser indiferentes es no querer existir obsesionados con vivir una vida hermosa a nuestra manera, de suerte que se convierte en un servicio a nosotros mismos y ya no sirve al plan de Dios. Queremos liberarnos de cualquier cosa que nos impida realizar nuestro verdadero propósito. Queremos poner el amor de Dios por encima de cualquier amor humano que le sea contrario. Queremos vivir una vida equilibrada, ordenada a la vida; es decir, tener una relación adecuada con las otras personas, con el dinero y con las cosas que no nos conviertan en esclavos, que no vivamos enganchados al mundo. Las cosas terrenales pueden ayudarnos a lograr nuestro propósito, y también pueden distraernos de nuestro objetivo, si vivimos obsesionados con ellas más que con nuestro propósito mayor. No debemos confundir las cosas creadas con el propósito de la vida y hacer de ellas nuestro Dios.

Podemos hacer una lista de personas a las que admiramos a este respecto. ¿Qué es lo que más admiramos en ellos? Tal vez podemos pensar en personas que han destacado por su santidad en el pasado, o en personas que conocemos ahora y que parecen vivir en este sano, equilibrado, libre estilo de vida. Ahora no es el momento para juzgarnos nosotros y tomar conciencia de nuestras faltas. Estamos tratando de desarrollar un sentido claro de nuestro principio y fundamento y un sentido claro de los ideales a los que queremos aspirar en nuestra vida.

Textos:

Salmo 8. ¿Qué es un frágil ser humano para que Tu seas tan consciente de él?

Romanos 8,5-6.12-18. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Los que viven según el Espíritu, ponen la mente en las cosas del Espíritu.

Filipenses 1:21-26; 3:7-16; 4:10-13. Aquí y ahora, ¿cómo me puedo acercar a la actitud de San Pablo?

Coloquio final: Hacer un resumen de las ideas y sentimientos experimentados, hablando con Jesús, como un amigo lo hace con su amigo. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho.

Alda - Genevilla

Pistas Ignacianas - Etapa 5. Alda - Genevilla (24 km)

Anotaciones: Ya sabemos que es muy importante reflexionar sobre la oración introductoria. Recordamos también que no debemos tener prisa en pasar de una cosa a otra. Hoy queremos considerar los “medios” que emplea nuestro Dios para comunicarnos su amor, y el uso que debemos hacer de estos “medios”.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia; que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti, y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Hoy dedicaremos más tiempo a reflexionar sobre esta frase de Ignacio en los Ejercicios: «las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.» Y el mismo Ignacio nos descifra algunas de las difíciles consecuencias: «De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas… en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».

Ser “indiferente”, en palabras de Ignacio, significa ser “libre”, es decir que hemos de sentirnos libres de apegos y  adicciones, esclavizados, o embrujados por algo meramente “creado” o humano que, tantas veces, se interpone en nuestro camino hacia el verdadero fin. Es decir, ser indiferentes es no querer existir obsesionados con vivir una vida hermosa a nuestra manera, de suerte que se convierte en un servicio a nosotros mismos y ya no sirve al plan de Dios. Queremos liberarnos de cualquier cosa que nos impida realizar nuestro verdadero propósito. Queremos poner el amor de Dios por encima de cualquier amor humano que le sea contrario. Queremos vivir una vida equilibrada, ordenada a la vida; es decir, tener una relación adecuada con las otras personas, con el dinero y con las cosas que no nos conviertan en esclavos, que no vivamos enganchados al mundo. Las cosas terrenales pueden ayudarnos a lograr nuestro propósito, y también pueden distraernos de nuestro objetivo, si vivimos obsesionados con ellas más que con nuestro propósito mayor. No debemos confundir las cosas creadas con el propósito de la vida y hacer de ellas nuestro Dios.

Podemos hacer una lista de personas a las que admiramos a este respecto. ¿Qué es lo que más admiramos en ellos? Tal vez podemos pensar en personas que han destacado por su santidad en el pasado, o en personas que conocemos ahora y que parecen vivir en este sano, equilibrado, libre estilo de vida. Ahora no es el momento para juzgarnos nosotros y tomar conciencia de nuestras faltas. Estamos tratando de desarrollar un sentido claro de nuestro principio y fundamento y un sentido claro de los ideales a los que queremos aspirar en nuestra vida.

Textos:

Salmo 8. ¿Qué es un frágil ser humano para que Tu seas tan consciente de él?

Romanos 8,5-6.12-18. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Los que viven según el Espíritu, ponen la mente en las cosas del Espíritu.

Filipenses 1:21-26; 3:7-16; 4:10-13. Aquí y ahora, ¿cómo me puedo acercar a la actitud de San Pablo?

Coloquio final: Hacer un resumen de las ideas y sentimientos experimentados, hablando con Jesús, como un amigo lo hace con su amigo. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho.

Pistas Ignacianas - Etapa 5. Alda - Genevilla (24 km)

Anotaciones: Ya sabemos que es muy importante reflexionar sobre la oración introductoria. Recordamos también que no debemos tener prisa en pasar de una cosa a otra. Hoy queremos considerar los “medios” que emplea nuestro Dios para comunicarnos su amor, y el uso que debemos hacer de estos “medios”.

Petición: Te ruego, Señor, que todas mis acciones sean inspiradas por ti, y llevadas a cabo con ayuda de tu gracia; que todas mis intenciones y operaciones siempre tengan comienzo en Ti, y por Ti se terminen felizmente.

Reflexiones: Hoy dedicaremos más tiempo a reflexionar sobre esta frase de Ignacio en los Ejercicios: «las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.» Y el mismo Ignacio nos descifra algunas de las difíciles consecuencias: «De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas… en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados».

Ser “indiferente”, en palabras de Ignacio, significa ser “libre”, es decir que hemos de sentirnos libres de apegos y  adicciones, esclavizados, o embrujados por algo meramente “creado” o humano que, tantas veces, se interpone en nuestro camino hacia el verdadero fin. Es decir, ser indiferentes es no querer existir obsesionados con vivir una vida hermosa a nuestra manera, de suerte que se convierte en un servicio a nosotros mismos y ya no sirve al plan de Dios. Queremos liberarnos de cualquier cosa que nos impida realizar nuestro verdadero propósito. Queremos poner el amor de Dios por encima de cualquier amor humano que le sea contrario. Queremos vivir una vida equilibrada, ordenada a la vida; es decir, tener una relación adecuada con las otras personas, con el dinero y con las cosas que no nos conviertan en esclavos, que no vivamos enganchados al mundo. Las cosas terrenales pueden ayudarnos a lograr nuestro propósito, y también pueden distraernos de nuestro objetivo, si vivimos obsesionados con ellas más que con nuestro propósito mayor. No debemos confundir las cosas creadas con el propósito de la vida y hacer de ellas nuestro Dios.

Podemos hacer una lista de personas a las que admiramos a este respecto. ¿Qué es lo que más admiramos en ellos? Tal vez podemos pensar en personas que han destacado por su santidad en el pasado, o en personas que conocemos ahora y que parecen vivir en este sano, equilibrado, libre estilo de vida. Ahora no es el momento para juzgarnos nosotros y tomar conciencia de nuestras faltas. Estamos tratando de desarrollar un sentido claro de nuestro principio y fundamento y un sentido claro de los ideales a los que queremos aspirar en nuestra vida.

Textos:

Salmo 8. ¿Qué es un frágil ser humano para que Tu seas tan consciente de él?

Romanos 8,5-6.12-18. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Los que viven según el Espíritu, ponen la mente en las cosas del Espíritu.

Filipenses 1:21-26; 3:7-16; 4:10-13. Aquí y ahora, ¿cómo me puedo acercar a la actitud de San Pablo?

Coloquio final: Hacer un resumen de las ideas y sentimientos experimentados, hablando con Jesús, como un amigo lo hace con su amigo. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho.

Etapa 6

Pistas Ignacianas - Etapa 6. Genevilla – Laguardia (27,3 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas. Deseamos sentir vergüenza y dolor por nuestra manera pecaminosa de actuar. Se trata de experimentar un “día triste”, al descubrirme involucrado en esa realidad de nuestro mundo. Ignacio nos invita a estar en ese humor apesadumbrado durante la meditación, en nuestro caminar, en nuestro día, para ayudarnos a entrar mejor en la consideración del mal. El pecado no nos es ajeno. Los jesuitas se definieron así: «¿Qué significa ser jesuita? Es saber que uno es pecador, pero llamado a ser compañero de Jesús como lo fue Ignacio… ¿Qué es ser hoy un compañero de Jesús? Es comprometerse a participar, bajo el estandarte de la Cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: La lucha por la fe y la lucha por la justicia que aquella incluye» (Congregación General 32:11-12).

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender en profundidad la presencia en mi del pecado y de mis tendencias desordenadas, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Hemos estado reflexionando sobre el plan de Dios para la humanidad, la armonía que se produce cuando nuestras relaciones con otras personas y el mundo están bien ordenadas. Hoy reflexionamos sobre la realidad del pecado, es decir, sobre el grave des-orden en nuestro mundo. El pecado no es un accidente o un error. El pecado es la elección, más o menos consciente, del desorden y el caos en la vida de otros (y la propia) movidos por deseos desorientados del verdadero fin: el vendedor que engaña a los clientes para enriquecerse, el proxeneta que vende los niños para la esclavitud sexual, el funcionario del gobierno que roba el dinero y permite a los ciudadanos vivir en la miseria, el cónyuge cuyos hijos no reciben el amor que se merecen. Hoy meditaremos no tanto en nuestra propia historia personal (que dejamos para mañana), sino en la realidad dura y cruel del pecado en nuestro mundo y el desorden, dolor y caos que provoca. El pecado tiene consecuencias. Contemplaremos también la imagen de Cristo clavado en la cruz, una imagen que vemos cada vez que  entramos en una Iglesia Católica. Cristo entró en nuestra historia y sufrió también las consecuencias del mal que hacemos los humanos. Cristo optó por redimirnos y convertir nuestro camino de mal en un camino de bien. Meditaremos que hoy, tal vez en nuestra cultura, hemos perdido la conciencia de la realidad del mal, que hay y hacemos. Proponemos ir pasando imágenes del mundo que padece a causa de la injusticia que se está construyendo en todos los intercambios mundiales. Repasar imágenes de la crisis económica mundial, de las revoluciones frustradas y las causas de la misma. Ir pasando por las situaciones que nos muestran las raíces del pecado y el egoísmo en el mundo. Al caminar por este mundo del dolor, orar para tener una visión clara del pecado que está actuando sin ningún tipo de vergüenza a nuestro alrededor y en nuestras vidas. Y rogar que podamos sentir la vergüenza de tanto desorden en nuestro interior.

Textos:

Jeremías 18,1-10. La vasija de barro que trabajaba el alfarero se echó a perder en sus manos y modeló otra vasija.

1 Carta de Juan 1,05-2,02. Si decimos: “No tenemos pecado”, nos engañamos y la verdad no se encuentra en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en Aquel, que es el Justo, para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Creador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirándome a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Genevilla – Laguardia

Pistas Ignacianas - Etapa 6. Genevilla – Laguardia (27,3 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas. Deseamos sentir vergüenza y dolor por nuestra manera pecaminosa de actuar. Se trata de experimentar un “día triste”, al descubrirme involucrado en esa realidad de nuestro mundo. Ignacio nos invita a estar en ese humor apesadumbrado durante la meditación, en nuestro caminar, en nuestro día, para ayudarnos a entrar mejor en la consideración del mal. El pecado no nos es ajeno. Los jesuitas se definieron así: «¿Qué significa ser jesuita? Es saber que uno es pecador, pero llamado a ser compañero de Jesús como lo fue Ignacio… ¿Qué es ser hoy un compañero de Jesús? Es comprometerse a participar, bajo el estandarte de la Cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: La lucha por la fe y la lucha por la justicia que aquella incluye» (Congregación General 32:11-12).

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender en profundidad la presencia en mi del pecado y de mis tendencias desordenadas, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Hemos estado reflexionando sobre el plan de Dios para la humanidad, la armonía que se produce cuando nuestras relaciones con otras personas y el mundo están bien ordenadas. Hoy reflexionamos sobre la realidad del pecado, es decir, sobre el grave des-orden en nuestro mundo. El pecado no es un accidente o un error. El pecado es la elección, más o menos consciente, del desorden y el caos en la vida de otros (y la propia) movidos por deseos desorientados del verdadero fin: el vendedor que engaña a los clientes para enriquecerse, el proxeneta que vende los niños para la esclavitud sexual, el funcionario del gobierno que roba el dinero y permite a los ciudadanos vivir en la miseria, el cónyuge cuyos hijos no reciben el amor que se merecen. Hoy meditaremos no tanto en nuestra propia historia personal (que dejamos para mañana), sino en la realidad dura y cruel del pecado en nuestro mundo y el desorden, dolor y caos que provoca. El pecado tiene consecuencias. Contemplaremos también la imagen de Cristo clavado en la cruz, una imagen que vemos cada vez que  entramos en una Iglesia Católica. Cristo entró en nuestra historia y sufrió también las consecuencias del mal que hacemos los humanos. Cristo optó por redimirnos y convertir nuestro camino de mal en un camino de bien. Meditaremos que hoy, tal vez en nuestra cultura, hemos perdido la conciencia de la realidad del mal, que hay y hacemos. Proponemos ir pasando imágenes del mundo que padece a causa de la injusticia que se está construyendo en todos los intercambios mundiales. Repasar imágenes de la crisis económica mundial, de las revoluciones frustradas y las causas de la misma. Ir pasando por las situaciones que nos muestran las raíces del pecado y el egoísmo en el mundo. Al caminar por este mundo del dolor, orar para tener una visión clara del pecado que está actuando sin ningún tipo de vergüenza a nuestro alrededor y en nuestras vidas. Y rogar que podamos sentir la vergüenza de tanto desorden en nuestro interior.

Textos:

Jeremías 18,1-10. La vasija de barro que trabajaba el alfarero se echó a perder en sus manos y modeló otra vasija.

1 Carta de Juan 1,05-2,02. Si decimos: “No tenemos pecado”, nos engañamos y la verdad no se encuentra en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en Aquel, que es el Justo, para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Creador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirándome a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Pistas Ignacianas - Etapa 6. Genevilla – Laguardia (27,3 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas. Deseamos sentir vergüenza y dolor por nuestra manera pecaminosa de actuar. Se trata de experimentar un “día triste”, al descubrirme involucrado en esa realidad de nuestro mundo. Ignacio nos invita a estar en ese humor apesadumbrado durante la meditación, en nuestro caminar, en nuestro día, para ayudarnos a entrar mejor en la consideración del mal. El pecado no nos es ajeno. Los jesuitas se definieron así: «¿Qué significa ser jesuita? Es saber que uno es pecador, pero llamado a ser compañero de Jesús como lo fue Ignacio… ¿Qué es ser hoy un compañero de Jesús? Es comprometerse a participar, bajo el estandarte de la Cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: La lucha por la fe y la lucha por la justicia que aquella incluye» (Congregación General 32:11-12).

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender en profundidad la presencia en mi del pecado y de mis tendencias desordenadas, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Hemos estado reflexionando sobre el plan de Dios para la humanidad, la armonía que se produce cuando nuestras relaciones con otras personas y el mundo están bien ordenadas. Hoy reflexionamos sobre la realidad del pecado, es decir, sobre el grave des-orden en nuestro mundo. El pecado no es un accidente o un error. El pecado es la elección, más o menos consciente, del desorden y el caos en la vida de otros (y la propia) movidos por deseos desorientados del verdadero fin: el vendedor que engaña a los clientes para enriquecerse, el proxeneta que vende los niños para la esclavitud sexual, el funcionario del gobierno que roba el dinero y permite a los ciudadanos vivir en la miseria, el cónyuge cuyos hijos no reciben el amor que se merecen. Hoy meditaremos no tanto en nuestra propia historia personal (que dejamos para mañana), sino en la realidad dura y cruel del pecado en nuestro mundo y el desorden, dolor y caos que provoca. El pecado tiene consecuencias. Contemplaremos también la imagen de Cristo clavado en la cruz, una imagen que vemos cada vez que  entramos en una Iglesia Católica. Cristo entró en nuestra historia y sufrió también las consecuencias del mal que hacemos los humanos. Cristo optó por redimirnos y convertir nuestro camino de mal en un camino de bien. Meditaremos que hoy, tal vez en nuestra cultura, hemos perdido la conciencia de la realidad del mal, que hay y hacemos. Proponemos ir pasando imágenes del mundo que padece a causa de la injusticia que se está construyendo en todos los intercambios mundiales. Repasar imágenes de la crisis económica mundial, de las revoluciones frustradas y las causas de la misma. Ir pasando por las situaciones que nos muestran las raíces del pecado y el egoísmo en el mundo. Al caminar por este mundo del dolor, orar para tener una visión clara del pecado que está actuando sin ningún tipo de vergüenza a nuestro alrededor y en nuestras vidas. Y rogar que podamos sentir la vergüenza de tanto desorden en nuestro interior.

Textos:

Jeremías 18,1-10. La vasija de barro que trabajaba el alfarero se echó a perder en sus manos y modeló otra vasija.

1 Carta de Juan 1,05-2,02. Si decimos: “No tenemos pecado”, nos engañamos y la verdad no se encuentra en nosotros. Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en Aquel, que es el Justo, para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Creador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirándome a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Etapa 7

Pistas Ignacianas - Etapa 7. Laguardia – Navarrete (19,6 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de forma más personal. Buscamos tomar conciencia de nuestras faltas e Ignacio nos aconseja experimentar de nuevo un “día triste”, al descubrir la realidad del pecado en nuestra vida. Mantengamos ese ambiente apesadumbrado durante la meditación, para ayudarnos a entrar mejor en esta consideración del mal que yo hago.

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender la realidad de mi pecado y de las tendencias desordenadas en mi vida, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Ayer pedimos la gracia de comprender más profundamente la realidad del pecado en el mundo. Hoy meditamos sobre nuestra torpe e incómoda realidad: Mi propio pecado. Que somos pecadores es verdad. No sólo de los criminales más reprobados, sino que, como solía decir mi dulce maestra de primer grado: cada uno de nosotros es un pecador, comenzando por el Papa y bajando a lo pobres desgraciados que ocupan las noticias de sucesos de esta mañana. Cada uno de nosotros tiene patrones habituales de rebelión contra el plan de Dios: ¿Cuál es el mío? El salmo proclama: “El Señor escucha el grito de los pobres.” ¿Qué hay de nosotros? ¿Hay estilos en los que hemos mostrado ser habitualmente sordos a “los necesitados” con los que nos encontramos: los pobres, los ancianos, los “amigos” poco populares, los marginados, etc. ¿Hay estilos en nosotros en los que usamos y abusamos de otras personas o situaciones para satisfacer nuestras propias necesidades para llamar la atención, obtener dinero sucio, abusar con nuestro sexo, comprar la aprobación, buscar de forma egoísta la comodidad, el abandono, la no implicación?

Hoy pedimos la gracia de comprender nuestra propia vida de pecado. Con demasiada frecuencia, nuestra cultura nos “anestesia” para que no asumamos  la responsabilidad de nuestro mal. Aristóteles dijo en cierta ocasión que “la vida no examinada no vale la pena ser vivida.” Con esto nos referimos a la necesidad de examinar hoy nuestros defectos y fallos habituales, esos rincones oscuros de nuestra vida, incluso los defectos que ya son un hábito “normal”, que nos arrastran hacia abajo y nos impiden el regresar y vivir en correcta relación con Dios, los demás, y el mundo. Podemos rogar a Dios que nos ofrezca la valentía de enfrentarnos a nosotros y a nuestros pecados, a nuestros puntos ciegos, de manera que los podamos descubrir y aborrecer.

Asegurémonos de hablar con Dios y con Jesús. El sentirse abandonados en nuestro pecado es exactamente lo contrario de la gracia que buscamos para el día de hoy. La conciencia de nuestros pecados no nos ha de dejar sumergidos en la autocompasión o la depresión, sino que pedimos la gracia contraria: un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia Aquel que nos «amó siendo pecadores», tan queridos por Dios que creyó que valía la pena entregar a su Hijo unigénito. Jesús de tal manera nos amó que, aún sabiendo que somos pecadores, nos amó hasta el extremo, en total sintonía con la voluntad del Padre. Ignacio nos invita a experimentar una auténtica vergüenza de nuestro pecado, junto con la gran maravilla de sentirnos pecadores, amados y redimidos. Buscamos la curación interior, sabiendo que somos pecadores amados.

Textos:

Lucas 15:1-7. Jesús es el hombre que recibe a los pecadores y come con ellos.

Lucas 5:1-11. Yo digo a Jesús: ¡Aléjate, Señor, que soy un pecador!

2 Corintios 12:8-10. Cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Laguardia – Navarrete

Pistas Ignacianas - Etapa 7. Laguardia – Navarrete (19,6 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de forma más personal. Buscamos tomar conciencia de nuestras faltas e Ignacio nos aconseja experimentar de nuevo un “día triste”, al descubrir la realidad del pecado en nuestra vida. Mantengamos ese ambiente apesadumbrado durante la meditación, para ayudarnos a entrar mejor en esta consideración del mal que yo hago.

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender la realidad de mi pecado y de las tendencias desordenadas en mi vida, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Ayer pedimos la gracia de comprender más profundamente la realidad del pecado en el mundo. Hoy meditamos sobre nuestra torpe e incómoda realidad: Mi propio pecado. Que somos pecadores es verdad. No sólo de los criminales más reprobados, sino que, como solía decir mi dulce maestra de primer grado: cada uno de nosotros es un pecador, comenzando por el Papa y bajando a lo pobres desgraciados que ocupan las noticias de sucesos de esta mañana. Cada uno de nosotros tiene patrones habituales de rebelión contra el plan de Dios: ¿Cuál es el mío? El salmo proclama: “El Señor escucha el grito de los pobres.” ¿Qué hay de nosotros? ¿Hay estilos en los que hemos mostrado ser habitualmente sordos a “los necesitados” con los que nos encontramos: los pobres, los ancianos, los “amigos” poco populares, los marginados, etc. ¿Hay estilos en nosotros en los que usamos y abusamos de otras personas o situaciones para satisfacer nuestras propias necesidades para llamar la atención, obtener dinero sucio, abusar con nuestro sexo, comprar la aprobación, buscar de forma egoísta la comodidad, el abandono, la no implicación?

Hoy pedimos la gracia de comprender nuestra propia vida de pecado. Con demasiada frecuencia, nuestra cultura nos “anestesia” para que no asumamos  la responsabilidad de nuestro mal. Aristóteles dijo en cierta ocasión que “la vida no examinada no vale la pena ser vivida.” Con esto nos referimos a la necesidad de examinar hoy nuestros defectos y fallos habituales, esos rincones oscuros de nuestra vida, incluso los defectos que ya son un hábito “normal”, que nos arrastran hacia abajo y nos impiden el regresar y vivir en correcta relación con Dios, los demás, y el mundo. Podemos rogar a Dios que nos ofrezca la valentía de enfrentarnos a nosotros y a nuestros pecados, a nuestros puntos ciegos, de manera que los podamos descubrir y aborrecer.

Asegurémonos de hablar con Dios y con Jesús. El sentirse abandonados en nuestro pecado es exactamente lo contrario de la gracia que buscamos para el día de hoy. La conciencia de nuestros pecados no nos ha de dejar sumergidos en la autocompasión o la depresión, sino que pedimos la gracia contraria: un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia Aquel que nos «amó siendo pecadores», tan queridos por Dios que creyó que valía la pena entregar a su Hijo unigénito. Jesús de tal manera nos amó que, aún sabiendo que somos pecadores, nos amó hasta el extremo, en total sintonía con la voluntad del Padre. Ignacio nos invita a experimentar una auténtica vergüenza de nuestro pecado, junto con la gran maravilla de sentirnos pecadores, amados y redimidos. Buscamos la curación interior, sabiendo que somos pecadores amados.

Textos:

Lucas 15:1-7. Jesús es el hombre que recibe a los pecadores y come con ellos.

Lucas 5:1-11. Yo digo a Jesús: ¡Aléjate, Señor, que soy un pecador!

2 Corintios 12:8-10. Cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Pistas Ignacianas - Etapa 7. Laguardia – Navarrete (19,6 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de forma más personal. Buscamos tomar conciencia de nuestras faltas e Ignacio nos aconseja experimentar de nuevo un “día triste”, al descubrir la realidad del pecado en nuestra vida. Mantengamos ese ambiente apesadumbrado durante la meditación, para ayudarnos a entrar mejor en esta consideración del mal que yo hago.

Petición: Consciente del fin para el que fui creado y de la vocación a la que Dios me invita, te ruego, Señor Jesús, me concedas comprender la realidad de mi pecado y de las tendencias desordenadas en mi vida, para que sintiendo vergüenza y confusión, pueda obtener la curación y el perdón.

Reflexiones: Ayer pedimos la gracia de comprender más profundamente la realidad del pecado en el mundo. Hoy meditamos sobre nuestra torpe e incómoda realidad: Mi propio pecado. Que somos pecadores es verdad. No sólo de los criminales más reprobados, sino que, como solía decir mi dulce maestra de primer grado: cada uno de nosotros es un pecador, comenzando por el Papa y bajando a lo pobres desgraciados que ocupan las noticias de sucesos de esta mañana. Cada uno de nosotros tiene patrones habituales de rebelión contra el plan de Dios: ¿Cuál es el mío? El salmo proclama: “El Señor escucha el grito de los pobres.” ¿Qué hay de nosotros? ¿Hay estilos en los que hemos mostrado ser habitualmente sordos a “los necesitados” con los que nos encontramos: los pobres, los ancianos, los “amigos” poco populares, los marginados, etc. ¿Hay estilos en nosotros en los que usamos y abusamos de otras personas o situaciones para satisfacer nuestras propias necesidades para llamar la atención, obtener dinero sucio, abusar con nuestro sexo, comprar la aprobación, buscar de forma egoísta la comodidad, el abandono, la no implicación?

Hoy pedimos la gracia de comprender nuestra propia vida de pecado. Con demasiada frecuencia, nuestra cultura nos “anestesia” para que no asumamos  la responsabilidad de nuestro mal. Aristóteles dijo en cierta ocasión que “la vida no examinada no vale la pena ser vivida.” Con esto nos referimos a la necesidad de examinar hoy nuestros defectos y fallos habituales, esos rincones oscuros de nuestra vida, incluso los defectos que ya son un hábito “normal”, que nos arrastran hacia abajo y nos impiden el regresar y vivir en correcta relación con Dios, los demás, y el mundo. Podemos rogar a Dios que nos ofrezca la valentía de enfrentarnos a nosotros y a nuestros pecados, a nuestros puntos ciegos, de manera que los podamos descubrir y aborrecer.

Asegurémonos de hablar con Dios y con Jesús. El sentirse abandonados en nuestro pecado es exactamente lo contrario de la gracia que buscamos para el día de hoy. La conciencia de nuestros pecados no nos ha de dejar sumergidos en la autocompasión o la depresión, sino que pedimos la gracia contraria: un sentimiento de admiración y agradecimiento hacia Aquel que nos «amó siendo pecadores», tan queridos por Dios que creyó que valía la pena entregar a su Hijo unigénito. Jesús de tal manera nos amó que, aún sabiendo que somos pecadores, nos amó hasta el extremo, en total sintonía con la voluntad del Padre. Ignacio nos invita a experimentar una auténtica vergüenza de nuestro pecado, junto con la gran maravilla de sentirnos pecadores, amados y redimidos. Buscamos la curación interior, sabiendo que somos pecadores amados.

Textos:

Lucas 15:1-7. Jesús es el hombre que recibe a los pecadores y come con ellos.

Lucas 5:1-11. Yo digo a Jesús: ¡Aléjate, Señor, que soy un pecador!

2 Corintios 12:8-10. Cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Coloquio final: «Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal, y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere. El coloquio se hace propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su Señor; cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas, y queriendo consejo en ellas; y decir un Padrenuestro.»

Etapa 8

Pistas Ignacianas - Etapa 8. Navarrete – Logroño (13 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de otra forma totalmente diferente: hoy nos abrimos a la misericordia de nuestro Padre. Ignacio nos invita a experimentar la sorpresa que nos produce el encontrarnos frente a la misericordia infinita de Dios en nuestra propia realidad de pecado. Hoy nuestra actitud en el Camino es la de pecador arrepentido, perdonado, pero sobre todo, la de pecador inmensamente amado.

Petición: Querido Padre, te pido el don de conocer internamente mi pecado y de experimentar tu profundo amor, un deseo creciente de conversión y un entusiasmo renovado para seguir a Jesús.

Reflexiones: Hemos reflexionado sobre la realidad del pecado humano y nuestro propio pecado. Hoy reflexionamos sobre la increíble presencia de la misericordia de Dios: ¡somos hijos amados y perdonados! “Arrepentíos y creed en la Buena Nueva.” Ambas cosas van de la mano, es decir, primero aceptar la realidad de nuestro pecado,  arrepentirse verdaderamente de haber introducido la discordia y el desorden en nuestra vida y en el mundo. Y después recibir la buena noticia: Dios es misericordioso, siempre lo ha sido y siempre lo será. Lo que importa no es nuestra fidelidad a Dios (ninguno de nosotros es capaz de ser plenamente fiel), sino la fidelidad de Dios hacia nosotros. Es el mismo Dios que nos acompaña: en los momentos de mayor orgullo cuando todos nos aplauden y en los momentos más vergonzosos cuando sabemos que todos nos recriminan con razón. Nosotros no podemos ganar el amor de Dios: ¡y no tenemos que hacerlo! El amor de Dios se da libremente, ¡tan libremente que nos parece imposible! El padre de la parábola, a pesar de tener todas las razones para estar enojado, no abriga ningún resentimiento: el hijo ha ofendido al padre y ha despilfarrado lo que él había trabajado con tanto esfuerzo. Es casi imposible para nosotros aceptar, comprender, su acogida. De hecho, el hijo mayor no puede aceptar la bondad del padre.

No estamos abandonados en nuestra vida de pecado. Somos perdonados. Somos amados. Y esto es lo que nos lleva al arrepentimiento, a la voluntad de corregirnos. Pero hemos de pedir la gracia de Dios para proponernos las correcciones adecuadas: no se trata de escoger nosotros la manera correcta. Pidamos a Jesús. Oremos pidiendo saber aceptar plenamente lo que Dios nos ofrece con tanta liberalidad: el perdón. Muchos de nosotros pasamos por la vida cargando con culpas paralizantes. Dios nos pide que caminemos en su Amor y que experimentemos la libertad que nos ofrece.

Textos:

Lucas 15: 11-32. Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

Lucas 5: 17-26. Al ver Jesús la fe que tenían dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados.”

Juan 8: 2-11. Y Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Ves, y no peques más.”

Romanos 5: 1-8. Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Coloquio final: Hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro, experimentar con crecido afecto la maravilla de estar vivo en este momento, de sentirme vivo en un mundo llamado a salvarse en el Amor de Dios. Contemplar la creación y la historia, desde la óptica del perdón recibido. Es un coloquio de misericordia, razonando y dando gracias a Dios nuestro Señor porque nos ha dado vida hasta ahora, proponiendo enmienda con su gracia para adelante. Acabar con un sincero Padre Nuestro.

Navarrete – Logroño

Pistas Ignacianas - Etapa 8. Navarrete – Logroño (13 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de otra forma totalmente diferente: hoy nos abrimos a la misericordia de nuestro Padre. Ignacio nos invita a experimentar la sorpresa que nos produce el encontrarnos frente a la misericordia infinita de Dios en nuestra propia realidad de pecado. Hoy nuestra actitud en el Camino es la de pecador arrepentido, perdonado, pero sobre todo, la de pecador inmensamente amado.

Petición: Querido Padre, te pido el don de conocer internamente mi pecado y de experimentar tu profundo amor, un deseo creciente de conversión y un entusiasmo renovado para seguir a Jesús.

Reflexiones: Hemos reflexionado sobre la realidad del pecado humano y nuestro propio pecado. Hoy reflexionamos sobre la increíble presencia de la misericordia de Dios: ¡somos hijos amados y perdonados! “Arrepentíos y creed en la Buena Nueva.” Ambas cosas van de la mano, es decir, primero aceptar la realidad de nuestro pecado,  arrepentirse verdaderamente de haber introducido la discordia y el desorden en nuestra vida y en el mundo. Y después recibir la buena noticia: Dios es misericordioso, siempre lo ha sido y siempre lo será. Lo que importa no es nuestra fidelidad a Dios (ninguno de nosotros es capaz de ser plenamente fiel), sino la fidelidad de Dios hacia nosotros. Es el mismo Dios que nos acompaña: en los momentos de mayor orgullo cuando todos nos aplauden y en los momentos más vergonzosos cuando sabemos que todos nos recriminan con razón. Nosotros no podemos ganar el amor de Dios: ¡y no tenemos que hacerlo! El amor de Dios se da libremente, ¡tan libremente que nos parece imposible! El padre de la parábola, a pesar de tener todas las razones para estar enojado, no abriga ningún resentimiento: el hijo ha ofendido al padre y ha despilfarrado lo que él había trabajado con tanto esfuerzo. Es casi imposible para nosotros aceptar, comprender, su acogida. De hecho, el hijo mayor no puede aceptar la bondad del padre.

No estamos abandonados en nuestra vida de pecado. Somos perdonados. Somos amados. Y esto es lo que nos lleva al arrepentimiento, a la voluntad de corregirnos. Pero hemos de pedir la gracia de Dios para proponernos las correcciones adecuadas: no se trata de escoger nosotros la manera correcta. Pidamos a Jesús. Oremos pidiendo saber aceptar plenamente lo que Dios nos ofrece con tanta liberalidad: el perdón. Muchos de nosotros pasamos por la vida cargando con culpas paralizantes. Dios nos pide que caminemos en su Amor y que experimentemos la libertad que nos ofrece.

Textos:

Lucas 15: 11-32. Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

Lucas 5: 17-26. Al ver Jesús la fe que tenían dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados.”

Juan 8: 2-11. Y Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Ves, y no peques más.”

Romanos 5: 1-8. Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Coloquio final: Hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro, experimentar con crecido afecto la maravilla de estar vivo en este momento, de sentirme vivo en un mundo llamado a salvarse en el Amor de Dios. Contemplar la creación y la historia, desde la óptica del perdón recibido. Es un coloquio de misericordia, razonando y dando gracias a Dios nuestro Señor porque nos ha dado vida hasta ahora, proponiendo enmienda con su gracia para adelante. Acabar con un sincero Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 8. Navarrete – Logroño (13 km)

Anotaciones: Seguimos en la consideración de la presencia del mal en nuestras vidas, pero hoy de otra forma totalmente diferente: hoy nos abrimos a la misericordia de nuestro Padre. Ignacio nos invita a experimentar la sorpresa que nos produce el encontrarnos frente a la misericordia infinita de Dios en nuestra propia realidad de pecado. Hoy nuestra actitud en el Camino es la de pecador arrepentido, perdonado, pero sobre todo, la de pecador inmensamente amado.

Petición: Querido Padre, te pido el don de conocer internamente mi pecado y de experimentar tu profundo amor, un deseo creciente de conversión y un entusiasmo renovado para seguir a Jesús.

Reflexiones: Hemos reflexionado sobre la realidad del pecado humano y nuestro propio pecado. Hoy reflexionamos sobre la increíble presencia de la misericordia de Dios: ¡somos hijos amados y perdonados! “Arrepentíos y creed en la Buena Nueva.” Ambas cosas van de la mano, es decir, primero aceptar la realidad de nuestro pecado,  arrepentirse verdaderamente de haber introducido la discordia y el desorden en nuestra vida y en el mundo. Y después recibir la buena noticia: Dios es misericordioso, siempre lo ha sido y siempre lo será. Lo que importa no es nuestra fidelidad a Dios (ninguno de nosotros es capaz de ser plenamente fiel), sino la fidelidad de Dios hacia nosotros. Es el mismo Dios que nos acompaña: en los momentos de mayor orgullo cuando todos nos aplauden y en los momentos más vergonzosos cuando sabemos que todos nos recriminan con razón. Nosotros no podemos ganar el amor de Dios: ¡y no tenemos que hacerlo! El amor de Dios se da libremente, ¡tan libremente que nos parece imposible! El padre de la parábola, a pesar de tener todas las razones para estar enojado, no abriga ningún resentimiento: el hijo ha ofendido al padre y ha despilfarrado lo que él había trabajado con tanto esfuerzo. Es casi imposible para nosotros aceptar, comprender, su acogida. De hecho, el hijo mayor no puede aceptar la bondad del padre.

No estamos abandonados en nuestra vida de pecado. Somos perdonados. Somos amados. Y esto es lo que nos lleva al arrepentimiento, a la voluntad de corregirnos. Pero hemos de pedir la gracia de Dios para proponernos las correcciones adecuadas: no se trata de escoger nosotros la manera correcta. Pidamos a Jesús. Oremos pidiendo saber aceptar plenamente lo que Dios nos ofrece con tanta liberalidad: el perdón. Muchos de nosotros pasamos por la vida cargando con culpas paralizantes. Dios nos pide que caminemos en su Amor y que experimentemos la libertad que nos ofrece.

Textos:

Lucas 15: 11-32. Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

Lucas 5: 17-26. Al ver Jesús la fe que tenían dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados.”

Juan 8: 2-11. Y Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Ves, y no peques más.”

Romanos 5: 1-8. Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Coloquio final: Hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro, experimentar con crecido afecto la maravilla de estar vivo en este momento, de sentirme vivo en un mundo llamado a salvarse en el Amor de Dios. Contemplar la creación y la historia, desde la óptica del perdón recibido. Es un coloquio de misericordia, razonando y dando gracias a Dios nuestro Señor porque nos ha dado vida hasta ahora, proponiendo enmienda con su gracia para adelante. Acabar con un sincero Padre Nuestro.

Etapa 9

Pistas Ignacianas - Etapa 9. Logroño – Alcanadre (30,6 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la “segunda semana” de los Ejercicios Espirituales. La entrada principal es a través de una meditación que nos invita a sentir la invitación de Cristo Rey a seguirle. Como estamos caminando en una gran ciudad, podemos ver las maravillas de un “reino terrenal” e imaginar el Reino de Dios. Hoy meditamos sobre la orientación de nuestra vida: ¿caminamos con Jesús o detrás de otros líderes?

Petición: Con todas mis limitaciones y sintiendo el amor del Padre en mí, pido la gracia de sentirme llamado personalmente a caminar junto a Jesús, como su compañero y colaborador.

Reflexiones: La conciencia profunda del amor misericordioso de Dios (la gracia pedida ayer), a menudo lleva a un deseo de responder a ese amor. Hoy comenzamos a meditar en la invitación de Jesús a caminar junto a él en su trabajo. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio sitúa la meditación del llamado de Dios a colaborar junto a Jesús justo después de las meditaciones que tocan nuestra pecaminosidad humana; la yuxtaposición es importante: Dios nos llama a trabajar junto a Él plenamente, después de conocernos y querernos como somos. Somos llamados como pecadores amados, tal y como Pablo nos explica, después de haber pedido al Señor reconciliarse con él: «Él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.» (2 Corintios 12,9). A pesar de ser pecadores, nos sentimos hoy llamados a afanar en ese mismo mundo tocado por nuestro pecado, y trabajar por la paz y la justicia, con el amor misericordioso que hemos recibido. Creemos en un Dios que es Justicia, porque Él es Amor. El camino hacia la justicia en nuestro mundo y el camino de la fe son caminos inseparables. La fe y la justicia son indivisibles en el Evangelio. Somos profundamente conscientes de la frecuencia y gravedad con la que hemos pecado contra el Evangelio, sin embargo, sigue siendo nuestra ambición el proclamarlo dignamente, es decir, en el amor, en la pobreza y la humildad. Esto es lo que dijo la Congregación General 32 de los jesuitas.

En su famosa meditación “La llamada del Rey Eternal”, Ignacio imagina lo convincente que sería la llamada de un rey verdaderamente digno, alguien que trabaje en nuestro mundo sólo por la fe y la justicia. Después de esta consideración, nos dirigimos a Jesús, cuya llamada es aún más valiosa porque Cristo nuestro Señor, el Rey eterno, Él llama a cada persona en particular, y dice que: “Mi intención es lograr lo mejor de todo el mundo y construir el Reino del Amor Eterno”. Ignacio ve que todo aquel que quiera ir con Cristo, deberá trabajar con Él, de tal forma que siguiéndole en el dolor, se le pueda seguir también en la gloria de ese Reino.

La llamada del Rey es la llamada a hacerle compañía, para aprender más acerca de Él, para experimentar su cariño y nuestra unión con Él en el servicio de su pueblo. Y este Rey viene a nosotros como uno de nosotros, totalmente dispuesto a compartir nuestra suerte. Hoy nos centramos en la maravilla de ser llamados y en la naturaleza amorosa de la convocatoria; mañana podemos empezar a centrarnos en nuestra respuesta a esta convocatoria.

Textos:

Salmo 102. El Señor es compasivo y benigno.

Lucas 5,27-32. Sígueme.

Miqueas 5,1-4. Un poderoso rey vendrá a liberar a su rebaño con el poder de Yahvé.

Coloquio final: Como un amigo habla con otro, así lo hacemos con Jesús. Recogemos las reflexiones y emociones de la meditación sobre el Reino y el valor del seguimiento. Discutimos con Jesús y, si así lo sentimos, le pedimos nos acoja en su caminar.

Logroño – Alcanadre

Pistas Ignacianas - Etapa 9. Logroño – Alcanadre (30,6 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la “segunda semana” de los Ejercicios Espirituales. La entrada principal es a través de una meditación que nos invita a sentir la invitación de Cristo Rey a seguirle. Como estamos caminando en una gran ciudad, podemos ver las maravillas de un “reino terrenal” e imaginar el Reino de Dios. Hoy meditamos sobre la orientación de nuestra vida: ¿caminamos con Jesús o detrás de otros líderes?

Petición: Con todas mis limitaciones y sintiendo el amor del Padre en mí, pido la gracia de sentirme llamado personalmente a caminar junto a Jesús, como su compañero y colaborador.

Reflexiones: La conciencia profunda del amor misericordioso de Dios (la gracia pedida ayer), a menudo lleva a un deseo de responder a ese amor. Hoy comenzamos a meditar en la invitación de Jesús a caminar junto a él en su trabajo. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio sitúa la meditación del llamado de Dios a colaborar junto a Jesús justo después de las meditaciones que tocan nuestra pecaminosidad humana; la yuxtaposición es importante: Dios nos llama a trabajar junto a Él plenamente, después de conocernos y querernos como somos. Somos llamados como pecadores amados, tal y como Pablo nos explica, después de haber pedido al Señor reconciliarse con él: «Él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.» (2 Corintios 12,9). A pesar de ser pecadores, nos sentimos hoy llamados a afanar en ese mismo mundo tocado por nuestro pecado, y trabajar por la paz y la justicia, con el amor misericordioso que hemos recibido. Creemos en un Dios que es Justicia, porque Él es Amor. El camino hacia la justicia en nuestro mundo y el camino de la fe son caminos inseparables. La fe y la justicia son indivisibles en el Evangelio. Somos profundamente conscientes de la frecuencia y gravedad con la que hemos pecado contra el Evangelio, sin embargo, sigue siendo nuestra ambición el proclamarlo dignamente, es decir, en el amor, en la pobreza y la humildad. Esto es lo que dijo la Congregación General 32 de los jesuitas.

En su famosa meditación “La llamada del Rey Eternal”, Ignacio imagina lo convincente que sería la llamada de un rey verdaderamente digno, alguien que trabaje en nuestro mundo sólo por la fe y la justicia. Después de esta consideración, nos dirigimos a Jesús, cuya llamada es aún más valiosa porque Cristo nuestro Señor, el Rey eterno, Él llama a cada persona en particular, y dice que: “Mi intención es lograr lo mejor de todo el mundo y construir el Reino del Amor Eterno”. Ignacio ve que todo aquel que quiera ir con Cristo, deberá trabajar con Él, de tal forma que siguiéndole en el dolor, se le pueda seguir también en la gloria de ese Reino.

La llamada del Rey es la llamada a hacerle compañía, para aprender más acerca de Él, para experimentar su cariño y nuestra unión con Él en el servicio de su pueblo. Y este Rey viene a nosotros como uno de nosotros, totalmente dispuesto a compartir nuestra suerte. Hoy nos centramos en la maravilla de ser llamados y en la naturaleza amorosa de la convocatoria; mañana podemos empezar a centrarnos en nuestra respuesta a esta convocatoria.

Textos:

Salmo 102. El Señor es compasivo y benigno.

Lucas 5,27-32. Sígueme.

Miqueas 5,1-4. Un poderoso rey vendrá a liberar a su rebaño con el poder de Yahvé.

Coloquio final: Como un amigo habla con otro, así lo hacemos con Jesús. Recogemos las reflexiones y emociones de la meditación sobre el Reino y el valor del seguimiento. Discutimos con Jesús y, si así lo sentimos, le pedimos nos acoja en su caminar.

Pistas Ignacianas - Etapa 9. Logroño – Alcanadre (30,6 km)

Anotaciones: Hoy entramos en la “segunda semana” de los Ejercicios Espirituales. La entrada principal es a través de una meditación que nos invita a sentir la invitación de Cristo Rey a seguirle. Como estamos caminando en una gran ciudad, podemos ver las maravillas de un “reino terrenal” e imaginar el Reino de Dios. Hoy meditamos sobre la orientación de nuestra vida: ¿caminamos con Jesús o detrás de otros líderes?

Petición: Con todas mis limitaciones y sintiendo el amor del Padre en mí, pido la gracia de sentirme llamado personalmente a caminar junto a Jesús, como su compañero y colaborador.

Reflexiones: La conciencia profunda del amor misericordioso de Dios (la gracia pedida ayer), a menudo lleva a un deseo de responder a ese amor. Hoy comenzamos a meditar en la invitación de Jesús a caminar junto a él en su trabajo. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio sitúa la meditación del llamado de Dios a colaborar junto a Jesús justo después de las meditaciones que tocan nuestra pecaminosidad humana; la yuxtaposición es importante: Dios nos llama a trabajar junto a Él plenamente, después de conocernos y querernos como somos. Somos llamados como pecadores amados, tal y como Pablo nos explica, después de haber pedido al Señor reconciliarse con él: «Él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.» (2 Corintios 12,9). A pesar de ser pecadores, nos sentimos hoy llamados a afanar en ese mismo mundo tocado por nuestro pecado, y trabajar por la paz y la justicia, con el amor misericordioso que hemos recibido. Creemos en un Dios que es Justicia, porque Él es Amor. El camino hacia la justicia en nuestro mundo y el camino de la fe son caminos inseparables. La fe y la justicia son indivisibles en el Evangelio. Somos profundamente conscientes de la frecuencia y gravedad con la que hemos pecado contra el Evangelio, sin embargo, sigue siendo nuestra ambición el proclamarlo dignamente, es decir, en el amor, en la pobreza y la humildad. Esto es lo que dijo la Congregación General 32 de los jesuitas.

En su famosa meditación “La llamada del Rey Eternal”, Ignacio imagina lo convincente que sería la llamada de un rey verdaderamente digno, alguien que trabaje en nuestro mundo sólo por la fe y la justicia. Después de esta consideración, nos dirigimos a Jesús, cuya llamada es aún más valiosa porque Cristo nuestro Señor, el Rey eterno, Él llama a cada persona en particular, y dice que: “Mi intención es lograr lo mejor de todo el mundo y construir el Reino del Amor Eterno”. Ignacio ve que todo aquel que quiera ir con Cristo, deberá trabajar con Él, de tal forma que siguiéndole en el dolor, se le pueda seguir también en la gloria de ese Reino.

La llamada del Rey es la llamada a hacerle compañía, para aprender más acerca de Él, para experimentar su cariño y nuestra unión con Él en el servicio de su pueblo. Y este Rey viene a nosotros como uno de nosotros, totalmente dispuesto a compartir nuestra suerte. Hoy nos centramos en la maravilla de ser llamados y en la naturaleza amorosa de la convocatoria; mañana podemos empezar a centrarnos en nuestra respuesta a esta convocatoria.

Textos:

Salmo 102. El Señor es compasivo y benigno.

Lucas 5,27-32. Sígueme.

Miqueas 5,1-4. Un poderoso rey vendrá a liberar a su rebaño con el poder de Yahvé.

Coloquio final: Como un amigo habla con otro, así lo hacemos con Jesús. Recogemos las reflexiones y emociones de la meditación sobre el Reino y el valor del seguimiento. Discutimos con Jesús y, si así lo sentimos, le pedimos nos acoja en su caminar.

Etapa 10

Pistas Ignacianas - Etapa 10. Alcanadre – Calahorra (21,5 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia. No debemos olvidar esta importante oración. En esta “segunda semana” de la peregrinación interior se caracteriza por la intimidad: queremos conocer mejor a nuestro Señor y Rey, para seguirlo más de cerca. ¡La intimidad es imperativa! Tratemos de encontrar esa gracia de la intimidad con Jesucristo.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: El compañero/a de Jesús crece en la conciencia de lo que el Rey es, por lo que se implica, cuáles son sus enemigos, cuáles son sus aspiraciones y planes. Uno/a crece en la intimidad al experimentar la presencia amorosa de este Rey que llama, enseña, cura, desafía, acepta y alimenta a sus seguidores tal y como son. El compañero/a de Jesús, el Rey, anhela pasar con Él todos los males, los abusos y la pobreza, si eso es lo que se requiere para la comunión íntima con Él. El compañero/a sabe que nunca está solo en la empresa. Se halla en constante comunión con el Rey en el trabajo, la oración y el descanso. El seguidor/a de las acciones del Rey entra totalmente en su misión: llevar la buena noticia de la salvación, la liberación, la justicia y la paz a todos los pueblos. Tomemos conciencia de que la llamada de Jesús es tal que nadie puede predecir dónde la peregrinación de la vida nos llevará, los cambios en la carrera y las relaciones, las muertes inesperadas o la extraordinaria buena suerte. No sabemos más de nuestro camino junto a Jesús de lo que sabemos respecto a quién vamos a encontrar al final de la caminata de hoy. Por lo tanto, se nos invita a unirnos a Jesús con gran generosidad y fe en Él.

Esta gran generosidad y la relación de unión íntima, también son el deseo profundo de Dios hacia la humanidad. Dios mira a la humanidad y siente ese deseo de intimidad llamando en Él. La encarnación es la respuesta al deseo de Dios de intimidad generosa. Ignacio nos invita a mirar a la Santísima Trinidad, que está mirando a la humanidad y compartir con Dios su visión: «Voy a ver a las personas diferentes… sobre la faz de la tierra, tan diversos en el vestir y el comportamiento: unos blancos y otros negros, algunos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, algunos sanos y otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, y así sucesivamente.» A continuación, voy a ver y considerar las tres Personas Santas, sentadas, por así decirlo, en el trono real de su Divina Majestad. Están mirando el globo de la tierra, y ven la ceguera enorme de todos los pueblos, y cómo están sufriendo y muriendo en el absurdo del pecado… «Voy a escuchar lo que las personas divinas están diciendo, que es “Vamos a comprometernos en la redención de la raza humana.”»

Reflexionamos sobre la realidad del pecado y la rebelión contra el plan de Dios. Ahora reflexionamos sobre la compasiva libre elección de Dios con respecto a este mundo pecador: que Jesús vendrá a nuestra historia humana, y así mostrarnos una nueva manera de ser, redimirnos y traer el amor a nuestro corazón de piedra.

Textos:

Lucas 1,26-38. Dios invita a la colaboración de María en el misterio de la Encarnación. A pesar de poder decir “no”, María dijo libremente “sí”. Sentimos la esperanza y la maravilla presente en la escena: todo es posible para Dios, Elisabeth pensó que era estéril y ya está en su séptimo mes, porque nada es imposible para Dios. Si Dios puede llevar esto a cabo en el mundo, ¿¡qué es lo que no puede hacer Dios!?

Filipenses 2,5-11. Me sitúo en la imagen de la presencia de la Trinidad, que determinan que el Hijo sea uno de nosotros, y al contemplar a Jesús presente en el vientre de María, este antiguo himno expresa el misterio maravilloso de Dios de que el ser infinito se haga finito, el espíritu ilimitado y puro en ser humano encarnado.

Juan 1,1-14. Oramos con el prólogo del Evangelio de Juan y dejamos que Dios nos llene de admiración y asombro ante el don de sí mismo para mí y para todo su pueblo.

Lucas 1:39-55. Contemplando la visita de María a Isabel tratamos de estar alerta ante el drama humano y divino que se desarrolla en el encuentro. Estamos particularmente atentos a Jesús, presente ya en el vientre de María. La humanidad en Juan Bautista da la bienvenida a Jesús el Hijo de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Alcanadre – Calahorra

Pistas Ignacianas - Etapa 10. Alcanadre – Calahorra (21,5 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia. No debemos olvidar esta importante oración. En esta “segunda semana” de la peregrinación interior se caracteriza por la intimidad: queremos conocer mejor a nuestro Señor y Rey, para seguirlo más de cerca. ¡La intimidad es imperativa! Tratemos de encontrar esa gracia de la intimidad con Jesucristo.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: El compañero/a de Jesús crece en la conciencia de lo que el Rey es, por lo que se implica, cuáles son sus enemigos, cuáles son sus aspiraciones y planes. Uno/a crece en la intimidad al experimentar la presencia amorosa de este Rey que llama, enseña, cura, desafía, acepta y alimenta a sus seguidores tal y como son. El compañero/a de Jesús, el Rey, anhela pasar con Él todos los males, los abusos y la pobreza, si eso es lo que se requiere para la comunión íntima con Él. El compañero/a sabe que nunca está solo en la empresa. Se halla en constante comunión con el Rey en el trabajo, la oración y el descanso. El seguidor/a de las acciones del Rey entra totalmente en su misión: llevar la buena noticia de la salvación, la liberación, la justicia y la paz a todos los pueblos. Tomemos conciencia de que la llamada de Jesús es tal que nadie puede predecir dónde la peregrinación de la vida nos llevará, los cambios en la carrera y las relaciones, las muertes inesperadas o la extraordinaria buena suerte. No sabemos más de nuestro camino junto a Jesús de lo que sabemos respecto a quién vamos a encontrar al final de la caminata de hoy. Por lo tanto, se nos invita a unirnos a Jesús con gran generosidad y fe en Él.

Esta gran generosidad y la relación de unión íntima, también son el deseo profundo de Dios hacia la humanidad. Dios mira a la humanidad y siente ese deseo de intimidad llamando en Él. La encarnación es la respuesta al deseo de Dios de intimidad generosa. Ignacio nos invita a mirar a la Santísima Trinidad, que está mirando a la humanidad y compartir con Dios su visión: «Voy a ver a las personas diferentes… sobre la faz de la tierra, tan diversos en el vestir y el comportamiento: unos blancos y otros negros, algunos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, algunos sanos y otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, y así sucesivamente.» A continuación, voy a ver y considerar las tres Personas Santas, sentadas, por así decirlo, en el trono real de su Divina Majestad. Están mirando el globo de la tierra, y ven la ceguera enorme de todos los pueblos, y cómo están sufriendo y muriendo en el absurdo del pecado… «Voy a escuchar lo que las personas divinas están diciendo, que es “Vamos a comprometernos en la redención de la raza humana.”»

Reflexionamos sobre la realidad del pecado y la rebelión contra el plan de Dios. Ahora reflexionamos sobre la compasiva libre elección de Dios con respecto a este mundo pecador: que Jesús vendrá a nuestra historia humana, y así mostrarnos una nueva manera de ser, redimirnos y traer el amor a nuestro corazón de piedra.

Textos:

Lucas 1,26-38. Dios invita a la colaboración de María en el misterio de la Encarnación. A pesar de poder decir “no”, María dijo libremente “sí”. Sentimos la esperanza y la maravilla presente en la escena: todo es posible para Dios, Elisabeth pensó que era estéril y ya está en su séptimo mes, porque nada es imposible para Dios. Si Dios puede llevar esto a cabo en el mundo, ¿¡qué es lo que no puede hacer Dios!?

Filipenses 2,5-11. Me sitúo en la imagen de la presencia de la Trinidad, que determinan que el Hijo sea uno de nosotros, y al contemplar a Jesús presente en el vientre de María, este antiguo himno expresa el misterio maravilloso de Dios de que el ser infinito se haga finito, el espíritu ilimitado y puro en ser humano encarnado.

Juan 1,1-14. Oramos con el prólogo del Evangelio de Juan y dejamos que Dios nos llene de admiración y asombro ante el don de sí mismo para mí y para todo su pueblo.

Lucas 1:39-55. Contemplando la visita de María a Isabel tratamos de estar alerta ante el drama humano y divino que se desarrolla en el encuentro. Estamos particularmente atentos a Jesús, presente ya en el vientre de María. La humanidad en Juan Bautista da la bienvenida a Jesús el Hijo de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 10. Alcanadre – Calahorra (21,5 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia. No debemos olvidar esta importante oración. En esta “segunda semana” de la peregrinación interior se caracteriza por la intimidad: queremos conocer mejor a nuestro Señor y Rey, para seguirlo más de cerca. ¡La intimidad es imperativa! Tratemos de encontrar esa gracia de la intimidad con Jesucristo.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: El compañero/a de Jesús crece en la conciencia de lo que el Rey es, por lo que se implica, cuáles son sus enemigos, cuáles son sus aspiraciones y planes. Uno/a crece en la intimidad al experimentar la presencia amorosa de este Rey que llama, enseña, cura, desafía, acepta y alimenta a sus seguidores tal y como son. El compañero/a de Jesús, el Rey, anhela pasar con Él todos los males, los abusos y la pobreza, si eso es lo que se requiere para la comunión íntima con Él. El compañero/a sabe que nunca está solo en la empresa. Se halla en constante comunión con el Rey en el trabajo, la oración y el descanso. El seguidor/a de las acciones del Rey entra totalmente en su misión: llevar la buena noticia de la salvación, la liberación, la justicia y la paz a todos los pueblos. Tomemos conciencia de que la llamada de Jesús es tal que nadie puede predecir dónde la peregrinación de la vida nos llevará, los cambios en la carrera y las relaciones, las muertes inesperadas o la extraordinaria buena suerte. No sabemos más de nuestro camino junto a Jesús de lo que sabemos respecto a quién vamos a encontrar al final de la caminata de hoy. Por lo tanto, se nos invita a unirnos a Jesús con gran generosidad y fe en Él.

Esta gran generosidad y la relación de unión íntima, también son el deseo profundo de Dios hacia la humanidad. Dios mira a la humanidad y siente ese deseo de intimidad llamando en Él. La encarnación es la respuesta al deseo de Dios de intimidad generosa. Ignacio nos invita a mirar a la Santísima Trinidad, que está mirando a la humanidad y compartir con Dios su visión: «Voy a ver a las personas diferentes… sobre la faz de la tierra, tan diversos en el vestir y el comportamiento: unos blancos y otros negros, algunos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, algunos sanos y otros enfermos, unos naciendo y otros muriendo, y así sucesivamente.» A continuación, voy a ver y considerar las tres Personas Santas, sentadas, por así decirlo, en el trono real de su Divina Majestad. Están mirando el globo de la tierra, y ven la ceguera enorme de todos los pueblos, y cómo están sufriendo y muriendo en el absurdo del pecado… «Voy a escuchar lo que las personas divinas están diciendo, que es “Vamos a comprometernos en la redención de la raza humana.”»

Reflexionamos sobre la realidad del pecado y la rebelión contra el plan de Dios. Ahora reflexionamos sobre la compasiva libre elección de Dios con respecto a este mundo pecador: que Jesús vendrá a nuestra historia humana, y así mostrarnos una nueva manera de ser, redimirnos y traer el amor a nuestro corazón de piedra.

Textos:

Lucas 1,26-38. Dios invita a la colaboración de María en el misterio de la Encarnación. A pesar de poder decir “no”, María dijo libremente “sí”. Sentimos la esperanza y la maravilla presente en la escena: todo es posible para Dios, Elisabeth pensó que era estéril y ya está en su séptimo mes, porque nada es imposible para Dios. Si Dios puede llevar esto a cabo en el mundo, ¿¡qué es lo que no puede hacer Dios!?

Filipenses 2,5-11. Me sitúo en la imagen de la presencia de la Trinidad, que determinan que el Hijo sea uno de nosotros, y al contemplar a Jesús presente en el vientre de María, este antiguo himno expresa el misterio maravilloso de Dios de que el ser infinito se haga finito, el espíritu ilimitado y puro en ser humano encarnado.

Juan 1,1-14. Oramos con el prólogo del Evangelio de Juan y dejamos que Dios nos llene de admiración y asombro ante el don de sí mismo para mí y para todo su pueblo.

Lucas 1:39-55. Contemplando la visita de María a Isabel tratamos de estar alerta ante el drama humano y divino que se desarrolla en el encuentro. Estamos particularmente atentos a Jesús, presente ya en el vientre de María. La humanidad en Juan Bautista da la bienvenida a Jesús el Hijo de Dios.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 11

Pistas Ignacianas - Etapa 11. Calahorra – Alfaro (25,6 km)

Anotaciones: El objetivo de estas meditaciones no es el de recoger “hechos” de Jesús, sino “verle más claramente, amarle más profundamente, seguirle con más cercanía”. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

En esta “segunda semana” Ignacio introduce otro tipo de oración: la contemplación de los misterios del evangelio.

La oración contemplativa. Ignacio nos pide que nos “ejercitemos” en la oración contemplativa, un tipo de oración imaginativa donde todos nuestros sentidos están involucrados. Aquí ofrecemos una pequeña guía: «Leemos el texto de la narración evangélica y después dejamos el texto de lado. Comenzamos lentamente a repasar la narración, imaginando la escena de la forma más completa que podamos. ¿Dónde sucede? Observamos todas las cosas en y alrededor de la escena. ¿Quién está ahí? ¿Quién es toda la gente que aparece? ¿Qué temperatura hace? ¿calor o frío? ¿Qué olores me llegan? Entonces entramos en la escena aún más, convirtiéndonos en un personaje más de la escena. Imaginamos que podríamos ser un miembro de la multitud o que podríamos convertirnos en uno de los personajes principales de la historia. Cuando me sienta allí, entonces dejar que la narración progrese, y dejarla ir a donde vaya. Una vez estamos dentro de la escena, las palabras y acciones no son una repetición grabada del texto. Dentro de la escena, imaginamos con libertad y vamos allí donde deseamos estar, recibiendo lo que se nos desee revelar en la oración, lo que se nos muestra en las palabras y los gestos de los personajes de la narración, o simplemente podemos hablar nosotros, compartiendo la experiencia de nuestra propia reacción interior. Los detalles del texto dejan de ser importantes, porque lo importante es la experiencia de la narración, que ahora mueve nuestro corazón. Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. »

Hoy comenzamos este tipo de ejercicio con la contemplación del misterio de la Encarnación. No nos decepcionemos si encontramos este tipo de oración un poco difícil: se nos pide orar con nuestra propia vida, ¡por lo que cada uno tiene su propio camino delante de Dios! Pero Ignacio encontraba este tipo de oración muy útil, o sea ¡que sería bueno intentarlo un poco!

Petición: Pedimos una continua apreciación del milagro de la encarnación a través de las personas y la respuesta de María y José. La gracia de creer y aceptar la noticia increíblemente buena de que Jesús está entre nosotros y aceptar nuestra parte en ella. La profundización en la apreciación de la maravilla de Dios de haber nacido en forma humana.

Reflexiones: Demos un enfoque actual sobre el milagro de la encarnación, tratando de hacerlo real en nosotros. Las representaciones de la Natividad en nuestras iglesias nos muestran típicamente un Jesús angelical, rodeado de limpieza, sonriendo a sus padres y a los pastores y reyes. Pero, la tradición nos dice que Jesús nació después de un viaje largo e incómodo, en un lugar que debió estar bastante dejado y sucio. Sus padres, cansados de viajar, probablemente se sintieron abandonados y preocupados de dar a luz a un niño en un lugar insalubre, desconocido y sin el apoyo de los familiares. El Príncipe de la Paz se hizo presente entre nosotros, pero no de cualquiera de las maneras que nosotros podríamos haber imaginado. Jesús experimenta las dificultades de ser hombre en nuestro mundo desde el primer momento. Nosotros podemos sentir también ahora las tribulaciones de sentirse un peregrino viajero, como la familia de Jesús: ¿Y si me pierdo? ¿Y si algo va mal en el camino? ¿Habrá alojamiento adecuado? ¿Qué pasa si enfermo? Todas esas tribulaciones que podemos imaginar, ahora las multiplicamos por 100, nos situamos en el tiempo de Jesús y nos imaginamos junto a un ser querido y con un bebé.

Ignacio nos invita a: «ver a Nuestra Señora, José y el niño Jesús después de su nacimiento. Yo me hago un pobre esclavo, pequeño e indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndoles en sus necesidades, como si yo estuviera allí, con todo el respeto y reverencia posible… Considero lo que están haciendo, por ejemplo, caminando o trabajando, para que el Señor sea bien nacido aunque en la mayor pobreza, y que ese bebé después de tantos trabajos de hambre, sed, calor, frío, lesiones e insultos, ¡vaya a morir en la cruz! ¡Y todo esto por mí! ».

Textos:

Mateo 1:18-25. Contemplando el misterio de la encarnación, entramos en los sentimientos de José y su lucha personal entre la ley y el amor.

Lucas 2:1-20. Maria dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Con paz interior, presentes en su nacimiento, recibo a Jesús con alegría y gratitud como un don del Padre para mí y para su pueblo.

Coloquio final: «Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. » Acabar con el Padre Nuestro.

Calahorra – Alfaro

Pistas Ignacianas - Etapa 11. Calahorra – Alfaro (25,6 km)

Anotaciones: El objetivo de estas meditaciones no es el de recoger “hechos” de Jesús, sino “verle más claramente, amarle más profundamente, seguirle con más cercanía”. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

En esta “segunda semana” Ignacio introduce otro tipo de oración: la contemplación de los misterios del evangelio.

La oración contemplativa. Ignacio nos pide que nos “ejercitemos” en la oración contemplativa, un tipo de oración imaginativa donde todos nuestros sentidos están involucrados. Aquí ofrecemos una pequeña guía: «Leemos el texto de la narración evangélica y después dejamos el texto de lado. Comenzamos lentamente a repasar la narración, imaginando la escena de la forma más completa que podamos. ¿Dónde sucede? Observamos todas las cosas en y alrededor de la escena. ¿Quién está ahí? ¿Quién es toda la gente que aparece? ¿Qué temperatura hace? ¿calor o frío? ¿Qué olores me llegan? Entonces entramos en la escena aún más, convirtiéndonos en un personaje más de la escena. Imaginamos que podríamos ser un miembro de la multitud o que podríamos convertirnos en uno de los personajes principales de la historia. Cuando me sienta allí, entonces dejar que la narración progrese, y dejarla ir a donde vaya. Una vez estamos dentro de la escena, las palabras y acciones no son una repetición grabada del texto. Dentro de la escena, imaginamos con libertad y vamos allí donde deseamos estar, recibiendo lo que se nos desee revelar en la oración, lo que se nos muestra en las palabras y los gestos de los personajes de la narración, o simplemente podemos hablar nosotros, compartiendo la experiencia de nuestra propia reacción interior. Los detalles del texto dejan de ser importantes, porque lo importante es la experiencia de la narración, que ahora mueve nuestro corazón. Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. »

Hoy comenzamos este tipo de ejercicio con la contemplación del misterio de la Encarnación. No nos decepcionemos si encontramos este tipo de oración un poco difícil: se nos pide orar con nuestra propia vida, ¡por lo que cada uno tiene su propio camino delante de Dios! Pero Ignacio encontraba este tipo de oración muy útil, o sea ¡que sería bueno intentarlo un poco!

Petición: Pedimos una continua apreciación del milagro de la encarnación a través de las personas y la respuesta de María y José. La gracia de creer y aceptar la noticia increíblemente buena de que Jesús está entre nosotros y aceptar nuestra parte en ella. La profundización en la apreciación de la maravilla de Dios de haber nacido en forma humana.

Reflexiones: Demos un enfoque actual sobre el milagro de la encarnación, tratando de hacerlo real en nosotros. Las representaciones de la Natividad en nuestras iglesias nos muestran típicamente un Jesús angelical, rodeado de limpieza, sonriendo a sus padres y a los pastores y reyes. Pero, la tradición nos dice que Jesús nació después de un viaje largo e incómodo, en un lugar que debió estar bastante dejado y sucio. Sus padres, cansados de viajar, probablemente se sintieron abandonados y preocupados de dar a luz a un niño en un lugar insalubre, desconocido y sin el apoyo de los familiares. El Príncipe de la Paz se hizo presente entre nosotros, pero no de cualquiera de las maneras que nosotros podríamos haber imaginado. Jesús experimenta las dificultades de ser hombre en nuestro mundo desde el primer momento. Nosotros podemos sentir también ahora las tribulaciones de sentirse un peregrino viajero, como la familia de Jesús: ¿Y si me pierdo? ¿Y si algo va mal en el camino? ¿Habrá alojamiento adecuado? ¿Qué pasa si enfermo? Todas esas tribulaciones que podemos imaginar, ahora las multiplicamos por 100, nos situamos en el tiempo de Jesús y nos imaginamos junto a un ser querido y con un bebé.

Ignacio nos invita a: «ver a Nuestra Señora, José y el niño Jesús después de su nacimiento. Yo me hago un pobre esclavo, pequeño e indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndoles en sus necesidades, como si yo estuviera allí, con todo el respeto y reverencia posible… Considero lo que están haciendo, por ejemplo, caminando o trabajando, para que el Señor sea bien nacido aunque en la mayor pobreza, y que ese bebé después de tantos trabajos de hambre, sed, calor, frío, lesiones e insultos, ¡vaya a morir en la cruz! ¡Y todo esto por mí! ».

Textos:

Mateo 1:18-25. Contemplando el misterio de la encarnación, entramos en los sentimientos de José y su lucha personal entre la ley y el amor.

Lucas 2:1-20. Maria dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Con paz interior, presentes en su nacimiento, recibo a Jesús con alegría y gratitud como un don del Padre para mí y para su pueblo.

Coloquio final: «Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. » Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 11. Calahorra – Alfaro (25,6 km)

Anotaciones: El objetivo de estas meditaciones no es el de recoger “hechos” de Jesús, sino “verle más claramente, amarle más profundamente, seguirle con más cercanía”. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

En esta “segunda semana” Ignacio introduce otro tipo de oración: la contemplación de los misterios del evangelio.

La oración contemplativa. Ignacio nos pide que nos “ejercitemos” en la oración contemplativa, un tipo de oración imaginativa donde todos nuestros sentidos están involucrados. Aquí ofrecemos una pequeña guía: «Leemos el texto de la narración evangélica y después dejamos el texto de lado. Comenzamos lentamente a repasar la narración, imaginando la escena de la forma más completa que podamos. ¿Dónde sucede? Observamos todas las cosas en y alrededor de la escena. ¿Quién está ahí? ¿Quién es toda la gente que aparece? ¿Qué temperatura hace? ¿calor o frío? ¿Qué olores me llegan? Entonces entramos en la escena aún más, convirtiéndonos en un personaje más de la escena. Imaginamos que podríamos ser un miembro de la multitud o que podríamos convertirnos en uno de los personajes principales de la historia. Cuando me sienta allí, entonces dejar que la narración progrese, y dejarla ir a donde vaya. Una vez estamos dentro de la escena, las palabras y acciones no son una repetición grabada del texto. Dentro de la escena, imaginamos con libertad y vamos allí donde deseamos estar, recibiendo lo que se nos desee revelar en la oración, lo que se nos muestra en las palabras y los gestos de los personajes de la narración, o simplemente podemos hablar nosotros, compartiendo la experiencia de nuestra propia reacción interior. Los detalles del texto dejan de ser importantes, porque lo importante es la experiencia de la narración, que ahora mueve nuestro corazón. Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. »

Hoy comenzamos este tipo de ejercicio con la contemplación del misterio de la Encarnación. No nos decepcionemos si encontramos este tipo de oración un poco difícil: se nos pide orar con nuestra propia vida, ¡por lo que cada uno tiene su propio camino delante de Dios! Pero Ignacio encontraba este tipo de oración muy útil, o sea ¡que sería bueno intentarlo un poco!

Petición: Pedimos una continua apreciación del milagro de la encarnación a través de las personas y la respuesta de María y José. La gracia de creer y aceptar la noticia increíblemente buena de que Jesús está entre nosotros y aceptar nuestra parte en ella. La profundización en la apreciación de la maravilla de Dios de haber nacido en forma humana.

Reflexiones: Demos un enfoque actual sobre el milagro de la encarnación, tratando de hacerlo real en nosotros. Las representaciones de la Natividad en nuestras iglesias nos muestran típicamente un Jesús angelical, rodeado de limpieza, sonriendo a sus padres y a los pastores y reyes. Pero, la tradición nos dice que Jesús nació después de un viaje largo e incómodo, en un lugar que debió estar bastante dejado y sucio. Sus padres, cansados de viajar, probablemente se sintieron abandonados y preocupados de dar a luz a un niño en un lugar insalubre, desconocido y sin el apoyo de los familiares. El Príncipe de la Paz se hizo presente entre nosotros, pero no de cualquiera de las maneras que nosotros podríamos haber imaginado. Jesús experimenta las dificultades de ser hombre en nuestro mundo desde el primer momento. Nosotros podemos sentir también ahora las tribulaciones de sentirse un peregrino viajero, como la familia de Jesús: ¿Y si me pierdo? ¿Y si algo va mal en el camino? ¿Habrá alojamiento adecuado? ¿Qué pasa si enfermo? Todas esas tribulaciones que podemos imaginar, ahora las multiplicamos por 100, nos situamos en el tiempo de Jesús y nos imaginamos junto a un ser querido y con un bebé.

Ignacio nos invita a: «ver a Nuestra Señora, José y el niño Jesús después de su nacimiento. Yo me hago un pobre esclavo, pequeño e indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndoles en sus necesidades, como si yo estuviera allí, con todo el respeto y reverencia posible… Considero lo que están haciendo, por ejemplo, caminando o trabajando, para que el Señor sea bien nacido aunque en la mayor pobreza, y que ese bebé después de tantos trabajos de hambre, sed, calor, frío, lesiones e insultos, ¡vaya a morir en la cruz! ¡Y todo esto por mí! ».

Textos:

Mateo 1:18-25. Contemplando el misterio de la encarnación, entramos en los sentimientos de José y su lucha personal entre la ley y el amor.

Lucas 2:1-20. Maria dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Con paz interior, presentes en su nacimiento, recibo a Jesús con alegría y gratitud como un don del Padre para mí y para su pueblo.

Coloquio final: «Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. » Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 12

Pistas Ignacianas - Etapa 12. Alfaro – Tudela (25,6 km)

Anotaciones: Recordemos que el objetivo de estas meditaciones de segunda semana es el de ver a Jesús más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: En algún momento alrededor de sus treinta años, Jesús dejó su trabajo y el hogar a fin de comenzar su ministerio público. Tratemos de imaginar qué pensamientos podrían ser los suyos en ese momento de su vida.

La vida pública de Jesús empezó con un viaje, en una especie de peregrinación. Salió de su casa en Nazaret y peregrinó hasta el río Jordán, donde fue bautizado por Juan el Bautista. El ministerio de Juan había consistido en llamar a los pecadores al arrepentimiento. Juan era conocido y respetado: sin duda Jesús conocía su mensaje, como un profeta de Dios enviado al pueblo judío. Jesús sabía lo que estaba haciendo. Ponderemos lo que significa que el mensaje de Jesús, el hombre sin pecado, decida comenzar su ministerio colocándose en la fila en solidaridad con los pecadores. El simbolismo de esta acción recogida en los primeros versos de los Evangelios, nos evoca ricas imágenes de una peregrinación interior hacia una nueva forma de vida. El ministerio de Juan el Bautista se presentó con unas palabras de Isaías: “¡Preparen el camino del Señor! ¡Enderecen sus sendas!”. Juan llama a los pecadores al arrepentimiento y a la “conversión”, palabra con raíces que sugieren un “giro”: Juan nos invita a girarnos hacia una nueva dirección y seguir un nuevo camino en la vida. En algún momento, Jesús hace una elección consciente y deliberada para comenzar su ministerio, para cambiar su vida mundana en Nazaret: imaginemos lo que podría haber estado pasando por su mente, lo que él veía a su alrededor para que sintiese que ese era el momento adecuado. Consideremos también cómo elige iniciar su ministerio, no con un discurso o con un milagro, sino con una peregrinación para ser bautizado por Juan. Y consideremos también la experiencia de Jesús en el Jordán, su descubrimiento, su comprensión de la misión a la que el Padre le invita a realizar en plenitud.

Podemos pedir al Padre que nos coloque con Jesús, su Hijo, en la fila de Juan el Bautista. Imaginemos que somos uno de sus compañeros y que estamos justo detrás de Él, porque quiere que le conozcamos mejor, amarlo más y ser más fieles en su servicio y para la humanidad. Tratemos de contemplar la escena del evangelio. ¿Qué nos dice Juan?

Textos:

Romanos 6:3-4. Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminaremos en la vida nueva.

Lucas 3:1-22. “Entonces, ¿qué vamos a hacer?” En el momento de su bautismo por Juan, la voz de Dios confirma su filiación y su misión.

Mateo 3:13-17. Jesús, después de haber meditado en su corazón el misterio de la Paternidad de Dios y la misión que Él le encomienda, decide abandonar Nazaret. Contemplemos la escena. Tratamos de estar presentes junto a Él y ver cómo llega a esa decisión, la comparte con su madre, se despide y deja todo lo que le ha configurado como ser humano adulto y responsable. Caminamos con él hacia el río Jordán y nos quedamos en la orilla del río, contemplando su bautismo. ¿Qué es lo que oímos? ¿Qué debemos comprender?

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Alfaro – Tudela

Pistas Ignacianas - Etapa 12. Alfaro – Tudela (25,6 km)

Anotaciones: Recordemos que el objetivo de estas meditaciones de segunda semana es el de ver a Jesús más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: En algún momento alrededor de sus treinta años, Jesús dejó su trabajo y el hogar a fin de comenzar su ministerio público. Tratemos de imaginar qué pensamientos podrían ser los suyos en ese momento de su vida.

La vida pública de Jesús empezó con un viaje, en una especie de peregrinación. Salió de su casa en Nazaret y peregrinó hasta el río Jordán, donde fue bautizado por Juan el Bautista. El ministerio de Juan había consistido en llamar a los pecadores al arrepentimiento. Juan era conocido y respetado: sin duda Jesús conocía su mensaje, como un profeta de Dios enviado al pueblo judío. Jesús sabía lo que estaba haciendo. Ponderemos lo que significa que el mensaje de Jesús, el hombre sin pecado, decida comenzar su ministerio colocándose en la fila en solidaridad con los pecadores. El simbolismo de esta acción recogida en los primeros versos de los Evangelios, nos evoca ricas imágenes de una peregrinación interior hacia una nueva forma de vida. El ministerio de Juan el Bautista se presentó con unas palabras de Isaías: “¡Preparen el camino del Señor! ¡Enderecen sus sendas!”. Juan llama a los pecadores al arrepentimiento y a la “conversión”, palabra con raíces que sugieren un “giro”: Juan nos invita a girarnos hacia una nueva dirección y seguir un nuevo camino en la vida. En algún momento, Jesús hace una elección consciente y deliberada para comenzar su ministerio, para cambiar su vida mundana en Nazaret: imaginemos lo que podría haber estado pasando por su mente, lo que él veía a su alrededor para que sintiese que ese era el momento adecuado. Consideremos también cómo elige iniciar su ministerio, no con un discurso o con un milagro, sino con una peregrinación para ser bautizado por Juan. Y consideremos también la experiencia de Jesús en el Jordán, su descubrimiento, su comprensión de la misión a la que el Padre le invita a realizar en plenitud.

Podemos pedir al Padre que nos coloque con Jesús, su Hijo, en la fila de Juan el Bautista. Imaginemos que somos uno de sus compañeros y que estamos justo detrás de Él, porque quiere que le conozcamos mejor, amarlo más y ser más fieles en su servicio y para la humanidad. Tratemos de contemplar la escena del evangelio. ¿Qué nos dice Juan?

Textos:

Romanos 6:3-4. Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminaremos en la vida nueva.

Lucas 3:1-22. “Entonces, ¿qué vamos a hacer?” En el momento de su bautismo por Juan, la voz de Dios confirma su filiación y su misión.

Mateo 3:13-17. Jesús, después de haber meditado en su corazón el misterio de la Paternidad de Dios y la misión que Él le encomienda, decide abandonar Nazaret. Contemplemos la escena. Tratamos de estar presentes junto a Él y ver cómo llega a esa decisión, la comparte con su madre, se despide y deja todo lo que le ha configurado como ser humano adulto y responsable. Caminamos con él hacia el río Jordán y nos quedamos en la orilla del río, contemplando su bautismo. ¿Qué es lo que oímos? ¿Qué debemos comprender?

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 12. Alfaro – Tudela (25,6 km)

Anotaciones: Recordemos que el objetivo de estas meditaciones de segunda semana es el de ver a Jesús más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: En algún momento alrededor de sus treinta años, Jesús dejó su trabajo y el hogar a fin de comenzar su ministerio público. Tratemos de imaginar qué pensamientos podrían ser los suyos en ese momento de su vida.

La vida pública de Jesús empezó con un viaje, en una especie de peregrinación. Salió de su casa en Nazaret y peregrinó hasta el río Jordán, donde fue bautizado por Juan el Bautista. El ministerio de Juan había consistido en llamar a los pecadores al arrepentimiento. Juan era conocido y respetado: sin duda Jesús conocía su mensaje, como un profeta de Dios enviado al pueblo judío. Jesús sabía lo que estaba haciendo. Ponderemos lo que significa que el mensaje de Jesús, el hombre sin pecado, decida comenzar su ministerio colocándose en la fila en solidaridad con los pecadores. El simbolismo de esta acción recogida en los primeros versos de los Evangelios, nos evoca ricas imágenes de una peregrinación interior hacia una nueva forma de vida. El ministerio de Juan el Bautista se presentó con unas palabras de Isaías: “¡Preparen el camino del Señor! ¡Enderecen sus sendas!”. Juan llama a los pecadores al arrepentimiento y a la “conversión”, palabra con raíces que sugieren un “giro”: Juan nos invita a girarnos hacia una nueva dirección y seguir un nuevo camino en la vida. En algún momento, Jesús hace una elección consciente y deliberada para comenzar su ministerio, para cambiar su vida mundana en Nazaret: imaginemos lo que podría haber estado pasando por su mente, lo que él veía a su alrededor para que sintiese que ese era el momento adecuado. Consideremos también cómo elige iniciar su ministerio, no con un discurso o con un milagro, sino con una peregrinación para ser bautizado por Juan. Y consideremos también la experiencia de Jesús en el Jordán, su descubrimiento, su comprensión de la misión a la que el Padre le invita a realizar en plenitud.

Podemos pedir al Padre que nos coloque con Jesús, su Hijo, en la fila de Juan el Bautista. Imaginemos que somos uno de sus compañeros y que estamos justo detrás de Él, porque quiere que le conozcamos mejor, amarlo más y ser más fieles en su servicio y para la humanidad. Tratemos de contemplar la escena del evangelio. ¿Qué nos dice Juan?

Textos:

Romanos 6:3-4. Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminaremos en la vida nueva.

Lucas 3:1-22. “Entonces, ¿qué vamos a hacer?” En el momento de su bautismo por Juan, la voz de Dios confirma su filiación y su misión.

Mateo 3:13-17. Jesús, después de haber meditado en su corazón el misterio de la Paternidad de Dios y la misión que Él le encomienda, decide abandonar Nazaret. Contemplemos la escena. Tratamos de estar presentes junto a Él y ver cómo llega a esa decisión, la comparte con su madre, se despide y deja todo lo que le ha configurado como ser humano adulto y responsable. Caminamos con él hacia el río Jordán y nos quedamos en la orilla del río, contemplando su bautismo. ¿Qué es lo que oímos? ¿Qué debemos comprender?

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 13

Pistas Ignacianas - Etapa 13. Tudela – Gallur (39,3 km)

Anotaciones: Seguimos persistentes en la “oración preparatoria”. Hoy entramos en una consideración muy típica de los Ejercicios Espirituales: la meditación de Banderas. San Ignacio nos ofrece un ejercicio de contraste para poder ver hacia dónde se decanta nuestra vida, en este seguimiento de Jesús. A lo largo del día podemos ir considerando y pidiendo obtener la gracia de este ejercicio y sentir que Jesús nos quiere peregrinando con Él. El típico “Triple Coloquio” que apunta San Ignacio en los ejercicios, puede ser hecho tal cual… o bien hacerlo tal y como el corazón nos diga, según la disposición de la peregrinación que estamos haciendo.

Petición: Como amigo de Jesús, le pido a Dios que me conceda el don de ser capaz de reconocer los engaños del mal y poder así protegerme contra ellos, y le pido también un verdadero conocimiento de Jesucristo, mi verdadero guía y Señor, y la gracia de imitarlo.

Reflexiones: Durante los próximos días vamos a reflexionar sobre el ministerio terrenal de Jesús, su manera de vivir y trabajar los valores del Reino. Hoy nos acercamos a una meditación comúnmente conocida como la de las “dos banderas”. Podemos imaginar a Jesús preparándose a emprender su propio viaje, parado en un cruce crítico en el camino. Jesús no tiene dudas de en qué dirección va a seguir y nos pide a unirnos a Él. Los valores de Jesús “el Camino” nos invitan a la sencillez (incluso la pobreza), lo que lleva muchas veces a la deshonra y la humildad: en otras palabras, seguir a la manera de la gente que comparte su vida con Dios y lo espera todo de él en confianza. El otro “camino”, es la elección del mundo de riquezas, que sigue con los honores y el inflarse de orgullo: en otras palabras, poseer las cosas y buscar el prestigio que nos hace sentir y ser importantes en el mundo, así convertirnos en los dioses de nuestra propia vida, y ser “únicos en el mundo”. Al inicio de esta peregrinación espiritual, Ignacio nos invitaba a tomar una decisión básica: ser fieles a nuestro Principio y Fundamento. Ahora no hacemos una nueva elección, más bien es un recordatorio, ahora que podemos tener una visión más clara del camino de Jesús y para comprobar nuestro deseo, escogiendo aquel camino que es fundamentalmente diferente a los caminos del mundo. ¿Quiénes somos: somos nuestras posesiones y reputación? ¿O nos sentimos criatura amada de Dios? ¿Por qué somos importantes: por lo que los demás saben de nosotros? ¿O porque Dios nos ha elegido? Jesús nos invita a aligerar nuestra carga, a ser capaz de caminar junto a él libremente en esta peregrinación espiritual a través de la vida.

El propósito de esta meditación es tomar conciencia de las “estrategias” de Jesús y del mal, para que podamos discernir con precisión esos “espíritus” que experimentamos con frecuencia al tomar nuestras decisiones: ¿hacia dónde voy? ¿Con Jesús? Como dice Ignacio: “En nuestro próximo ejercicio observamos la intención de Cristo nuestro Señor y, por el contrario, la del mal, el enemigo de la naturaleza humana… Imagina que el líder de todos los enemigos en esa gran llanura de Babilonia llama a los suyos… y los envía a la gente a tentarles a codiciar las riquezas, para que puedan llegar más fácilmente al vano honor del mundo, y finalmente al creciente orgullo. Y de ahí todos los desastres en el mundo están asegurados. Del mismo modo, por el contrario, pon la mirada de la imaginación en el líder supremo y verdadero, que es Cristo nuestro Señor que reúne a los suyos… y los envía a atraer a todas las personas, en primer lugar, a la pobreza espiritual más perfecta, y también, si la Divina Majestad se debe servir y los  deseara  elegir para ello, no menos a la  pobreza actual, y en segundo lugar, atraerlos a un deseo de reproches y al desprecio más que a los falsos honores, porque de allí se alcanza la verdadera humildad. Y de ahí se obtienen todas las buenas obras que siguen en el mundo.” Debemos considerar estas dos banderas y hacer una elección desde nuestro corazón: ¿Debo ir con Jesús? ¿Lo siento así realmente? ¿Lo deseo?

Textos:

1 Timoteo 6,6-10. Los que desean enriquecerse caen en la tentación, en una trampa, en muchas codicias insensatas y dañinas que hunden a los hombres en la ruina y la destrucción.

Gálatas 5,16-25. Ruego poder saber lo que es estar “con” y “sin” el Espíritu.

Efesios 6,10-20. La guerra espiritual.

Un Triple Coloquio final: «1º Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera, y primero en pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y recibir, no menos en la pobreza actual; segundo, en pasar oprobios e injurias por más en ellas le imitar, sólo que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con esto una Ave María. 2º coloquio. Pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre, y con esto decir Anima de Cristo. 3º coloquio. Pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda, y decir un Padre Nuestro.»

Oración del Anima Christi. Es una oración que tiene su origen en el siglo XIV. Todavía es ampliamente utilizada después de recibir el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Comunión. Ciertamente, San Ignacio oró con ella muy a menudo y por eso la recoge en sus Ejercicios Espirituales.

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

Tudela – Gallur

Pistas Ignacianas - Etapa 13. Tudela – Gallur (39,3 km)

Anotaciones: Seguimos persistentes en la “oración preparatoria”. Hoy entramos en una consideración muy típica de los Ejercicios Espirituales: la meditación de Banderas. San Ignacio nos ofrece un ejercicio de contraste para poder ver hacia dónde se decanta nuestra vida, en este seguimiento de Jesús. A lo largo del día podemos ir considerando y pidiendo obtener la gracia de este ejercicio y sentir que Jesús nos quiere peregrinando con Él. El típico “Triple Coloquio” que apunta San Ignacio en los ejercicios, puede ser hecho tal cual… o bien hacerlo tal y como el corazón nos diga, según la disposición de la peregrinación que estamos haciendo.

Petición: Como amigo de Jesús, le pido a Dios que me conceda el don de ser capaz de reconocer los engaños del mal y poder así protegerme contra ellos, y le pido también un verdadero conocimiento de Jesucristo, mi verdadero guía y Señor, y la gracia de imitarlo.

Reflexiones: Durante los próximos días vamos a reflexionar sobre el ministerio terrenal de Jesús, su manera de vivir y trabajar los valores del Reino. Hoy nos acercamos a una meditación comúnmente conocida como la de las “dos banderas”. Podemos imaginar a Jesús preparándose a emprender su propio viaje, parado en un cruce crítico en el camino. Jesús no tiene dudas de en qué dirección va a seguir y nos pide a unirnos a Él. Los valores de Jesús “el Camino” nos invitan a la sencillez (incluso la pobreza), lo que lleva muchas veces a la deshonra y la humildad: en otras palabras, seguir a la manera de la gente que comparte su vida con Dios y lo espera todo de él en confianza. El otro “camino”, es la elección del mundo de riquezas, que sigue con los honores y el inflarse de orgullo: en otras palabras, poseer las cosas y buscar el prestigio que nos hace sentir y ser importantes en el mundo, así convertirnos en los dioses de nuestra propia vida, y ser “únicos en el mundo”. Al inicio de esta peregrinación espiritual, Ignacio nos invitaba a tomar una decisión básica: ser fieles a nuestro Principio y Fundamento. Ahora no hacemos una nueva elección, más bien es un recordatorio, ahora que podemos tener una visión más clara del camino de Jesús y para comprobar nuestro deseo, escogiendo aquel camino que es fundamentalmente diferente a los caminos del mundo. ¿Quiénes somos: somos nuestras posesiones y reputación? ¿O nos sentimos criatura amada de Dios? ¿Por qué somos importantes: por lo que los demás saben de nosotros? ¿O porque Dios nos ha elegido? Jesús nos invita a aligerar nuestra carga, a ser capaz de caminar junto a él libremente en esta peregrinación espiritual a través de la vida.

El propósito de esta meditación es tomar conciencia de las “estrategias” de Jesús y del mal, para que podamos discernir con precisión esos “espíritus” que experimentamos con frecuencia al tomar nuestras decisiones: ¿hacia dónde voy? ¿Con Jesús? Como dice Ignacio: “En nuestro próximo ejercicio observamos la intención de Cristo nuestro Señor y, por el contrario, la del mal, el enemigo de la naturaleza humana… Imagina que el líder de todos los enemigos en esa gran llanura de Babilonia llama a los suyos… y los envía a la gente a tentarles a codiciar las riquezas, para que puedan llegar más fácilmente al vano honor del mundo, y finalmente al creciente orgullo. Y de ahí todos los desastres en el mundo están asegurados. Del mismo modo, por el contrario, pon la mirada de la imaginación en el líder supremo y verdadero, que es Cristo nuestro Señor que reúne a los suyos… y los envía a atraer a todas las personas, en primer lugar, a la pobreza espiritual más perfecta, y también, si la Divina Majestad se debe servir y los  deseara  elegir para ello, no menos a la  pobreza actual, y en segundo lugar, atraerlos a un deseo de reproches y al desprecio más que a los falsos honores, porque de allí se alcanza la verdadera humildad. Y de ahí se obtienen todas las buenas obras que siguen en el mundo.” Debemos considerar estas dos banderas y hacer una elección desde nuestro corazón: ¿Debo ir con Jesús? ¿Lo siento así realmente? ¿Lo deseo?

Textos:

1 Timoteo 6,6-10. Los que desean enriquecerse caen en la tentación, en una trampa, en muchas codicias insensatas y dañinas que hunden a los hombres en la ruina y la destrucción.

Gálatas 5,16-25. Ruego poder saber lo que es estar “con” y “sin” el Espíritu.

Efesios 6,10-20. La guerra espiritual.

Un Triple Coloquio final: «1º Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera, y primero en pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y recibir, no menos en la pobreza actual; segundo, en pasar oprobios e injurias por más en ellas le imitar, sólo que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con esto una Ave María. 2º coloquio. Pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre, y con esto decir Anima de Cristo. 3º coloquio. Pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda, y decir un Padre Nuestro.»

Oración del Anima Christi. Es una oración que tiene su origen en el siglo XIV. Todavía es ampliamente utilizada después de recibir el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Comunión. Ciertamente, San Ignacio oró con ella muy a menudo y por eso la recoge en sus Ejercicios Espirituales.

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

Pistas Ignacianas - Etapa 13. Tudela – Gallur (39,3 km)

Anotaciones: Seguimos persistentes en la “oración preparatoria”. Hoy entramos en una consideración muy típica de los Ejercicios Espirituales: la meditación de Banderas. San Ignacio nos ofrece un ejercicio de contraste para poder ver hacia dónde se decanta nuestra vida, en este seguimiento de Jesús. A lo largo del día podemos ir considerando y pidiendo obtener la gracia de este ejercicio y sentir que Jesús nos quiere peregrinando con Él. El típico “Triple Coloquio” que apunta San Ignacio en los ejercicios, puede ser hecho tal cual… o bien hacerlo tal y como el corazón nos diga, según la disposición de la peregrinación que estamos haciendo.

Petición: Como amigo de Jesús, le pido a Dios que me conceda el don de ser capaz de reconocer los engaños del mal y poder así protegerme contra ellos, y le pido también un verdadero conocimiento de Jesucristo, mi verdadero guía y Señor, y la gracia de imitarlo.

Reflexiones: Durante los próximos días vamos a reflexionar sobre el ministerio terrenal de Jesús, su manera de vivir y trabajar los valores del Reino. Hoy nos acercamos a una meditación comúnmente conocida como la de las “dos banderas”. Podemos imaginar a Jesús preparándose a emprender su propio viaje, parado en un cruce crítico en el camino. Jesús no tiene dudas de en qué dirección va a seguir y nos pide a unirnos a Él. Los valores de Jesús “el Camino” nos invitan a la sencillez (incluso la pobreza), lo que lleva muchas veces a la deshonra y la humildad: en otras palabras, seguir a la manera de la gente que comparte su vida con Dios y lo espera todo de él en confianza. El otro “camino”, es la elección del mundo de riquezas, que sigue con los honores y el inflarse de orgullo: en otras palabras, poseer las cosas y buscar el prestigio que nos hace sentir y ser importantes en el mundo, así convertirnos en los dioses de nuestra propia vida, y ser “únicos en el mundo”. Al inicio de esta peregrinación espiritual, Ignacio nos invitaba a tomar una decisión básica: ser fieles a nuestro Principio y Fundamento. Ahora no hacemos una nueva elección, más bien es un recordatorio, ahora que podemos tener una visión más clara del camino de Jesús y para comprobar nuestro deseo, escogiendo aquel camino que es fundamentalmente diferente a los caminos del mundo. ¿Quiénes somos: somos nuestras posesiones y reputación? ¿O nos sentimos criatura amada de Dios? ¿Por qué somos importantes: por lo que los demás saben de nosotros? ¿O porque Dios nos ha elegido? Jesús nos invita a aligerar nuestra carga, a ser capaz de caminar junto a él libremente en esta peregrinación espiritual a través de la vida.

El propósito de esta meditación es tomar conciencia de las “estrategias” de Jesús y del mal, para que podamos discernir con precisión esos “espíritus” que experimentamos con frecuencia al tomar nuestras decisiones: ¿hacia dónde voy? ¿Con Jesús? Como dice Ignacio: “En nuestro próximo ejercicio observamos la intención de Cristo nuestro Señor y, por el contrario, la del mal, el enemigo de la naturaleza humana… Imagina que el líder de todos los enemigos en esa gran llanura de Babilonia llama a los suyos… y los envía a la gente a tentarles a codiciar las riquezas, para que puedan llegar más fácilmente al vano honor del mundo, y finalmente al creciente orgullo. Y de ahí todos los desastres en el mundo están asegurados. Del mismo modo, por el contrario, pon la mirada de la imaginación en el líder supremo y verdadero, que es Cristo nuestro Señor que reúne a los suyos… y los envía a atraer a todas las personas, en primer lugar, a la pobreza espiritual más perfecta, y también, si la Divina Majestad se debe servir y los  deseara  elegir para ello, no menos a la  pobreza actual, y en segundo lugar, atraerlos a un deseo de reproches y al desprecio más que a los falsos honores, porque de allí se alcanza la verdadera humildad. Y de ahí se obtienen todas las buenas obras que siguen en el mundo.” Debemos considerar estas dos banderas y hacer una elección desde nuestro corazón: ¿Debo ir con Jesús? ¿Lo siento así realmente? ¿Lo deseo?

Textos:

1 Timoteo 6,6-10. Los que desean enriquecerse caen en la tentación, en una trampa, en muchas codicias insensatas y dañinas que hunden a los hombres en la ruina y la destrucción.

Gálatas 5,16-25. Ruego poder saber lo que es estar “con” y “sin” el Espíritu.

Efesios 6,10-20. La guerra espiritual.

Un Triple Coloquio final: «1º Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera, y primero en pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y recibir, no menos en la pobreza actual; segundo, en pasar oprobios e injurias por más en ellas le imitar, sólo que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con esto una Ave María. 2º coloquio. Pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre, y con esto decir Anima de Cristo. 3º coloquio. Pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda, y decir un Padre Nuestro.»

Oración del Anima Christi. Es una oración que tiene su origen en el siglo XIV. Todavía es ampliamente utilizada después de recibir el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Comunión. Ciertamente, San Ignacio oró con ella muy a menudo y por eso la recoge en sus Ejercicios Espirituales.

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.

Etapa 14

Pistas Ignacianas - Etapa 14. Gallur – Alagón (21,7 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. A partir de hoy, el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Jesús como una persona que sanaba a la gente podría ser la imagen más destacada de la vida pública de Jesús. El ministerio de sanación de Jesús es también un ministerio de salvación. Jesús sana a los cuerpos, los espíritus, y las relaciones rotas con Dios y con los demás a través del perdón. Jesús le dice a un paralítico que se levante y camine, da un masaje de lodo sobre los ojos de un ciego. Su preocupación no es sólo recuperar la rama seca o el órgano que no funciona. Es también que aquel a quien Él sana pueda apartarse del pecado y creer en Él. Sabemos de su compasión maravillosa, de su disposición a entablar contacto con los parias y los intocables de la sociedad antigua. Utilicemos la práctica ignaciana de la contemplación, es decir, imaginar una o varias de estas escenas del ministerio de Jesús, e imaginarnos en la escena, tal vez como compañero de viaje con Jesús, o tal vez soy yo a quien llevan a Jesús – ¿qué es lo que quiere hacer Jesús para sanarme? Al entrar en estos misterios en nuestra peregrinación, nos presentamos a Jesús con una necesidad de curación en el cuerpo, mente y espíritu. Seguir pidiendo la gracia de este día.

Textos:

Lucas 18: 35-43. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”

Juan 5:1-9. La pregunta de Jesús a un hombre enfermo y lisiado se dirige también a mí en la contemplación: “¿Quieres ser sanado?.” Muestro al Señor mi necesidad de curación: mi pequeñez, mi orgullo, mi ambición, mi necesidad de seguridad y control, mi auto-engaño. “Sí, Señor, quiero ser curado.”

Lucas 8:40-56. Pido a Jesús que venga a mi casa. Me esfuerzo por tocar el borde de su manto.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera y convertirnos en un sanador como Él. Acabar con el Padre Nuestro.

Gallur – Alagón

Pistas Ignacianas - Etapa 14. Gallur – Alagón (21,7 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. A partir de hoy, el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Jesús como una persona que sanaba a la gente podría ser la imagen más destacada de la vida pública de Jesús. El ministerio de sanación de Jesús es también un ministerio de salvación. Jesús sana a los cuerpos, los espíritus, y las relaciones rotas con Dios y con los demás a través del perdón. Jesús le dice a un paralítico que se levante y camine, da un masaje de lodo sobre los ojos de un ciego. Su preocupación no es sólo recuperar la rama seca o el órgano que no funciona. Es también que aquel a quien Él sana pueda apartarse del pecado y creer en Él. Sabemos de su compasión maravillosa, de su disposición a entablar contacto con los parias y los intocables de la sociedad antigua. Utilicemos la práctica ignaciana de la contemplación, es decir, imaginar una o varias de estas escenas del ministerio de Jesús, e imaginarnos en la escena, tal vez como compañero de viaje con Jesús, o tal vez soy yo a quien llevan a Jesús – ¿qué es lo que quiere hacer Jesús para sanarme? Al entrar en estos misterios en nuestra peregrinación, nos presentamos a Jesús con una necesidad de curación en el cuerpo, mente y espíritu. Seguir pidiendo la gracia de este día.

Textos:

Lucas 18: 35-43. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”

Juan 5:1-9. La pregunta de Jesús a un hombre enfermo y lisiado se dirige también a mí en la contemplación: “¿Quieres ser sanado?.” Muestro al Señor mi necesidad de curación: mi pequeñez, mi orgullo, mi ambición, mi necesidad de seguridad y control, mi auto-engaño. “Sí, Señor, quiero ser curado.”

Lucas 8:40-56. Pido a Jesús que venga a mi casa. Me esfuerzo por tocar el borde de su manto.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera y convertirnos en un sanador como Él. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 14. Gallur – Alagón (21,7 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. A partir de hoy, el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Jesús como una persona que sanaba a la gente podría ser la imagen más destacada de la vida pública de Jesús. El ministerio de sanación de Jesús es también un ministerio de salvación. Jesús sana a los cuerpos, los espíritus, y las relaciones rotas con Dios y con los demás a través del perdón. Jesús le dice a un paralítico que se levante y camine, da un masaje de lodo sobre los ojos de un ciego. Su preocupación no es sólo recuperar la rama seca o el órgano que no funciona. Es también que aquel a quien Él sana pueda apartarse del pecado y creer en Él. Sabemos de su compasión maravillosa, de su disposición a entablar contacto con los parias y los intocables de la sociedad antigua. Utilicemos la práctica ignaciana de la contemplación, es decir, imaginar una o varias de estas escenas del ministerio de Jesús, e imaginarnos en la escena, tal vez como compañero de viaje con Jesús, o tal vez soy yo a quien llevan a Jesús – ¿qué es lo que quiere hacer Jesús para sanarme? Al entrar en estos misterios en nuestra peregrinación, nos presentamos a Jesús con una necesidad de curación en el cuerpo, mente y espíritu. Seguir pidiendo la gracia de este día.

Textos:

Lucas 18: 35-43. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”

Juan 5:1-9. La pregunta de Jesús a un hombre enfermo y lisiado se dirige también a mí en la contemplación: “¿Quieres ser sanado?.” Muestro al Señor mi necesidad de curación: mi pequeñez, mi orgullo, mi ambición, mi necesidad de seguridad y control, mi auto-engaño. “Sí, Señor, quiero ser curado.”

Lucas 8:40-56. Pido a Jesús que venga a mi casa. Me esfuerzo por tocar el borde de su manto.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera y convertirnos en un sanador como Él. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 15

Pistas Ignacianas - Etapa 15. Alagón – Zaragoza (30,5 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Después de ver a Jesús curando, otra gran imagen a admirar en Jesús es la de predicador: ¡fue un verdadero innovador! ¡Y un hombre libre de verdad! Admiremos la claridad y la pureza del mensaje de Jesús, y su valentía al proclamar el Reino, aunque era muy consciente del peligro que ello entrañaba. Jesús mantiene su enfoque inquebrantable en la justicia del Reino de Dios. Él no acepta la hipocresía, el doble juego. Rechaza las posiciones legalistas o rituales que alzan la letra de la ley por encima de su verdadero espíritu.

Jesús promulga la nueva alianza, su plan de vida, su plan de acción sobre cómo nosotros, sus seguidores, le ayudaremos a restaurar en este mundo  lo que Dios había previsto inicialmente para los seres humanos, tratándose unos a otros con su Amor. El famoso “Sermón de la Montaña” o “el Manifiesto del Reino” llega temprano en el ministerio de Jesús. Hemos oído estas palabras antes, pero no dejemos que su familiaridad vaya en detrimento de su llamada radical. Que la escucha reverente de este discurso,  permita que la semilla de la Palabra de Jesús sea implantada en mí y que pueda echar raíces. Imaginémonos sentados en medio de la gente sencilla y humilde que se reunió en una colina escuchando a Jesús exponer su “camino”. Entonces como ahora, su camino es muy contracorriente: nos invita a ser y vivir los valores exactamente contrarios a los que la cultura contemporánea y la oferta de publicidad consumista nos invita. En su tiempo, Jesús estuvo en contradicción con su mundo.

Textos:

Mateo 23: 11-12, 23-24. El que es mayor entre vosotros será vuestro servidor,  el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 5: 1-48. Al ver las multitudes, subió a la montaña, y cuando se sentó sus discípulos se le acercaron. Y hablando les enseñaba, diciendo…

Juan 12:44-50. Me deshago de mí mismo para escuchar a Jesús: en su mensaje escucho la voz del Padre.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Alagón – Zaragoza

Pistas Ignacianas - Etapa 15. Alagón – Zaragoza (30,5 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Después de ver a Jesús curando, otra gran imagen a admirar en Jesús es la de predicador: ¡fue un verdadero innovador! ¡Y un hombre libre de verdad! Admiremos la claridad y la pureza del mensaje de Jesús, y su valentía al proclamar el Reino, aunque era muy consciente del peligro que ello entrañaba. Jesús mantiene su enfoque inquebrantable en la justicia del Reino de Dios. Él no acepta la hipocresía, el doble juego. Rechaza las posiciones legalistas o rituales que alzan la letra de la ley por encima de su verdadero espíritu.

Jesús promulga la nueva alianza, su plan de vida, su plan de acción sobre cómo nosotros, sus seguidores, le ayudaremos a restaurar en este mundo  lo que Dios había previsto inicialmente para los seres humanos, tratándose unos a otros con su Amor. El famoso “Sermón de la Montaña” o “el Manifiesto del Reino” llega temprano en el ministerio de Jesús. Hemos oído estas palabras antes, pero no dejemos que su familiaridad vaya en detrimento de su llamada radical. Que la escucha reverente de este discurso,  permita que la semilla de la Palabra de Jesús sea implantada en mí y que pueda echar raíces. Imaginémonos sentados en medio de la gente sencilla y humilde que se reunió en una colina escuchando a Jesús exponer su “camino”. Entonces como ahora, su camino es muy contracorriente: nos invita a ser y vivir los valores exactamente contrarios a los que la cultura contemporánea y la oferta de publicidad consumista nos invita. En su tiempo, Jesús estuvo en contradicción con su mundo.

Textos:

Mateo 23: 11-12, 23-24. El que es mayor entre vosotros será vuestro servidor,  el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 5: 1-48. Al ver las multitudes, subió a la montaña, y cuando se sentó sus discípulos se le acercaron. Y hablando les enseñaba, diciendo…

Juan 12:44-50. Me deshago de mí mismo para escuchar a Jesús: en su mensaje escucho la voz del Padre.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Pistas Ignacianas - Etapa 15. Alagón – Zaragoza (30,5 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Después de ver a Jesús curando, otra gran imagen a admirar en Jesús es la de predicador: ¡fue un verdadero innovador! ¡Y un hombre libre de verdad! Admiremos la claridad y la pureza del mensaje de Jesús, y su valentía al proclamar el Reino, aunque era muy consciente del peligro que ello entrañaba. Jesús mantiene su enfoque inquebrantable en la justicia del Reino de Dios. Él no acepta la hipocresía, el doble juego. Rechaza las posiciones legalistas o rituales que alzan la letra de la ley por encima de su verdadero espíritu.

Jesús promulga la nueva alianza, su plan de vida, su plan de acción sobre cómo nosotros, sus seguidores, le ayudaremos a restaurar en este mundo  lo que Dios había previsto inicialmente para los seres humanos, tratándose unos a otros con su Amor. El famoso “Sermón de la Montaña” o “el Manifiesto del Reino” llega temprano en el ministerio de Jesús. Hemos oído estas palabras antes, pero no dejemos que su familiaridad vaya en detrimento de su llamada radical. Que la escucha reverente de este discurso,  permita que la semilla de la Palabra de Jesús sea implantada en mí y que pueda echar raíces. Imaginémonos sentados en medio de la gente sencilla y humilde que se reunió en una colina escuchando a Jesús exponer su “camino”. Entonces como ahora, su camino es muy contracorriente: nos invita a ser y vivir los valores exactamente contrarios a los que la cultura contemporánea y la oferta de publicidad consumista nos invita. En su tiempo, Jesús estuvo en contradicción con su mundo.

Textos:

Mateo 23: 11-12, 23-24. El que es mayor entre vosotros será vuestro servidor,  el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 5: 1-48. Al ver las multitudes, subió a la montaña, y cuando se sentó sus discípulos se le acercaron. Y hablando les enseñaba, diciendo…

Juan 12:44-50. Me deshago de mí mismo para escuchar a Jesús: en su mensaje escucho la voz del Padre.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Etapa 16

Pistas Ignacianas - Etapa 16. Zaragoza – Fuentes de Ebro (30,2 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verlo más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. Comenzamos ya la “tercera semana” de nuestra peregrinación interior. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de comenzar la oración, y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante porque vamos entrando en el conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. De esto hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hacia Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura; y que infunda un ardiente deseo de servirle y de compartir su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: Los evangelios nos dicen que Jesús caminando por la orilla del lago de Galilea, llamó a dos pescadores que estaban echando la red en el mar, y les dijo: “Seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. Tan misteriosamente convincente es este Jesús, que aquellos pescadores  simplemente dejan caer sus redes, dejan su vida pasada, y le siguen hacia una nueva vida, hacia una nueva peregrinación. Recemos pidiendo un mejor conocimiento de Jesús, una más profunda visión del atractivo de su llamada, y un creciente deseo de estar con Él. De tal forma que el criterio más importante en las decisiones de nuestra vida  no sea ya “lo que a mi me place”, sino “lo que  más me ayude a estar con y como Jesús.”

A los seguidores del Rey mucho se les pedirá. Habrá que descubrir la “única cosa necesaria”, y aquellas otras cosas “secundarias” que deberíamos dejar. Reflexionando sobre estos desafíos, permanecemos atentos a los movimientos internos que están teniendo lugar en nuestra peregrinación interior. ¿Hacia dónde voy? ¿Lo sé? ¿Me importa?

Textos:

Lucas 9:57-62. Ruego no quedarme en ser sólo un aspirante a discípulo de Jesús.

Lucas 10: 1-9. Después de esto, el Señor designó otros setenta, y los envió por delante de Él.

Lucas 10:38-41. Jesús me dice: “Sólo una cosa es necesaria.” El reto para mí es vivir, como Marta y María, la contemplación en la acción, en la que el servicio activo por el Señor está animado por una intimidad constante con Él.

Marcos 10:17-27. Mirando con amor a un buen hombre cuya vida había sido un modelo de bondad y de fidelidad, Jesús le desafía, así como a mí, con estas palabras: “Hay una cosa más que hacer.” Sé lo que respondió el hombre del Evangelio. Escucho ahora cómo Jesús me dice a mí en mi propio contexto que “una cosa más es necesaria.”

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado hoy durante la oración, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedirle a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Zaragoza – Fuentes de Ebro

Pistas Ignacianas - Etapa 16. Zaragoza – Fuentes de Ebro (30,2 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verlo más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. Comenzamos ya la “tercera semana” de nuestra peregrinación interior. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de comenzar la oración, y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante porque vamos entrando en el conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. De esto hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hacia Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura; y que infunda un ardiente deseo de servirle y de compartir su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: Los evangelios nos dicen que Jesús caminando por la orilla del lago de Galilea, llamó a dos pescadores que estaban echando la red en el mar, y les dijo: “Seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. Tan misteriosamente convincente es este Jesús, que aquellos pescadores  simplemente dejan caer sus redes, dejan su vida pasada, y le siguen hacia una nueva vida, hacia una nueva peregrinación. Recemos pidiendo un mejor conocimiento de Jesús, una más profunda visión del atractivo de su llamada, y un creciente deseo de estar con Él. De tal forma que el criterio más importante en las decisiones de nuestra vida  no sea ya “lo que a mi me place”, sino “lo que  más me ayude a estar con y como Jesús.”

A los seguidores del Rey mucho se les pedirá. Habrá que descubrir la “única cosa necesaria”, y aquellas otras cosas “secundarias” que deberíamos dejar. Reflexionando sobre estos desafíos, permanecemos atentos a los movimientos internos que están teniendo lugar en nuestra peregrinación interior. ¿Hacia dónde voy? ¿Lo sé? ¿Me importa?

Textos:

Lucas 9:57-62. Ruego no quedarme en ser sólo un aspirante a discípulo de Jesús.

Lucas 10: 1-9. Después de esto, el Señor designó otros setenta, y los envió por delante de Él.

Lucas 10:38-41. Jesús me dice: “Sólo una cosa es necesaria.” El reto para mí es vivir, como Marta y María, la contemplación en la acción, en la que el servicio activo por el Señor está animado por una intimidad constante con Él.

Marcos 10:17-27. Mirando con amor a un buen hombre cuya vida había sido un modelo de bondad y de fidelidad, Jesús le desafía, así como a mí, con estas palabras: “Hay una cosa más que hacer.” Sé lo que respondió el hombre del Evangelio. Escucho ahora cómo Jesús me dice a mí en mi propio contexto que “una cosa más es necesaria.”

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado hoy durante la oración, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedirle a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 16. Zaragoza – Fuentes de Ebro (30,2 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verlo más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. Comenzamos ya la “tercera semana” de nuestra peregrinación interior. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de comenzar la oración, y también a lo largo del día. Recordemos que el coloquio final se hace cada vez más importante porque vamos entrando en el conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. De esto hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hacia Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura; y que infunda un ardiente deseo de servirle y de compartir su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: Los evangelios nos dicen que Jesús caminando por la orilla del lago de Galilea, llamó a dos pescadores que estaban echando la red en el mar, y les dijo: “Seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. Tan misteriosamente convincente es este Jesús, que aquellos pescadores  simplemente dejan caer sus redes, dejan su vida pasada, y le siguen hacia una nueva vida, hacia una nueva peregrinación. Recemos pidiendo un mejor conocimiento de Jesús, una más profunda visión del atractivo de su llamada, y un creciente deseo de estar con Él. De tal forma que el criterio más importante en las decisiones de nuestra vida  no sea ya “lo que a mi me place”, sino “lo que  más me ayude a estar con y como Jesús.”

A los seguidores del Rey mucho se les pedirá. Habrá que descubrir la “única cosa necesaria”, y aquellas otras cosas “secundarias” que deberíamos dejar. Reflexionando sobre estos desafíos, permanecemos atentos a los movimientos internos que están teniendo lugar en nuestra peregrinación interior. ¿Hacia dónde voy? ¿Lo sé? ¿Me importa?

Textos:

Lucas 9:57-62. Ruego no quedarme en ser sólo un aspirante a discípulo de Jesús.

Lucas 10: 1-9. Después de esto, el Señor designó otros setenta, y los envió por delante de Él.

Lucas 10:38-41. Jesús me dice: “Sólo una cosa es necesaria.” El reto para mí es vivir, como Marta y María, la contemplación en la acción, en la que el servicio activo por el Señor está animado por una intimidad constante con Él.

Marcos 10:17-27. Mirando con amor a un buen hombre cuya vida había sido un modelo de bondad y de fidelidad, Jesús le desafía, así como a mí, con estas palabras: “Hay una cosa más que hacer.” Sé lo que respondió el hombre del Evangelio. Escucho ahora cómo Jesús me dice a mí en mi propio contexto que “una cosa más es necesaria.”

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado hoy durante la oración, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedirle a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 17

Pistas Ignacianas - Etapa 17. Fuentes de Ebro – Venta de Santa Lucía (29,6 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración introductoria”. Estamos ya en la “tercera semana” de nuestros ejercicios espirituales. Ignacio nos pide que seamos conscientes de las dificultades con las que, cada vez más, Jesús se enfrenta en la “peregrinación de su vida.” Entramos así en una parte más “árida” de nuestra propia peregrinación. Tratamos de tener en cuenta el esfuerzo generoso de Jesús por nosotros. Mantenemos en nuestro corazón un “estado de ánimo triste” a medida que caminamos con Jesús, ya por última vez, hacia Jerusalén. En nuestro coloquio final seguimos avanzando en el conocimiento interno de Jesús que, a pesar de ser inocente, va a sufrir la muerte en cruz. De nuestros sentimientos de tristeza por su dolor hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y también durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hasta Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura, y un ardiente deseo de servirle compartiendo su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: En el evangelio, Jesús va en peregrinación desde Galilea a Jerusalén. Allí va a celebrar la última cena con sus discípulos, y va a sufrir su pasión y su muerte. Ha pasado casi tres años en compañía de sus discípulos y, sin embargo, durante esta última ida Jerusalén se pone de manifiesto que todavía ellos no han entendido su mensaje. Están preocupados pensando  que quién de ellos será el más importante en el reino de Dios. Una vez más Jesús trata de hacerles entender que en el reino de Dios el liderazgo no consiste en dominar, sino en servir a los demás. Ellos no entienden que el camino de Jesús implique sufrimiento y sacrificio, ni que exija  negarse uno a sí mismo. Quizás a nosotros nos sucede lo mismo, y no acabamos de decidirnos  a escuchar y a aceptar esa exigencia del seguimiento de Jesús. Con la imaginación contemplativa nos vemos peregrinando con Jesús en este largo camino a Jerusalén. Presentémosle nuestras propias preguntas. Recemos para que nuestros ojos se abran y podamos ver  su mensaje con más claridad, y para que nuestros oídos cada vez puedan escuchar mejor su llamada.

En su caminar, Jesús se siente débil y cansado. Los discípulos van a buscar agua y alimento, y Él se queda fuera de la aldea. El sol está alto, y hace calor. Samaria. El evangelio de Juan nos habla de una mujer que llega. Es samaritana. Había enemistad profunda entre los Judíos y los samaritanos. Jesús se encuentra junto a un pozo para sacar agua, pero no tiene con qué. Necesita ayuda. Jesús siente sed, y le pide a la mujer que le dé agua. Durante la conversación, la samaritana va descubriendo quién es Jesús, y acaba aceptándolo como el Cristo, a pesar de ver en El a un hombre cansado,  débil, y necesitado de agua.

¿Quién soy yo? ¿Quién es Jesús? En el encuentro con Jesús, Dios nos ayuda a comprendernos más profundamente a nosotros mismos, y, en ese proceso, también comprendemos más profundamente a Dios. El Camino Ignaciano que estamos recorriendo pasa a través de “Los Monegros”, una región cercana a la climatología desértica en España. Caminando por esta región caliente, de paisaje árido y polvoriento, nos podemos imaginar lo importante que era el agua en la realidad y en la imaginación de los oyentes de Jesús. Sin agua, no hay vida. Nos encontramos así con una de las imágenes simbólicas más importantes de los evangelios: Jesús es el agua que da la vida eterna, el manantial que nunca se seca, el agua abundante. La transformación personal es consecuencia inevitable del verdadero encuentro con Jesús.  De la misma forma que cambió la vida de las personas curadas por El, así ha cambiado la vida de esta mujer al hablar con ella. Acerquémonos a Jesús en el pozo, como lo hizo esta mujer samaritana. ¿Quién soy yo realmente? ¿Quién es Jesús? ¿Qué me dice Jesús a mí? ¿Qué respondo yo?

Textos:

Marcos 10, 32-45. “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Juan 4:6-15. “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca  más tendrá sed.”

Juan 6:30-44. Creo que Jesús es el pan vivo, el agua que da vida; y le ruego al Padre que me acerque más a Él para que, comiendo y bebiendo, pueda tener una nueva vida.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado durante la oración de hoy, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con El sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedir a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Fuentes de Ebro – Venta de Santa Lucía

Pistas Ignacianas - Etapa 17. Fuentes de Ebro – Venta de Santa Lucía (29,6 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración introductoria”. Estamos ya en la “tercera semana” de nuestros ejercicios espirituales. Ignacio nos pide que seamos conscientes de las dificultades con las que, cada vez más, Jesús se enfrenta en la “peregrinación de su vida.” Entramos así en una parte más “árida” de nuestra propia peregrinación. Tratamos de tener en cuenta el esfuerzo generoso de Jesús por nosotros. Mantenemos en nuestro corazón un “estado de ánimo triste” a medida que caminamos con Jesús, ya por última vez, hacia Jerusalén. En nuestro coloquio final seguimos avanzando en el conocimiento interno de Jesús que, a pesar de ser inocente, va a sufrir la muerte en cruz. De nuestros sentimientos de tristeza por su dolor hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y también durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hasta Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura, y un ardiente deseo de servirle compartiendo su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: En el evangelio, Jesús va en peregrinación desde Galilea a Jerusalén. Allí va a celebrar la última cena con sus discípulos, y va a sufrir su pasión y su muerte. Ha pasado casi tres años en compañía de sus discípulos y, sin embargo, durante esta última ida Jerusalén se pone de manifiesto que todavía ellos no han entendido su mensaje. Están preocupados pensando  que quién de ellos será el más importante en el reino de Dios. Una vez más Jesús trata de hacerles entender que en el reino de Dios el liderazgo no consiste en dominar, sino en servir a los demás. Ellos no entienden que el camino de Jesús implique sufrimiento y sacrificio, ni que exija  negarse uno a sí mismo. Quizás a nosotros nos sucede lo mismo, y no acabamos de decidirnos  a escuchar y a aceptar esa exigencia del seguimiento de Jesús. Con la imaginación contemplativa nos vemos peregrinando con Jesús en este largo camino a Jerusalén. Presentémosle nuestras propias preguntas. Recemos para que nuestros ojos se abran y podamos ver  su mensaje con más claridad, y para que nuestros oídos cada vez puedan escuchar mejor su llamada.

En su caminar, Jesús se siente débil y cansado. Los discípulos van a buscar agua y alimento, y Él se queda fuera de la aldea. El sol está alto, y hace calor. Samaria. El evangelio de Juan nos habla de una mujer que llega. Es samaritana. Había enemistad profunda entre los Judíos y los samaritanos. Jesús se encuentra junto a un pozo para sacar agua, pero no tiene con qué. Necesita ayuda. Jesús siente sed, y le pide a la mujer que le dé agua. Durante la conversación, la samaritana va descubriendo quién es Jesús, y acaba aceptándolo como el Cristo, a pesar de ver en El a un hombre cansado,  débil, y necesitado de agua.

¿Quién soy yo? ¿Quién es Jesús? En el encuentro con Jesús, Dios nos ayuda a comprendernos más profundamente a nosotros mismos, y, en ese proceso, también comprendemos más profundamente a Dios. El Camino Ignaciano que estamos recorriendo pasa a través de “Los Monegros”, una región cercana a la climatología desértica en España. Caminando por esta región caliente, de paisaje árido y polvoriento, nos podemos imaginar lo importante que era el agua en la realidad y en la imaginación de los oyentes de Jesús. Sin agua, no hay vida. Nos encontramos así con una de las imágenes simbólicas más importantes de los evangelios: Jesús es el agua que da la vida eterna, el manantial que nunca se seca, el agua abundante. La transformación personal es consecuencia inevitable del verdadero encuentro con Jesús.  De la misma forma que cambió la vida de las personas curadas por El, así ha cambiado la vida de esta mujer al hablar con ella. Acerquémonos a Jesús en el pozo, como lo hizo esta mujer samaritana. ¿Quién soy yo realmente? ¿Quién es Jesús? ¿Qué me dice Jesús a mí? ¿Qué respondo yo?

Textos:

Marcos 10, 32-45. “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Juan 4:6-15. “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca  más tendrá sed.”

Juan 6:30-44. Creo que Jesús es el pan vivo, el agua que da vida; y le ruego al Padre que me acerque más a Él para que, comiendo y bebiendo, pueda tener una nueva vida.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado durante la oración de hoy, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con El sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedir a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 17. Fuentes de Ebro – Venta de Santa Lucía (29,6 km)

Anotaciones: No olvidemos la “oración introductoria”. Estamos ya en la “tercera semana” de nuestros ejercicios espirituales. Ignacio nos pide que seamos conscientes de las dificultades con las que, cada vez más, Jesús se enfrenta en la “peregrinación de su vida.” Entramos así en una parte más “árida” de nuestra propia peregrinación. Tratamos de tener en cuenta el esfuerzo generoso de Jesús por nosotros. Mantenemos en nuestro corazón un “estado de ánimo triste” a medida que caminamos con Jesús, ya por última vez, hacia Jerusalén. En nuestro coloquio final seguimos avanzando en el conocimiento interno de Jesús que, a pesar de ser inocente, va a sufrir la muerte en cruz. De nuestros sentimientos de tristeza por su dolor hablamos con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración, y también durante el día.

Petición: Pido al Padre que me lleve hasta Jesús para que yo pueda oír y entender su desafío, sentir la emoción de su aventura, y un ardiente deseo de servirle compartiendo su suerte y su sufrimiento.

Reflexiones: En el evangelio, Jesús va en peregrinación desde Galilea a Jerusalén. Allí va a celebrar la última cena con sus discípulos, y va a sufrir su pasión y su muerte. Ha pasado casi tres años en compañía de sus discípulos y, sin embargo, durante esta última ida Jerusalén se pone de manifiesto que todavía ellos no han entendido su mensaje. Están preocupados pensando  que quién de ellos será el más importante en el reino de Dios. Una vez más Jesús trata de hacerles entender que en el reino de Dios el liderazgo no consiste en dominar, sino en servir a los demás. Ellos no entienden que el camino de Jesús implique sufrimiento y sacrificio, ni que exija  negarse uno a sí mismo. Quizás a nosotros nos sucede lo mismo, y no acabamos de decidirnos  a escuchar y a aceptar esa exigencia del seguimiento de Jesús. Con la imaginación contemplativa nos vemos peregrinando con Jesús en este largo camino a Jerusalén. Presentémosle nuestras propias preguntas. Recemos para que nuestros ojos se abran y podamos ver  su mensaje con más claridad, y para que nuestros oídos cada vez puedan escuchar mejor su llamada.

En su caminar, Jesús se siente débil y cansado. Los discípulos van a buscar agua y alimento, y Él se queda fuera de la aldea. El sol está alto, y hace calor. Samaria. El evangelio de Juan nos habla de una mujer que llega. Es samaritana. Había enemistad profunda entre los Judíos y los samaritanos. Jesús se encuentra junto a un pozo para sacar agua, pero no tiene con qué. Necesita ayuda. Jesús siente sed, y le pide a la mujer que le dé agua. Durante la conversación, la samaritana va descubriendo quién es Jesús, y acaba aceptándolo como el Cristo, a pesar de ver en El a un hombre cansado,  débil, y necesitado de agua.

¿Quién soy yo? ¿Quién es Jesús? En el encuentro con Jesús, Dios nos ayuda a comprendernos más profundamente a nosotros mismos, y, en ese proceso, también comprendemos más profundamente a Dios. El Camino Ignaciano que estamos recorriendo pasa a través de “Los Monegros”, una región cercana a la climatología desértica en España. Caminando por esta región caliente, de paisaje árido y polvoriento, nos podemos imaginar lo importante que era el agua en la realidad y en la imaginación de los oyentes de Jesús. Sin agua, no hay vida. Nos encontramos así con una de las imágenes simbólicas más importantes de los evangelios: Jesús es el agua que da la vida eterna, el manantial que nunca se seca, el agua abundante. La transformación personal es consecuencia inevitable del verdadero encuentro con Jesús.  De la misma forma que cambió la vida de las personas curadas por El, así ha cambiado la vida de esta mujer al hablar con ella. Acerquémonos a Jesús en el pozo, como lo hizo esta mujer samaritana. ¿Quién soy yo realmente? ¿Quién es Jesús? ¿Qué me dice Jesús a mí? ¿Qué respondo yo?

Textos:

Marcos 10, 32-45. “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.

Juan 4:6-15. “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca  más tendrá sed.”

Juan 6:30-44. Creo que Jesús es el pan vivo, el agua que da vida; y le ruego al Padre que me acerque más a Él para que, comiendo y bebiendo, pueda tener una nueva vida.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado durante la oración de hoy, hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con El sobre los puntos hallados en este rato de camino. Si nos sentimos movidos a ello, podemos pedir a Jesús que nos acepte bajo su bandera. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 18

Pistas Ignacianas - Etapa 18. Venta de Santa Lucía – Bujaraloz (21,3 km)

Anotaciones: Seguimos acompañando a Jesús, en su camino hacia la cruz. No olvidemos la “oración preparatoria”. Ahora especialmente hemos de pedir el don de orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de salvación y de felicidad. Recordemos que el coloquio final es muy importante. Vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús sufriente, que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Hablamos de esto con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padecer por mí.

Reflexiones: Después de tantos días caminando con Jesús, ya sabemos que su vida está en peligro. Él lo sabe también. La gente no entiende. El reino de Dios padece violencia, y el enemigo es poderoso. Como dijo el profeta, nuestros corazones se han convertido en corazones de piedra. No estamos dispuestos a cambiarlo. Nos sentimos fuertes con nuestro núcleo duro, y el tierno corazón misericordioso de Dios no nos resulta una opción atractiva. Jesús nos interpela, pero no queremos oír. Jesús se siente entristecido, pero no puede cambiar eso. Como discípulo suyo, me siento incómodo en esta situación. No entiendo tampoco. Me siento cansado. Jesús me ve, y me pide que vaya con él y que me relaje. Las cosas no van a ser más fáciles en Jerusalén.

En Jerusalén, Jesús cena por última vez con sus discípulos. Y realiza un gesto extraordinario y sorprendente. Para reafirmar, de nuevo y con más fuerza, que en el reino de Dios el liderazgo es el liderazgo del servicio, no el del poder, Jesús, el Señor, toma sobre sí el trabajo de un siervo del hogar, y lava los pies sucios de los invitados a la cena. ¿Podríamos imaginarnos a Jesús lavándonos los pies a nosotros? Durante la cena, Jesús parte el pan y, con el vino, lo comparte con sus discípulos; y les pide que hagan esto en memoria suya. Imaginemos en cuántos lugares y cuántas generaciones a lo largo de la historia, han repetido este momento concreto en la Eucaristía. No es sólo la forma con la que los cristianos recuerdan a Jesús, sino la comunicación de la vida, la unión íntima con El. El pan y el vino que Jesús nos ofrece son su propio cuerpo y su propia sangre, entregada por nosotros.

Recordemos que Ignacio nos invita a orar contemplativamente, haciéndonos formar parte de las escenas que contemplamos, como llenando los espacios en blanco de las historias del Evangelio. Las narraciones de la pasión se prestan muy especialmente a este tipo de oración contemplativa. Al referirse a la Última Cena, por ejemplo, en la que Jesús, “después de comer el cordero pascual, y acabada la cena, les lavó los pies y les dio su Santísimo Cuerpo y su Preciosa Sangre a sus discípulos.” Ignacio nos invita a que veamos a las personas en la cena; que reflexionemos sobre nosotros mismos, y tratemos de sacar algún provecho de ello; que escuchemos lo que dicen; que veamos lo que están haciendo.”

Textos:

Marcos 8:34-38. “Cualquiera que quiera venir en pos de mí debe renunciar a sí mismo, debe tomar su cruz y seguirme”

Mateo 11:2-30. Sólo el sencillo puede reconocer al Mesías. El mundo no puede entender. Con mi corazón deseo el compañerismo y la intimidad que Jesús me ofrece, acojo con satisfacción la invitación a compartir su descanso, como Él comparte mi carga. Deseo ardientemente entregarme totalmente al amor y al servicio de Jesús.

Mateo 26: 26-31. Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo, lo partió y lo dió a sus discípulos y les dijo: “Tomad, comed, ésto es mi cuerpo.”

Juan: 13:1-17. Cuando acabó de lavarles los pies, Jesús se puso de nuevo su ropa, volvió a su lugar, y les dijo: “¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?”.

Coloquio final: Igual que en las situaciones humanas de cuidado de enfermos o moribundos, nuestra presencia es a menudo más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Esto mismo es lo que hemos de pensar al  acompañar ahora a Jesucristo. Más arriba hemos dicho que el coloquio debe ser como una conversación íntima entre amigos. Ahora añadimos la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión, que nos permite el “sólo estar” allí. Una vez más, si lo deseas, pide ser aceptado bajo su bandera, el estandarte de la Cruz. Acabar con el Padre Nuestro.

Venta de Santa Lucía – Bujaraloz

Pistas Ignacianas - Etapa 18. Venta de Santa Lucía – Bujaraloz (21,3 km)

Anotaciones: Seguimos acompañando a Jesús, en su camino hacia la cruz. No olvidemos la “oración preparatoria”. Ahora especialmente hemos de pedir el don de orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de salvación y de felicidad. Recordemos que el coloquio final es muy importante. Vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús sufriente, que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Hablamos de esto con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padecer por mí.

Reflexiones: Después de tantos días caminando con Jesús, ya sabemos que su vida está en peligro. Él lo sabe también. La gente no entiende. El reino de Dios padece violencia, y el enemigo es poderoso. Como dijo el profeta, nuestros corazones se han convertido en corazones de piedra. No estamos dispuestos a cambiarlo. Nos sentimos fuertes con nuestro núcleo duro, y el tierno corazón misericordioso de Dios no nos resulta una opción atractiva. Jesús nos interpela, pero no queremos oír. Jesús se siente entristecido, pero no puede cambiar eso. Como discípulo suyo, me siento incómodo en esta situación. No entiendo tampoco. Me siento cansado. Jesús me ve, y me pide que vaya con él y que me relaje. Las cosas no van a ser más fáciles en Jerusalén.

En Jerusalén, Jesús cena por última vez con sus discípulos. Y realiza un gesto extraordinario y sorprendente. Para reafirmar, de nuevo y con más fuerza, que en el reino de Dios el liderazgo es el liderazgo del servicio, no el del poder, Jesús, el Señor, toma sobre sí el trabajo de un siervo del hogar, y lava los pies sucios de los invitados a la cena. ¿Podríamos imaginarnos a Jesús lavándonos los pies a nosotros? Durante la cena, Jesús parte el pan y, con el vino, lo comparte con sus discípulos; y les pide que hagan esto en memoria suya. Imaginemos en cuántos lugares y cuántas generaciones a lo largo de la historia, han repetido este momento concreto en la Eucaristía. No es sólo la forma con la que los cristianos recuerdan a Jesús, sino la comunicación de la vida, la unión íntima con El. El pan y el vino que Jesús nos ofrece son su propio cuerpo y su propia sangre, entregada por nosotros.

Recordemos que Ignacio nos invita a orar contemplativamente, haciéndonos formar parte de las escenas que contemplamos, como llenando los espacios en blanco de las historias del Evangelio. Las narraciones de la pasión se prestan muy especialmente a este tipo de oración contemplativa. Al referirse a la Última Cena, por ejemplo, en la que Jesús, “después de comer el cordero pascual, y acabada la cena, les lavó los pies y les dio su Santísimo Cuerpo y su Preciosa Sangre a sus discípulos.” Ignacio nos invita a que veamos a las personas en la cena; que reflexionemos sobre nosotros mismos, y tratemos de sacar algún provecho de ello; que escuchemos lo que dicen; que veamos lo que están haciendo.”

Textos:

Marcos 8:34-38. “Cualquiera que quiera venir en pos de mí debe renunciar a sí mismo, debe tomar su cruz y seguirme”

Mateo 11:2-30. Sólo el sencillo puede reconocer al Mesías. El mundo no puede entender. Con mi corazón deseo el compañerismo y la intimidad que Jesús me ofrece, acojo con satisfacción la invitación a compartir su descanso, como Él comparte mi carga. Deseo ardientemente entregarme totalmente al amor y al servicio de Jesús.

Mateo 26: 26-31. Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo, lo partió y lo dió a sus discípulos y les dijo: “Tomad, comed, ésto es mi cuerpo.”

Juan: 13:1-17. Cuando acabó de lavarles los pies, Jesús se puso de nuevo su ropa, volvió a su lugar, y les dijo: “¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?”.

Coloquio final: Igual que en las situaciones humanas de cuidado de enfermos o moribundos, nuestra presencia es a menudo más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Esto mismo es lo que hemos de pensar al  acompañar ahora a Jesucristo. Más arriba hemos dicho que el coloquio debe ser como una conversación íntima entre amigos. Ahora añadimos la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión, que nos permite el “sólo estar” allí. Una vez más, si lo deseas, pide ser aceptado bajo su bandera, el estandarte de la Cruz. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 18. Venta de Santa Lucía – Bujaraloz (21,3 km)

Anotaciones: Seguimos acompañando a Jesús, en su camino hacia la cruz. No olvidemos la “oración preparatoria”. Ahora especialmente hemos de pedir el don de orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de salvación y de felicidad. Recordemos que el coloquio final es muy importante. Vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús sufriente, que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Hablamos de esto con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padecer por mí.

Reflexiones: Después de tantos días caminando con Jesús, ya sabemos que su vida está en peligro. Él lo sabe también. La gente no entiende. El reino de Dios padece violencia, y el enemigo es poderoso. Como dijo el profeta, nuestros corazones se han convertido en corazones de piedra. No estamos dispuestos a cambiarlo. Nos sentimos fuertes con nuestro núcleo duro, y el tierno corazón misericordioso de Dios no nos resulta una opción atractiva. Jesús nos interpela, pero no queremos oír. Jesús se siente entristecido, pero no puede cambiar eso. Como discípulo suyo, me siento incómodo en esta situación. No entiendo tampoco. Me siento cansado. Jesús me ve, y me pide que vaya con él y que me relaje. Las cosas no van a ser más fáciles en Jerusalén.

En Jerusalén, Jesús cena por última vez con sus discípulos. Y realiza un gesto extraordinario y sorprendente. Para reafirmar, de nuevo y con más fuerza, que en el reino de Dios el liderazgo es el liderazgo del servicio, no el del poder, Jesús, el Señor, toma sobre sí el trabajo de un siervo del hogar, y lava los pies sucios de los invitados a la cena. ¿Podríamos imaginarnos a Jesús lavándonos los pies a nosotros? Durante la cena, Jesús parte el pan y, con el vino, lo comparte con sus discípulos; y les pide que hagan esto en memoria suya. Imaginemos en cuántos lugares y cuántas generaciones a lo largo de la historia, han repetido este momento concreto en la Eucaristía. No es sólo la forma con la que los cristianos recuerdan a Jesús, sino la comunicación de la vida, la unión íntima con El. El pan y el vino que Jesús nos ofrece son su propio cuerpo y su propia sangre, entregada por nosotros.

Recordemos que Ignacio nos invita a orar contemplativamente, haciéndonos formar parte de las escenas que contemplamos, como llenando los espacios en blanco de las historias del Evangelio. Las narraciones de la pasión se prestan muy especialmente a este tipo de oración contemplativa. Al referirse a la Última Cena, por ejemplo, en la que Jesús, “después de comer el cordero pascual, y acabada la cena, les lavó los pies y les dio su Santísimo Cuerpo y su Preciosa Sangre a sus discípulos.” Ignacio nos invita a que veamos a las personas en la cena; que reflexionemos sobre nosotros mismos, y tratemos de sacar algún provecho de ello; que escuchemos lo que dicen; que veamos lo que están haciendo.”

Textos:

Marcos 8:34-38. “Cualquiera que quiera venir en pos de mí debe renunciar a sí mismo, debe tomar su cruz y seguirme”

Mateo 11:2-30. Sólo el sencillo puede reconocer al Mesías. El mundo no puede entender. Con mi corazón deseo el compañerismo y la intimidad que Jesús me ofrece, acojo con satisfacción la invitación a compartir su descanso, como Él comparte mi carga. Deseo ardientemente entregarme totalmente al amor y al servicio de Jesús.

Mateo 26: 26-31. Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo, lo partió y lo dió a sus discípulos y les dijo: “Tomad, comed, ésto es mi cuerpo.”

Juan: 13:1-17. Cuando acabó de lavarles los pies, Jesús se puso de nuevo su ropa, volvió a su lugar, y les dijo: “¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?”.

Coloquio final: Igual que en las situaciones humanas de cuidado de enfermos o moribundos, nuestra presencia es a menudo más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Esto mismo es lo que hemos de pensar al  acompañar ahora a Jesucristo. Más arriba hemos dicho que el coloquio debe ser como una conversación íntima entre amigos. Ahora añadimos la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión, que nos permite el “sólo estar” allí. Una vez más, si lo deseas, pide ser aceptado bajo su bandera, el estandarte de la Cruz. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 19

Pistas Ignacianas - Etapa 19. Bujaraloz – Candasnos (21 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús en su camino hacia la muerte. No olvidemos la “oración preparatoria”: una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente, y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Lo hacemos en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padece por mí.

Reflexiones: Después de la última cena, Jesús agoniza mientras ora deseando no tener que pasar por el sufrimiento que está ya anunciado. Ha sido traicionado. Será abandonado por sus amigos y por sus discípulos, los que habían sido sus compañeros más cercanos en los últimos tres años. Será humillado públicamente. Su misión va a tener como final el fracaso y el ridículo. Nada de esto es una ficción. Los cristianos creemos que Jesús, siendo Dios, se hizo verdadero hombre. Y este es el momento en el que se manifiesta la plena solidaridad de Jesús con nuestra condición humana. Cada uno de nosotros conoce y sufre la humillación, el rechazo, la duda, o sus propias angustias personales. Intentemos incorporarnos a esta trágica narración. Roguemos poder  experimentar una gran solidaridad con Jesús, y una gran compasión por Él. Tomemos nota de la fidelidad absoluta y definitiva de Jesús a su misión, a su Padre, y a nosotros. Jesús es el único que permanece fiel a la misión a la que ha sido enviado. El único que permanece fiel a nosotros en nuestros propios momentos de pena, de dolor y de incertidumbre.

Utilicemos la contemplación ignaciana y sigamos a Jesús hasta Getsemaní, con sus discípulos. Quedémonos con ellos esperándolo,  o vayamos a donde está El, Miremos cómo ora a su Padre. Queremos seguirle en su dolor y en su oscuridad, en su humillación y en sus dudas al abrazar la voluntad del Padre. Miremos a Judas que viene con orgullo, o quizás con asombro, sin comprender realmente cuál es el papel que está jugando. Nos sentimos en la escena, junto a Jesús, en la casa de Caifás. Tratemos de mantener los ojos en El: ¿qué siente?, ¿qué piensa?, ¿qué hace en ese momento? Tratemos de estar cerca de Él, y de mirar y oir a la gente que habla: ¿qué dicen? Y tú,  ¿qué sientes en ese momento? Vayamos un poco más allá, y sigamos a Pedro fuera de la casa. Miremos a Jesús. El sabía que Pedro también iba a ser un traidor. Intenta tú sentir el dolor de la traición expresado en la mirada llena de cariño de Jesús a Pedro. Él ha sido negado por aquel a quien le había llamado “Roca”. Esta es la suerte de Jesús, la que yo debo compartir. Este es, de verdad, un momento clave en mi vida. ¿Cómo me siento?

Textos:

Mateo 26:30-75. “Luego, fue a los discípulos y les dijo: ¿Aún dormidos? ¿Aún descansáis? ¡Ha llegado la hora!”

Isaías 42:1-9. “Aquí está mi siervo, a quien sostengo.”

Salmo 54. ¡Sálvame, Señor!

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, hoy nuestra presencia al lado del Jesús sufriente es más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Bujaraloz – Candasnos

Pistas Ignacianas - Etapa 19. Bujaraloz – Candasnos (21 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús en su camino hacia la muerte. No olvidemos la “oración preparatoria”: una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente, y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Lo hacemos en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padece por mí.

Reflexiones: Después de la última cena, Jesús agoniza mientras ora deseando no tener que pasar por el sufrimiento que está ya anunciado. Ha sido traicionado. Será abandonado por sus amigos y por sus discípulos, los que habían sido sus compañeros más cercanos en los últimos tres años. Será humillado públicamente. Su misión va a tener como final el fracaso y el ridículo. Nada de esto es una ficción. Los cristianos creemos que Jesús, siendo Dios, se hizo verdadero hombre. Y este es el momento en el que se manifiesta la plena solidaridad de Jesús con nuestra condición humana. Cada uno de nosotros conoce y sufre la humillación, el rechazo, la duda, o sus propias angustias personales. Intentemos incorporarnos a esta trágica narración. Roguemos poder  experimentar una gran solidaridad con Jesús, y una gran compasión por Él. Tomemos nota de la fidelidad absoluta y definitiva de Jesús a su misión, a su Padre, y a nosotros. Jesús es el único que permanece fiel a la misión a la que ha sido enviado. El único que permanece fiel a nosotros en nuestros propios momentos de pena, de dolor y de incertidumbre.

Utilicemos la contemplación ignaciana y sigamos a Jesús hasta Getsemaní, con sus discípulos. Quedémonos con ellos esperándolo,  o vayamos a donde está El, Miremos cómo ora a su Padre. Queremos seguirle en su dolor y en su oscuridad, en su humillación y en sus dudas al abrazar la voluntad del Padre. Miremos a Judas que viene con orgullo, o quizás con asombro, sin comprender realmente cuál es el papel que está jugando. Nos sentimos en la escena, junto a Jesús, en la casa de Caifás. Tratemos de mantener los ojos en El: ¿qué siente?, ¿qué piensa?, ¿qué hace en ese momento? Tratemos de estar cerca de Él, y de mirar y oir a la gente que habla: ¿qué dicen? Y tú,  ¿qué sientes en ese momento? Vayamos un poco más allá, y sigamos a Pedro fuera de la casa. Miremos a Jesús. El sabía que Pedro también iba a ser un traidor. Intenta tú sentir el dolor de la traición expresado en la mirada llena de cariño de Jesús a Pedro. Él ha sido negado por aquel a quien le había llamado “Roca”. Esta es la suerte de Jesús, la que yo debo compartir. Este es, de verdad, un momento clave en mi vida. ¿Cómo me siento?

Textos:

Mateo 26:30-75. “Luego, fue a los discípulos y les dijo: ¿Aún dormidos? ¿Aún descansáis? ¡Ha llegado la hora!”

Isaías 42:1-9. “Aquí está mi siervo, a quien sostengo.”

Salmo 54. ¡Sálvame, Señor!

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, hoy nuestra presencia al lado del Jesús sufriente es más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Pistas Ignacianas - Etapa 19. Bujaraloz – Candasnos (21 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús en su camino hacia la muerte. No olvidemos la “oración preparatoria”: una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente, y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Lo hacemos en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo va a padece por mí.

Reflexiones: Después de la última cena, Jesús agoniza mientras ora deseando no tener que pasar por el sufrimiento que está ya anunciado. Ha sido traicionado. Será abandonado por sus amigos y por sus discípulos, los que habían sido sus compañeros más cercanos en los últimos tres años. Será humillado públicamente. Su misión va a tener como final el fracaso y el ridículo. Nada de esto es una ficción. Los cristianos creemos que Jesús, siendo Dios, se hizo verdadero hombre. Y este es el momento en el que se manifiesta la plena solidaridad de Jesús con nuestra condición humana. Cada uno de nosotros conoce y sufre la humillación, el rechazo, la duda, o sus propias angustias personales. Intentemos incorporarnos a esta trágica narración. Roguemos poder  experimentar una gran solidaridad con Jesús, y una gran compasión por Él. Tomemos nota de la fidelidad absoluta y definitiva de Jesús a su misión, a su Padre, y a nosotros. Jesús es el único que permanece fiel a la misión a la que ha sido enviado. El único que permanece fiel a nosotros en nuestros propios momentos de pena, de dolor y de incertidumbre.

Utilicemos la contemplación ignaciana y sigamos a Jesús hasta Getsemaní, con sus discípulos. Quedémonos con ellos esperándolo,  o vayamos a donde está El, Miremos cómo ora a su Padre. Queremos seguirle en su dolor y en su oscuridad, en su humillación y en sus dudas al abrazar la voluntad del Padre. Miremos a Judas que viene con orgullo, o quizás con asombro, sin comprender realmente cuál es el papel que está jugando. Nos sentimos en la escena, junto a Jesús, en la casa de Caifás. Tratemos de mantener los ojos en El: ¿qué siente?, ¿qué piensa?, ¿qué hace en ese momento? Tratemos de estar cerca de Él, y de mirar y oir a la gente que habla: ¿qué dicen? Y tú,  ¿qué sientes en ese momento? Vayamos un poco más allá, y sigamos a Pedro fuera de la casa. Miremos a Jesús. El sabía que Pedro también iba a ser un traidor. Intenta tú sentir el dolor de la traición expresado en la mirada llena de cariño de Jesús a Pedro. Él ha sido negado por aquel a quien le había llamado “Roca”. Esta es la suerte de Jesús, la que yo debo compartir. Este es, de verdad, un momento clave en mi vida. ¿Cómo me siento?

Textos:

Mateo 26:30-75. “Luego, fue a los discípulos y les dijo: ¿Aún dormidos? ¿Aún descansáis? ¡Ha llegado la hora!”

Isaías 42:1-9. “Aquí está mi siervo, a quien sostengo.”

Salmo 54. ¡Sálvame, Señor!

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, hoy nuestra presencia al lado del Jesús sufriente es más importante que nuestras palabras vacilantes, o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Etapa 20

Pistas Ignacianas - Etapa 20. Candasnos – Fraga (26,8 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús. Lo acompañamos en sus últimos momentos. Estamos junto a los que bajan su cuerpo de la cruz y lo llevan al sepulcro. No olvidemos la “oración preparatoria”. Una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Hacerlo en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo ha padecido por mí.

Reflexiones: El crucifijo, suspendido sobre el altar de cada Iglesia Católica, nos recuerda que la misa es, no sólo un recuerdo, sino incluso un volver a vivir la entrega de Jesús por nosotros derramando su vida hasta la muerte. A veces, sin embargo, hemos sobre-intelectualizado la crucifixión, hemos razonado mucho sobre el misterio teológico de la muerte de Jesús. Y hemos cambiado la crucifixión por una “cruz de oro”, incluso con piedras preciosas. Hoy nos proponemos vivir la pasión “en su cruda realidad”. Lo hacemos mediante la contemplación imaginativa. Pasemos tiempo con el Jesús humano, que murió con una muerte dolorosa, lenta, y humillante, colgado entre dos criminales. Pasemos un tiempo junto a su madre, que tuvo que ver morir a su hijo. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, sabemos que este drama termina en la resurrección de Jesús. María no lo sabía. En nuestra contemplación ignaciana, acompañamos a María, la Madre de Jesús, que se aleja del sepulcro, de vuelta a la casa donde se hospedaba. Nos quedamos con ella, esperamos con ella, la escuchamos compartir con los presentes todas las cosas que ella meditaba en su corazón desde que Jesús era niño. La escuchamos contar sus recuerdos. Lloramos con ella, esperamos que algo pase, como ella esperaba. Y le decimos que somos seguidores de su Hijo.

Ignacio nos invita a identificarnos lo más estrechamente que podamos con Jesús, a experimentar nosotros mismos “el dolor con Cristo en su dolor, un espíritu roto con Cristo tan roto, y sufrimiento interior por los grandes sufrimientos que Cristo soportó por mí…” También tengamos en cuenta la soledad de Nuestra Señora, su profundo dolor, y su cansancio interior. Así mismo, contemplemos el desánimo y el sentimiento de fracaso de los discípulos. Todo ha acabado. Es el final.

Cristo, nuestro Señor y Rey, continúa su misión en nuestro mundo para salvar a todos los hombres y a todas las mujeres. Él sigue siendo torturado hoy en sus hermanos y en sus hermanas. Él sigue siendo conducido hoy a la cruz. Dediquemos unos momentos de la meditación a reflexionar sobre la situación de nuestra humanidad, y pidamos al Padre que nos coloque junto a Cristo, crucificado en el mundo de hoy.

Textos:

Mateo 27,1-66. “¡Crucifícalo!” “¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?” “¡Crucifícalo!”

Salmo 22. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Salmo 31. “En ti, Señor, he encontrado refugio.”

Isaías 50,4-9. “El Señor es mi ayuda.”

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, nuestra presencia hoy al lado de Jesús muerto es más importante que nuestras palabras vacilantes o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

Candasnos – Fraga

Pistas Ignacianas - Etapa 20. Candasnos – Fraga (26,8 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús. Lo acompañamos en sus últimos momentos. Estamos junto a los que bajan su cuerpo de la cruz y lo llevan al sepulcro. No olvidemos la “oración preparatoria”. Una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Hacerlo en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo ha padecido por mí.

Reflexiones: El crucifijo, suspendido sobre el altar de cada Iglesia Católica, nos recuerda que la misa es, no sólo un recuerdo, sino incluso un volver a vivir la entrega de Jesús por nosotros derramando su vida hasta la muerte. A veces, sin embargo, hemos sobre-intelectualizado la crucifixión, hemos razonado mucho sobre el misterio teológico de la muerte de Jesús. Y hemos cambiado la crucifixión por una “cruz de oro”, incluso con piedras preciosas. Hoy nos proponemos vivir la pasión “en su cruda realidad”. Lo hacemos mediante la contemplación imaginativa. Pasemos tiempo con el Jesús humano, que murió con una muerte dolorosa, lenta, y humillante, colgado entre dos criminales. Pasemos un tiempo junto a su madre, que tuvo que ver morir a su hijo. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, sabemos que este drama termina en la resurrección de Jesús. María no lo sabía. En nuestra contemplación ignaciana, acompañamos a María, la Madre de Jesús, que se aleja del sepulcro, de vuelta a la casa donde se hospedaba. Nos quedamos con ella, esperamos con ella, la escuchamos compartir con los presentes todas las cosas que ella meditaba en su corazón desde que Jesús era niño. La escuchamos contar sus recuerdos. Lloramos con ella, esperamos que algo pase, como ella esperaba. Y le decimos que somos seguidores de su Hijo.

Ignacio nos invita a identificarnos lo más estrechamente que podamos con Jesús, a experimentar nosotros mismos “el dolor con Cristo en su dolor, un espíritu roto con Cristo tan roto, y sufrimiento interior por los grandes sufrimientos que Cristo soportó por mí…” También tengamos en cuenta la soledad de Nuestra Señora, su profundo dolor, y su cansancio interior. Así mismo, contemplemos el desánimo y el sentimiento de fracaso de los discípulos. Todo ha acabado. Es el final.

Cristo, nuestro Señor y Rey, continúa su misión en nuestro mundo para salvar a todos los hombres y a todas las mujeres. Él sigue siendo torturado hoy en sus hermanos y en sus hermanas. Él sigue siendo conducido hoy a la cruz. Dediquemos unos momentos de la meditación a reflexionar sobre la situación de nuestra humanidad, y pidamos al Padre que nos coloque junto a Cristo, crucificado en el mundo de hoy.

Textos:

Mateo 27,1-66. “¡Crucifícalo!” “¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?” “¡Crucifícalo!”

Salmo 22. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Salmo 31. “En ti, Señor, he encontrado refugio.”

Isaías 50,4-9. “El Señor es mi ayuda.”

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, nuestra presencia hoy al lado de Jesús muerto es más importante que nuestras palabras vacilantes o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 20. Candasnos – Fraga (26,8 km)

Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús. Lo acompañamos en sus últimos momentos. Estamos junto a los que bajan su cuerpo de la cruz y lo llevan al sepulcro. No olvidemos la “oración preparatoria”. Una vez más hemos de pedir orientar nuestra vida a la voluntad de Dios, única fuente de felicidad y de resurrección. Insistimos en el coloquio final. Nos ponemos junto a Jesús sufriente y le pedimos que nos dé fuerza para mantener nuestro compromiso de vida. Hacerlo en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Ruego al Padre el don de ser capaz de sentir dolor con Cristo en su dolor, angustia en la angustia de Cristo, e incluso la experiencia de las lágrimas y del dolor profundo por todas las aflicciones que Cristo ha padecido por mí.

Reflexiones: El crucifijo, suspendido sobre el altar de cada Iglesia Católica, nos recuerda que la misa es, no sólo un recuerdo, sino incluso un volver a vivir la entrega de Jesús por nosotros derramando su vida hasta la muerte. A veces, sin embargo, hemos sobre-intelectualizado la crucifixión, hemos razonado mucho sobre el misterio teológico de la muerte de Jesús. Y hemos cambiado la crucifixión por una “cruz de oro”, incluso con piedras preciosas. Hoy nos proponemos vivir la pasión “en su cruda realidad”. Lo hacemos mediante la contemplación imaginativa. Pasemos tiempo con el Jesús humano, que murió con una muerte dolorosa, lenta, y humillante, colgado entre dos criminales. Pasemos un tiempo junto a su madre, que tuvo que ver morir a su hijo. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, sabemos que este drama termina en la resurrección de Jesús. María no lo sabía. En nuestra contemplación ignaciana, acompañamos a María, la Madre de Jesús, que se aleja del sepulcro, de vuelta a la casa donde se hospedaba. Nos quedamos con ella, esperamos con ella, la escuchamos compartir con los presentes todas las cosas que ella meditaba en su corazón desde que Jesús era niño. La escuchamos contar sus recuerdos. Lloramos con ella, esperamos que algo pase, como ella esperaba. Y le decimos que somos seguidores de su Hijo.

Ignacio nos invita a identificarnos lo más estrechamente que podamos con Jesús, a experimentar nosotros mismos “el dolor con Cristo en su dolor, un espíritu roto con Cristo tan roto, y sufrimiento interior por los grandes sufrimientos que Cristo soportó por mí…” También tengamos en cuenta la soledad de Nuestra Señora, su profundo dolor, y su cansancio interior. Así mismo, contemplemos el desánimo y el sentimiento de fracaso de los discípulos. Todo ha acabado. Es el final.

Cristo, nuestro Señor y Rey, continúa su misión en nuestro mundo para salvar a todos los hombres y a todas las mujeres. Él sigue siendo torturado hoy en sus hermanos y en sus hermanas. Él sigue siendo conducido hoy a la cruz. Dediquemos unos momentos de la meditación a reflexionar sobre la situación de nuestra humanidad, y pidamos al Padre que nos coloque junto a Cristo, crucificado en el mundo de hoy.

Textos:

Mateo 27,1-66. “¡Crucifícalo!” “¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?” “¡Crucifícalo!”

Salmo 22. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Salmo 31. “En ti, Señor, he encontrado refugio.”

Isaías 50,4-9. “El Señor es mi ayuda.”

Coloquio final: Igual que en la oración de ayer, nuestra presencia hoy al lado de Jesús muerto es más importante que nuestras palabras vacilantes o que nuestras torpes acciones. Seguimos incluyendo en nuestro coloquio la profundidad del sentimiento, del amor y de la compasión que nos permite el “sólo estar” acompañando a Jesús. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 21

Pistas Ignacianas - Etapa 21. Fraga – Lleida (33 km)

Anotaciones: Estamos entrando en la última etapa de nuestra peregrinación: la “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales. Cambiamos de ánimo porque ahora entramos en la contemplación de la Vida en su plenitud. Entramos sintiendo con Jesús y con los discípulos que la última puerta se ha abierto, que ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna en el amor de Dios. La última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, y también durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, y le pedimos que nos ayude a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración, y durante todo el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado, y del Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Jesús, con María y con todos los santos.

Reflexiones: Hoy, y en los días que siguen, Ignacio nos invita a “pedir la gracia de ser felices y de regocijarnos intensamente por la gran gloria y alegría de Cristo Nuestro Señor” que ha resucitado. Nadie podía imaginar que eso iba a suceder, aunque el profeta Isaías ya había anunciado  que “mi siervo  tendrá éxito,  será elevado al honor alto y sublime”. Pero los últimos días de Jesús fueron tan difíciles de soportar, y su muerte, tan incomprensible,  que lo que menos podían pensar era que Dios estaba con ellos. Todos estaban perplejos y desmoralizados. Más de una vez en la Biblia se relata que una mujer estéril y de edad avanzada incomprensiblemente ha engendrado un hijo. Las Escrituras nos recuerdan que para Dios nada hay imposible”. Pero aun así, la vuelta de Jesús a la vida era difícil de creer. Tan difícil, que, a pesar de que los guardias se lo contaron a los principales sacerdotes  y a los ancianos, ninguno lo creyó. Pero hoy día creemos  que la resurrección es la verdad última del extraordinario poder y bondad de Dios. Dios tiene el poder de liberarnos  de la muerte, de todo tipo de muerte.

A veces nuestra fe es muy débil. El Dios que rescata a Jesús de la muerte a la vida puede, sin duda, rescatarnos a nosotros. Pero a menudo nos sentimos tentados por el desaliento, y nos sentimos sin esperanza ante nuestros problemas, nuestros temores, nuestros pecados, o ante el dolor que se apodera de nosotros. Jesús resucitado vive transfigurado para siempre, y nosotros mismos, por la su misma resurrección, hemos sido interiormente transfigurados. . Tenemos en nosotros la semilla de la resurrección. Jesús está vivo y para siempre con nosotros, aunque a veces nos resulte difícil de creer. Los discípulos de Emaús reciben este mensaje. También es ésta la experiencia de María, su madre. Ella tuvo el conocimiento interior de que Jesús estaba vivo, desde el principio, como nos dice Ignacio. Sin duda fue ella la primera que experimentó la presencia de su hijo resucitado. Y desde ese mismo momento se acercó a los discípulos para ayudarles a superar su tristeza y su decepción. El Señor resucitado, está con nosotros, tal y como lo prometió, para consolarnos y para ofrecernos sus dones, para que nosotros podamos consolar a los que sufren.

Cuando las mujeres se acercaron a la tumba vacía, incapaces de pensar siquiera en la posibilidad de que Jesús hubiera resucitado, el “vigilante” les dice simplemente: “Por qué buscáis entre los muertos al que es la Vida?”. Lo mismo nos dice a nosotros hoy. Con demasiada frecuencia no podemos creer las buenas noticias acerca de nosotros mismos, o de nuestro mundo. Una vez más, Jesús hace vanas nuestras expectativas de muchas maneras. Pero hemos de destacar el hecho de que no se manifiesta primero a los privilegiados apóstoles, como Pedro, Mateo o Juan, sino a las mujeres, las más valientes y más fieles de sus discípulos.

Utilicemos la oración de contemplación. Sintámonos dentro de la escena, y viviendo la experiencia de la gracia de la resurrección. Escucho, observo, hablo, ruego, toco… Yo estoy dentro de la historia. Oremos por la resurrección de cada muerte en  nosotros y en todas las personas que amamos. ¡Hoy, María nos entiende muy bien¡.

Textos:

Isaías 52,13-53.12. “¿Quién hubiera creído lo que habían oído?”.

Mateo 21,8-15. “No tengáis miedo, porque yo sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado”.

Lucas 24, 13-35. Jesús, mi compañero a lo largo de la peregrinación, me señala cómo El ha sido parte de mi historia y de mi prehistoria. Consolado interiormente deseo anunciar a todos; “¡El Señor ha resucitado”, como hicieron los discípulos de Emaús.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos  confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Fraga – Lleida

Pistas Ignacianas - Etapa 21. Fraga – Lleida (33 km)

Anotaciones: Estamos entrando en la última etapa de nuestra peregrinación: la “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales. Cambiamos de ánimo porque ahora entramos en la contemplación de la Vida en su plenitud. Entramos sintiendo con Jesús y con los discípulos que la última puerta se ha abierto, que ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna en el amor de Dios. La última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, y también durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, y le pedimos que nos ayude a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración, y durante todo el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado, y del Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Jesús, con María y con todos los santos.

Reflexiones: Hoy, y en los días que siguen, Ignacio nos invita a “pedir la gracia de ser felices y de regocijarnos intensamente por la gran gloria y alegría de Cristo Nuestro Señor” que ha resucitado. Nadie podía imaginar que eso iba a suceder, aunque el profeta Isaías ya había anunciado  que “mi siervo  tendrá éxito,  será elevado al honor alto y sublime”. Pero los últimos días de Jesús fueron tan difíciles de soportar, y su muerte, tan incomprensible,  que lo que menos podían pensar era que Dios estaba con ellos. Todos estaban perplejos y desmoralizados. Más de una vez en la Biblia se relata que una mujer estéril y de edad avanzada incomprensiblemente ha engendrado un hijo. Las Escrituras nos recuerdan que para Dios nada hay imposible”. Pero aun así, la vuelta de Jesús a la vida era difícil de creer. Tan difícil, que, a pesar de que los guardias se lo contaron a los principales sacerdotes  y a los ancianos, ninguno lo creyó. Pero hoy día creemos  que la resurrección es la verdad última del extraordinario poder y bondad de Dios. Dios tiene el poder de liberarnos  de la muerte, de todo tipo de muerte.

A veces nuestra fe es muy débil. El Dios que rescata a Jesús de la muerte a la vida puede, sin duda, rescatarnos a nosotros. Pero a menudo nos sentimos tentados por el desaliento, y nos sentimos sin esperanza ante nuestros problemas, nuestros temores, nuestros pecados, o ante el dolor que se apodera de nosotros. Jesús resucitado vive transfigurado para siempre, y nosotros mismos, por la su misma resurrección, hemos sido interiormente transfigurados. . Tenemos en nosotros la semilla de la resurrección. Jesús está vivo y para siempre con nosotros, aunque a veces nos resulte difícil de creer. Los discípulos de Emaús reciben este mensaje. También es ésta la experiencia de María, su madre. Ella tuvo el conocimiento interior de que Jesús estaba vivo, desde el principio, como nos dice Ignacio. Sin duda fue ella la primera que experimentó la presencia de su hijo resucitado. Y desde ese mismo momento se acercó a los discípulos para ayudarles a superar su tristeza y su decepción. El Señor resucitado, está con nosotros, tal y como lo prometió, para consolarnos y para ofrecernos sus dones, para que nosotros podamos consolar a los que sufren.

Cuando las mujeres se acercaron a la tumba vacía, incapaces de pensar siquiera en la posibilidad de que Jesús hubiera resucitado, el “vigilante” les dice simplemente: “Por qué buscáis entre los muertos al que es la Vida?”. Lo mismo nos dice a nosotros hoy. Con demasiada frecuencia no podemos creer las buenas noticias acerca de nosotros mismos, o de nuestro mundo. Una vez más, Jesús hace vanas nuestras expectativas de muchas maneras. Pero hemos de destacar el hecho de que no se manifiesta primero a los privilegiados apóstoles, como Pedro, Mateo o Juan, sino a las mujeres, las más valientes y más fieles de sus discípulos.

Utilicemos la oración de contemplación. Sintámonos dentro de la escena, y viviendo la experiencia de la gracia de la resurrección. Escucho, observo, hablo, ruego, toco… Yo estoy dentro de la historia. Oremos por la resurrección de cada muerte en  nosotros y en todas las personas que amamos. ¡Hoy, María nos entiende muy bien¡.

Textos:

Isaías 52,13-53.12. “¿Quién hubiera creído lo que habían oído?”.

Mateo 21,8-15. “No tengáis miedo, porque yo sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado”.

Lucas 24, 13-35. Jesús, mi compañero a lo largo de la peregrinación, me señala cómo El ha sido parte de mi historia y de mi prehistoria. Consolado interiormente deseo anunciar a todos; “¡El Señor ha resucitado”, como hicieron los discípulos de Emaús.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos  confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 21. Fraga – Lleida (33 km)

Anotaciones: Estamos entrando en la última etapa de nuestra peregrinación: la “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales. Cambiamos de ánimo porque ahora entramos en la contemplación de la Vida en su plenitud. Entramos sintiendo con Jesús y con los discípulos que la última puerta se ha abierto, que ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna en el amor de Dios. La última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, y también durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, y le pedimos que nos ayude a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración, y durante todo el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado, y del Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Jesús, con María y con todos los santos.

Reflexiones: Hoy, y en los días que siguen, Ignacio nos invita a “pedir la gracia de ser felices y de regocijarnos intensamente por la gran gloria y alegría de Cristo Nuestro Señor” que ha resucitado. Nadie podía imaginar que eso iba a suceder, aunque el profeta Isaías ya había anunciado  que “mi siervo  tendrá éxito,  será elevado al honor alto y sublime”. Pero los últimos días de Jesús fueron tan difíciles de soportar, y su muerte, tan incomprensible,  que lo que menos podían pensar era que Dios estaba con ellos. Todos estaban perplejos y desmoralizados. Más de una vez en la Biblia se relata que una mujer estéril y de edad avanzada incomprensiblemente ha engendrado un hijo. Las Escrituras nos recuerdan que para Dios nada hay imposible”. Pero aun así, la vuelta de Jesús a la vida era difícil de creer. Tan difícil, que, a pesar de que los guardias se lo contaron a los principales sacerdotes  y a los ancianos, ninguno lo creyó. Pero hoy día creemos  que la resurrección es la verdad última del extraordinario poder y bondad de Dios. Dios tiene el poder de liberarnos  de la muerte, de todo tipo de muerte.

A veces nuestra fe es muy débil. El Dios que rescata a Jesús de la muerte a la vida puede, sin duda, rescatarnos a nosotros. Pero a menudo nos sentimos tentados por el desaliento, y nos sentimos sin esperanza ante nuestros problemas, nuestros temores, nuestros pecados, o ante el dolor que se apodera de nosotros. Jesús resucitado vive transfigurado para siempre, y nosotros mismos, por la su misma resurrección, hemos sido interiormente transfigurados. . Tenemos en nosotros la semilla de la resurrección. Jesús está vivo y para siempre con nosotros, aunque a veces nos resulte difícil de creer. Los discípulos de Emaús reciben este mensaje. También es ésta la experiencia de María, su madre. Ella tuvo el conocimiento interior de que Jesús estaba vivo, desde el principio, como nos dice Ignacio. Sin duda fue ella la primera que experimentó la presencia de su hijo resucitado. Y desde ese mismo momento se acercó a los discípulos para ayudarles a superar su tristeza y su decepción. El Señor resucitado, está con nosotros, tal y como lo prometió, para consolarnos y para ofrecernos sus dones, para que nosotros podamos consolar a los que sufren.

Cuando las mujeres se acercaron a la tumba vacía, incapaces de pensar siquiera en la posibilidad de que Jesús hubiera resucitado, el “vigilante” les dice simplemente: “Por qué buscáis entre los muertos al que es la Vida?”. Lo mismo nos dice a nosotros hoy. Con demasiada frecuencia no podemos creer las buenas noticias acerca de nosotros mismos, o de nuestro mundo. Una vez más, Jesús hace vanas nuestras expectativas de muchas maneras. Pero hemos de destacar el hecho de que no se manifiesta primero a los privilegiados apóstoles, como Pedro, Mateo o Juan, sino a las mujeres, las más valientes y más fieles de sus discípulos.

Utilicemos la oración de contemplación. Sintámonos dentro de la escena, y viviendo la experiencia de la gracia de la resurrección. Escucho, observo, hablo, ruego, toco… Yo estoy dentro de la historia. Oremos por la resurrección de cada muerte en  nosotros y en todas las personas que amamos. ¡Hoy, María nos entiende muy bien¡.

Textos:

Isaías 52,13-53.12. “¿Quién hubiera creído lo que habían oído?”.

Mateo 21,8-15. “No tengáis miedo, porque yo sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado”.

Lucas 24, 13-35. Jesús, mi compañero a lo largo de la peregrinación, me señala cómo El ha sido parte de mi historia y de mi prehistoria. Consolado interiormente deseo anunciar a todos; “¡El Señor ha resucitado”, como hicieron los discípulos de Emaús.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos  confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 22

Pistas Ignacianas - Etapa 22. Lleida – Palau d'Anglesola (25,7 km)

Anotaciones: A lo largo de esta “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales, mantendremos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la oración introductoria” al comenzar la contemplación ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos a ese conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, con María y con todos sus discípulos.

Reflexiones: Hoy seguimos contemplando la maravilla de la resurrección. Los discípulos necesitaron muchos días para llegar a la experiencia de Jesús vivo para siempre. Vayamos cerca de María Magdalena, la mujer que amaba profundamente a Jesús. Mirémosla en su angustia. Tratemos de sentir como ella, ahora que ha perdido el único sentido de su vida. Y estemos allí con ella en el momento de su encuentro con el Resucitado. El mundo se alegra con ella.

Sintamos con los discípulos su miedo y sus sentimientos de culpa, cuando Jesús resucitado vuelve a ese lugar donde solían estar juntos. Veamos el lugar, y seamos uno de ellos. Disfrutemos de las maravillas de la resurrección. Jesús viene hoy a nuestra desesperación personal, a la sala oscura donde nos hemos encerrado en los momentos más difíciles. El quiere sanar todas nuestras muertes, y llevarnos a la vida. Jesús no acepta nuestro sufrimiento. El es la vida, y nos pide que salgamos fuera de nuestra tumba. Escuchemos su voz que, como a Lázaro, nos llama a salir de nuestro sepulcro. Seamos conscientes de su presencia caminando a nuestro lado, y pidiéndonos: “¡despierta de tu muerte… porque estoy vivo!”.

Como siempre, Ignacio nos invita a hacernos presentes en estas escenas increíbles. Dejemos que estas historias familiares de la Resurrección se desarrollen en nosotros, y pongámonos en la escena. Utilicemos toda la belleza de la naturaleza para ayudarnos en la experiencia de alegría profunda. Cuando Ignacio escribió sus Ejercicios Espirituales, bien pudo haber recordado los días más agradables de su peregrinación a Montserrat: las cosas que veía y que le daban alegría de vivir. En esta “cuarta semana” voy a valerme de la luz, de lo que de agradable nos ofrece la naturaleza, de la frescura refrescante en verano, o del sol que nos calienta  en invierno, puesto que pienso o conjeturo que todo eso me ayudará a regocijarme en Cristo, mi creador y redentor.

Textos:

Juan 20,11-18. Junto a María Magdalena oigo mi nombre y respondo con alegría.

Juan 20,19-23. El miedo, la culpa y la confusión de los diez compañeros de Jesús me resultan familiares. En algún momento yo también los he sentido todos. Es ahí donde El quiere y tiene que venir. Le doy la bienvenida y me dispongo a recibir sus dones: la paz, la alegría, la misión, Espero siempre en su Espíritu, y cuento con su misericordia.

Juan 11,17-44. Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”. Jesús clamó: “¡Lázaro, sal fuera!”. Lázaro oyó que le llamaba de la muerte a la vida, de estar atado a ser libre. Yo, sentado al borde de la tumba, me planteo mis propias pequeñas muertes, y todo lo que está limitando mi libertad.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Lleida – Palau d'Anglesola

Pistas Ignacianas - Etapa 22. Lleida – Palau d'Anglesola (25,7 km)

Anotaciones: A lo largo de esta “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales, mantendremos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la oración introductoria” al comenzar la contemplación ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos a ese conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, con María y con todos sus discípulos.

Reflexiones: Hoy seguimos contemplando la maravilla de la resurrección. Los discípulos necesitaron muchos días para llegar a la experiencia de Jesús vivo para siempre. Vayamos cerca de María Magdalena, la mujer que amaba profundamente a Jesús. Mirémosla en su angustia. Tratemos de sentir como ella, ahora que ha perdido el único sentido de su vida. Y estemos allí con ella en el momento de su encuentro con el Resucitado. El mundo se alegra con ella.

Sintamos con los discípulos su miedo y sus sentimientos de culpa, cuando Jesús resucitado vuelve a ese lugar donde solían estar juntos. Veamos el lugar, y seamos uno de ellos. Disfrutemos de las maravillas de la resurrección. Jesús viene hoy a nuestra desesperación personal, a la sala oscura donde nos hemos encerrado en los momentos más difíciles. El quiere sanar todas nuestras muertes, y llevarnos a la vida. Jesús no acepta nuestro sufrimiento. El es la vida, y nos pide que salgamos fuera de nuestra tumba. Escuchemos su voz que, como a Lázaro, nos llama a salir de nuestro sepulcro. Seamos conscientes de su presencia caminando a nuestro lado, y pidiéndonos: “¡despierta de tu muerte… porque estoy vivo!”.

Como siempre, Ignacio nos invita a hacernos presentes en estas escenas increíbles. Dejemos que estas historias familiares de la Resurrección se desarrollen en nosotros, y pongámonos en la escena. Utilicemos toda la belleza de la naturaleza para ayudarnos en la experiencia de alegría profunda. Cuando Ignacio escribió sus Ejercicios Espirituales, bien pudo haber recordado los días más agradables de su peregrinación a Montserrat: las cosas que veía y que le daban alegría de vivir. En esta “cuarta semana” voy a valerme de la luz, de lo que de agradable nos ofrece la naturaleza, de la frescura refrescante en verano, o del sol que nos calienta  en invierno, puesto que pienso o conjeturo que todo eso me ayudará a regocijarme en Cristo, mi creador y redentor.

Textos:

Juan 20,11-18. Junto a María Magdalena oigo mi nombre y respondo con alegría.

Juan 20,19-23. El miedo, la culpa y la confusión de los diez compañeros de Jesús me resultan familiares. En algún momento yo también los he sentido todos. Es ahí donde El quiere y tiene que venir. Le doy la bienvenida y me dispongo a recibir sus dones: la paz, la alegría, la misión, Espero siempre en su Espíritu, y cuento con su misericordia.

Juan 11,17-44. Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”. Jesús clamó: “¡Lázaro, sal fuera!”. Lázaro oyó que le llamaba de la muerte a la vida, de estar atado a ser libre. Yo, sentado al borde de la tumba, me planteo mis propias pequeñas muertes, y todo lo que está limitando mi libertad.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Pistas Ignacianas - Etapa 22. Lleida – Palau d'Anglesola (25,7 km)

Anotaciones: A lo largo de esta “cuarta semana” de los Ejercicios Espirituales, mantendremos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y hacia la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa, con cada mano tendida. No olvidemos la oración introductoria” al comenzar la contemplación ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos a ese conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con El, nuestro amigo, en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo victorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, con María y con todos sus discípulos.

Reflexiones: Hoy seguimos contemplando la maravilla de la resurrección. Los discípulos necesitaron muchos días para llegar a la experiencia de Jesús vivo para siempre. Vayamos cerca de María Magdalena, la mujer que amaba profundamente a Jesús. Mirémosla en su angustia. Tratemos de sentir como ella, ahora que ha perdido el único sentido de su vida. Y estemos allí con ella en el momento de su encuentro con el Resucitado. El mundo se alegra con ella.

Sintamos con los discípulos su miedo y sus sentimientos de culpa, cuando Jesús resucitado vuelve a ese lugar donde solían estar juntos. Veamos el lugar, y seamos uno de ellos. Disfrutemos de las maravillas de la resurrección. Jesús viene hoy a nuestra desesperación personal, a la sala oscura donde nos hemos encerrado en los momentos más difíciles. El quiere sanar todas nuestras muertes, y llevarnos a la vida. Jesús no acepta nuestro sufrimiento. El es la vida, y nos pide que salgamos fuera de nuestra tumba. Escuchemos su voz que, como a Lázaro, nos llama a salir de nuestro sepulcro. Seamos conscientes de su presencia caminando a nuestro lado, y pidiéndonos: “¡despierta de tu muerte… porque estoy vivo!”.

Como siempre, Ignacio nos invita a hacernos presentes en estas escenas increíbles. Dejemos que estas historias familiares de la Resurrección se desarrollen en nosotros, y pongámonos en la escena. Utilicemos toda la belleza de la naturaleza para ayudarnos en la experiencia de alegría profunda. Cuando Ignacio escribió sus Ejercicios Espirituales, bien pudo haber recordado los días más agradables de su peregrinación a Montserrat: las cosas que veía y que le daban alegría de vivir. En esta “cuarta semana” voy a valerme de la luz, de lo que de agradable nos ofrece la naturaleza, de la frescura refrescante en verano, o del sol que nos calienta  en invierno, puesto que pienso o conjeturo que todo eso me ayudará a regocijarme en Cristo, mi creador y redentor.

Textos:

Juan 20,11-18. Junto a María Magdalena oigo mi nombre y respondo con alegría.

Juan 20,19-23. El miedo, la culpa y la confusión de los diez compañeros de Jesús me resultan familiares. En algún momento yo también los he sentido todos. Es ahí donde El quiere y tiene que venir. Le doy la bienvenida y me dispongo a recibir sus dones: la paz, la alegría, la misión, Espero siempre en su Espíritu, y cuento con su misericordia.

Juan 11,17-44. Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”. Jesús clamó: “¡Lázaro, sal fuera!”. Lázaro oyó que le llamaba de la muerte a la vida, de estar atado a ser libre. Yo, sentado al borde de la tumba, me planteo mis propias pequeñas muertes, y todo lo que está limitando mi libertad.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

 

Etapa 23

Pistas Ignacianas - Etapa 23. Palau d'Anglesola – Verdú (24,7 km)

Anotaciones: Mantenemos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa y con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con Jesús, nuestro “amigo”, en el coloquio al final de la oración y durante el día. En esta etapa hay que tener presente la pista ignaciana que hace referencia a San Pedro Claver. Pedro Claver fue discípulo de Jesucristo y misionero jesuita en América, llamado “el esclavo de los esclavos”.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo glorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, Y pedimos sentirnos enviados al mundo para continuar su misión.

Reflexiones: La gracia de estar vivo, la gracia de tener la resurrección en ti, es un regalo no sólo para ti, sino una gracia para compartir con los demás. Y es energía para ponerla al servicio de la misión de Jesús, para difundir la Buena Nueva del reino de Dios. Hoy nos sentimos renovados y, al mismo tiempo, comprometidos con nuestro mejor “amigo”, para ayudarle a realizar su misión en la tierra. El Padre sigue derramando el Espíritu de Cristo en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo. El nos consuela todavía y nos envía con la misión de consolar a los que sufren, a los pobres, y a todos los que anhelan la salvación. Como está escrito: “Envías tu Espíritu, y todo es creado; así renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104,30), Pedimos hoy al Señor el poder entrar en el gozo, y ser aceptados en la misión consoladora de Jesús, ya en su vida resucitada.

En el evangelio de Mateo nos encontramos con Jesús pidiendo a los discípulos que vayan a Galilea. Los discípulos eran los pecadores a los que él había invitado a ser sus compañeros; aquellos mismos que habían sido traidores en el último momento. Y ahora estamos con ellos, como discípulos, en nuestra peregrinación hacia el Reino. Estamos juntos con otros más pecadores o más fieles que nosotros. Pero poco importa, porque nuestra fuerza y nuestra sabiduría es Cristo. Así que no tengamos miedo de responder a su llamada. Nos encontramos en la montaña, ese lugar de encuentro entre Dios y su pueblo. Para nosotros, esa montaña puede ser un barrio, un laboratorio, una iglesia, una oficina, un salón, una escuela… Jesús nos da nuestra misión: ir, bautizar, enseñar, amar y comunicar la compasión de Dios para reconciliar a la humanidad. Se nos pide que cumplamos con la misión en cada momento, en cada circunstancia de la vida. Y Jesús nos dice unas palabras maravillosas. Nos promete que estará con nosotros en cada momento de alegría o de dolor. A pesar de que tal vez no nos sentimos dignos de su presencia, El se va a mantener fiel siempre cerca de nosotros. Aunque somos pecadores, infieles, limitados, El va a ofrecernos su Espíritu para transformar cualquier situación humana en una experiencia de crecimiento.

A pesar de que nuestra fe es débil, Jesús cuenta con nosotros. Tomás tiene que reconocer su falta de fe antes de ser enviado al mundo. Oremos para escuchar la llamada de Jesús que nos invita a seguirle, y a estar con El. Nos unimos a los discípulos en su misión y su bendición.

Textos:

Mateo 18,16-20: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo”.

Juan 20,24-29: Así como Jesús fue tolerante con la oscuridad y la incredulidad de Tomás, así lo es también conmigo hoy, y se complace en consolarme con el don de la fe. En su presencia amorosa yo también digo: “¡Señor mío, y Dios mío!”.

Juan 21, 1-17: El momento de la alegría: “¡Es el Señor!”. El momento de la compañía: “Venid a comer conmigo”. El momento de la intimidad y decisión: “¿Me amas?”. El momento de la misión: “Apacienta mis ovejas”.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y Señor Jesucristo. Hablamos con El confiadamente, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Palau d'Anglesola – Verdú

Pistas Ignacianas - Etapa 23. Palau d'Anglesola – Verdú (24,7 km)

Anotaciones: Mantenemos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa y con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con Jesús, nuestro “amigo”, en el coloquio al final de la oración y durante el día. En esta etapa hay que tener presente la pista ignaciana que hace referencia a San Pedro Claver. Pedro Claver fue discípulo de Jesucristo y misionero jesuita en América, llamado “el esclavo de los esclavos”.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo glorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, Y pedimos sentirnos enviados al mundo para continuar su misión.

Reflexiones: La gracia de estar vivo, la gracia de tener la resurrección en ti, es un regalo no sólo para ti, sino una gracia para compartir con los demás. Y es energía para ponerla al servicio de la misión de Jesús, para difundir la Buena Nueva del reino de Dios. Hoy nos sentimos renovados y, al mismo tiempo, comprometidos con nuestro mejor “amigo”, para ayudarle a realizar su misión en la tierra. El Padre sigue derramando el Espíritu de Cristo en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo. El nos consuela todavía y nos envía con la misión de consolar a los que sufren, a los pobres, y a todos los que anhelan la salvación. Como está escrito: “Envías tu Espíritu, y todo es creado; así renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104,30), Pedimos hoy al Señor el poder entrar en el gozo, y ser aceptados en la misión consoladora de Jesús, ya en su vida resucitada.

En el evangelio de Mateo nos encontramos con Jesús pidiendo a los discípulos que vayan a Galilea. Los discípulos eran los pecadores a los que él había invitado a ser sus compañeros; aquellos mismos que habían sido traidores en el último momento. Y ahora estamos con ellos, como discípulos, en nuestra peregrinación hacia el Reino. Estamos juntos con otros más pecadores o más fieles que nosotros. Pero poco importa, porque nuestra fuerza y nuestra sabiduría es Cristo. Así que no tengamos miedo de responder a su llamada. Nos encontramos en la montaña, ese lugar de encuentro entre Dios y su pueblo. Para nosotros, esa montaña puede ser un barrio, un laboratorio, una iglesia, una oficina, un salón, una escuela… Jesús nos da nuestra misión: ir, bautizar, enseñar, amar y comunicar la compasión de Dios para reconciliar a la humanidad. Se nos pide que cumplamos con la misión en cada momento, en cada circunstancia de la vida. Y Jesús nos dice unas palabras maravillosas. Nos promete que estará con nosotros en cada momento de alegría o de dolor. A pesar de que tal vez no nos sentimos dignos de su presencia, El se va a mantener fiel siempre cerca de nosotros. Aunque somos pecadores, infieles, limitados, El va a ofrecernos su Espíritu para transformar cualquier situación humana en una experiencia de crecimiento.

A pesar de que nuestra fe es débil, Jesús cuenta con nosotros. Tomás tiene que reconocer su falta de fe antes de ser enviado al mundo. Oremos para escuchar la llamada de Jesús que nos invita a seguirle, y a estar con El. Nos unimos a los discípulos en su misión y su bendición.

Textos:

Mateo 18,16-20: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo”.

Juan 20,24-29: Así como Jesús fue tolerante con la oscuridad y la incredulidad de Tomás, así lo es también conmigo hoy, y se complace en consolarme con el don de la fe. En su presencia amorosa yo también digo: “¡Señor mío, y Dios mío!”.

Juan 21, 1-17: El momento de la alegría: “¡Es el Señor!”. El momento de la compañía: “Venid a comer conmigo”. El momento de la intimidad y decisión: “¿Me amas?”. El momento de la misión: “Apacienta mis ovejas”.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y Señor Jesucristo. Hablamos con El confiadamente, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 23. Palau d'Anglesola – Verdú (24,7 km)

Anotaciones: Mantenemos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa y con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con Jesús, nuestro “amigo”, en el coloquio al final de la oración y durante el día. En esta etapa hay que tener presente la pista ignaciana que hace referencia a San Pedro Claver. Pedro Claver fue discípulo de Jesucristo y misionero jesuita en América, llamado “el esclavo de los esclavos”.

Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo glorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, Y pedimos sentirnos enviados al mundo para continuar su misión.

Reflexiones: La gracia de estar vivo, la gracia de tener la resurrección en ti, es un regalo no sólo para ti, sino una gracia para compartir con los demás. Y es energía para ponerla al servicio de la misión de Jesús, para difundir la Buena Nueva del reino de Dios. Hoy nos sentimos renovados y, al mismo tiempo, comprometidos con nuestro mejor “amigo”, para ayudarle a realizar su misión en la tierra. El Padre sigue derramando el Espíritu de Cristo en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo. El nos consuela todavía y nos envía con la misión de consolar a los que sufren, a los pobres, y a todos los que anhelan la salvación. Como está escrito: “Envías tu Espíritu, y todo es creado; así renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104,30), Pedimos hoy al Señor el poder entrar en el gozo, y ser aceptados en la misión consoladora de Jesús, ya en su vida resucitada.

En el evangelio de Mateo nos encontramos con Jesús pidiendo a los discípulos que vayan a Galilea. Los discípulos eran los pecadores a los que él había invitado a ser sus compañeros; aquellos mismos que habían sido traidores en el último momento. Y ahora estamos con ellos, como discípulos, en nuestra peregrinación hacia el Reino. Estamos juntos con otros más pecadores o más fieles que nosotros. Pero poco importa, porque nuestra fuerza y nuestra sabiduría es Cristo. Así que no tengamos miedo de responder a su llamada. Nos encontramos en la montaña, ese lugar de encuentro entre Dios y su pueblo. Para nosotros, esa montaña puede ser un barrio, un laboratorio, una iglesia, una oficina, un salón, una escuela… Jesús nos da nuestra misión: ir, bautizar, enseñar, amar y comunicar la compasión de Dios para reconciliar a la humanidad. Se nos pide que cumplamos con la misión en cada momento, en cada circunstancia de la vida. Y Jesús nos dice unas palabras maravillosas. Nos promete que estará con nosotros en cada momento de alegría o de dolor. A pesar de que tal vez no nos sentimos dignos de su presencia, El se va a mantener fiel siempre cerca de nosotros. Aunque somos pecadores, infieles, limitados, El va a ofrecernos su Espíritu para transformar cualquier situación humana en una experiencia de crecimiento.

A pesar de que nuestra fe es débil, Jesús cuenta con nosotros. Tomás tiene que reconocer su falta de fe antes de ser enviado al mundo. Oremos para escuchar la llamada de Jesús que nos invita a seguirle, y a estar con El. Nos unimos a los discípulos en su misión y su bendición.

Textos:

Mateo 18,16-20: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo”.

Juan 20,24-29: Así como Jesús fue tolerante con la oscuridad y la incredulidad de Tomás, así lo es también conmigo hoy, y se complace en consolarme con el don de la fe. En su presencia amorosa yo también digo: “¡Señor mío, y Dios mío!”.

Juan 21, 1-17: El momento de la alegría: “¡Es el Señor!”. El momento de la compañía: “Venid a comer conmigo”. El momento de la intimidad y decisión: “¿Me amas?”. El momento de la misión: “Apacienta mis ovejas”.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y Señor Jesucristo. Hablamos con El confiadamente, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 24

Pistas Ignacianas - Etapa 24. Verdú – Cervera (17 km)

Anotaciones: Aunque hoy meditamos sobre el episodio de las tentaciones de Jesús, mantenemos el mismo ánimo de alegría,  porque todavía estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad, y hacia la felicidad eterna. No olvidemos la oración “introductoria”, ni el coloquio al final de la oración, y durante todo el día. Y vivamos la alegría de la Resurrección de Cristo. La luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos.

Petición: Ruego al Padre poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego ser capaz de reconocer los engaños del mal y saber guardarme de ellos confiando, como lo hizo Jesús, plenamente en el amor.

Reflexiones: Ayer fuimos llamados a volver, como los discípulos, a Galilea, es decir, a nuestra “vida normal”. Tenemos una misión: trabajar por el Reino. Hoy vamos a considerar el comienzo de la misión de Jesús, y el discernimiento que tuvo que hacer antes de empezar a trabajar. El propósito de esta meditación es volver a considerar las estrategias de Jesús, y las estrategias del mal, conscientes de que estamos llamados a trabajar por el Reino en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo vamos a utilizar nuestras relaciones de poder, nuestros dones, nuestros talentos, nuestros recursos? Esta es la cuestión fundamental en el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Se nos dice que el mal le mostró a Jesús todos los reinos, y le dijo: “Todo esto te lo daré si te postras en tierra y me adoras”. Jesús le respondió: “Adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a El servirás”. Esta situación de crisis a la que se enfrentó Jesús en el desierto, es la misma situación de crisis a la que nos enfrentamos nosotros constantemente. ¿Podemos contener nuestros deseos y nuestras apetencias de placer, de alabanza, de adulación, de poder o de comodidad?  ¿Usamos nosotros el poder para servirnos a nosotros mismos o para contribuir a la construcción de la sociedad y del mundo que hemos heredado?  Traigamos a la mente las tentaciones que nos afligen. Puede que sean realmente vergonzosas, pero consideremos que Jesús, verdadero hombre, pudo haber padecido cualquiera de ellas. La respuesta de Jesús a la tentación fue confiar plenamente en Dios. Nosotros también podemos, en medio de nuestras tentaciones, recordar a Jesús, y confesar nuestra plena confianza en Dios. Recemos para que nos encontremos tan cerca de Jesús, que queramos elegir lo que El quiere.

Como ya hemos dicho, Jesús no escoge personas perfectas para que se conviertan en sus discípulos. El nos conoce muy bien. Teniendo en cuenta el tipo de personas que Jesús escogió, Ignacio nos invita a considerar que eran hombres rudos y humildes, y sin embargo, llamados a una alta misión. Este es nuestro misterio: venimos de muy abajo, y se nos destina a un alto servicio. La tentación está a nuestra puerta. ¡Eso es normal!

Ignacio plantea una reflexión sobre tres tipos de respuestas a la invitación que ayer se nos hizo para seguir a Jesús. Ignacio nos plantea el reto de pensar acerca de lo que significa ser de verdad espiritualmente libres para peregrinar junto a Jesús en su misión. Hablamos de la verdadera libertad, de la libertad que lleva a la acción, de la libertad  con la que Dios actúa en el mundo. Todos nos sentimos atraídos por cosas que se interponen en el camino de nuestro servicio a Dios y al mundo: el dinero, el sexo, el poder… Algunos, aunque tienen buenos deseos, nunca llegan a decidirse eficazmente a cambiar ese estilo de vida hasta el momento de la muerte. Otros son libres de verdad, y deciden tener o no tener, poder o no poder según sea la voluntad de Dios y su mayor servicio, y quedan contentos en cualquier caso. Es totalmente humano tener y experimentar “enganches” que nos roban la libertad. Tal vez sería suficiente para la meditación de hoy pedir con sinceridad el deseo de hacernos más libres de esos “enganches nocivos”, para no caer en las tentaciones del mal. Pedimos la iluminación de Dios.

Textos:

Mateo 4,1-11: La táctica del adversario no consiste en proponerle a Jesús hacer el mal, sino proponerle ser un Mesías con posesiones, con prestigio, con poder, y así tener éxito y ganar en eficacia; en lugar de ser un Mesías solidario con la pobreza, con la persecución, con la debilidad, como el Padre lo envió a ser.

Eclesiastés 3,1-22: Los seres humanos no podemos entender los caminos de Dios. Será mejor que estemos cerca de El. Todo tiene su tiempo. Debo respetar los tiempos de Dios en mi vida.

Proverbios 3,1-12: Mantengamos nuestra lealtad y nuestra fe en Dios, y nunca fallaremos.

Sabiduría 3,1-12: Los que han depositado su confianza en Dios, saben que El es verdadero, y que los que son fieles obtendrán el amor de Dios.

Mateo 6,24-34: Nadie puede servir a dos señores porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a vuestras riquezas materiales, o a vuestros pequeños ídolos.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el  Padre Nuestro.

Verdú – Cervera

Pistas Ignacianas - Etapa 24. Verdú – Cervera (17 km)

Anotaciones: Aunque hoy meditamos sobre el episodio de las tentaciones de Jesús, mantenemos el mismo ánimo de alegría,  porque todavía estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad, y hacia la felicidad eterna. No olvidemos la oración “introductoria”, ni el coloquio al final de la oración, y durante todo el día. Y vivamos la alegría de la Resurrección de Cristo. La luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos.

Petición: Ruego al Padre poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego ser capaz de reconocer los engaños del mal y saber guardarme de ellos confiando, como lo hizo Jesús, plenamente en el amor.

Reflexiones: Ayer fuimos llamados a volver, como los discípulos, a Galilea, es decir, a nuestra “vida normal”. Tenemos una misión: trabajar por el Reino. Hoy vamos a considerar el comienzo de la misión de Jesús, y el discernimiento que tuvo que hacer antes de empezar a trabajar. El propósito de esta meditación es volver a considerar las estrategias de Jesús, y las estrategias del mal, conscientes de que estamos llamados a trabajar por el Reino en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo vamos a utilizar nuestras relaciones de poder, nuestros dones, nuestros talentos, nuestros recursos? Esta es la cuestión fundamental en el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Se nos dice que el mal le mostró a Jesús todos los reinos, y le dijo: “Todo esto te lo daré si te postras en tierra y me adoras”. Jesús le respondió: “Adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a El servirás”. Esta situación de crisis a la que se enfrentó Jesús en el desierto, es la misma situación de crisis a la que nos enfrentamos nosotros constantemente. ¿Podemos contener nuestros deseos y nuestras apetencias de placer, de alabanza, de adulación, de poder o de comodidad?  ¿Usamos nosotros el poder para servirnos a nosotros mismos o para contribuir a la construcción de la sociedad y del mundo que hemos heredado?  Traigamos a la mente las tentaciones que nos afligen. Puede que sean realmente vergonzosas, pero consideremos que Jesús, verdadero hombre, pudo haber padecido cualquiera de ellas. La respuesta de Jesús a la tentación fue confiar plenamente en Dios. Nosotros también podemos, en medio de nuestras tentaciones, recordar a Jesús, y confesar nuestra plena confianza en Dios. Recemos para que nos encontremos tan cerca de Jesús, que queramos elegir lo que El quiere.

Como ya hemos dicho, Jesús no escoge personas perfectas para que se conviertan en sus discípulos. El nos conoce muy bien. Teniendo en cuenta el tipo de personas que Jesús escogió, Ignacio nos invita a considerar que eran hombres rudos y humildes, y sin embargo, llamados a una alta misión. Este es nuestro misterio: venimos de muy abajo, y se nos destina a un alto servicio. La tentación está a nuestra puerta. ¡Eso es normal!

Ignacio plantea una reflexión sobre tres tipos de respuestas a la invitación que ayer se nos hizo para seguir a Jesús. Ignacio nos plantea el reto de pensar acerca de lo que significa ser de verdad espiritualmente libres para peregrinar junto a Jesús en su misión. Hablamos de la verdadera libertad, de la libertad que lleva a la acción, de la libertad  con la que Dios actúa en el mundo. Todos nos sentimos atraídos por cosas que se interponen en el camino de nuestro servicio a Dios y al mundo: el dinero, el sexo, el poder… Algunos, aunque tienen buenos deseos, nunca llegan a decidirse eficazmente a cambiar ese estilo de vida hasta el momento de la muerte. Otros son libres de verdad, y deciden tener o no tener, poder o no poder según sea la voluntad de Dios y su mayor servicio, y quedan contentos en cualquier caso. Es totalmente humano tener y experimentar “enganches” que nos roban la libertad. Tal vez sería suficiente para la meditación de hoy pedir con sinceridad el deseo de hacernos más libres de esos “enganches nocivos”, para no caer en las tentaciones del mal. Pedimos la iluminación de Dios.

Textos:

Mateo 4,1-11: La táctica del adversario no consiste en proponerle a Jesús hacer el mal, sino proponerle ser un Mesías con posesiones, con prestigio, con poder, y así tener éxito y ganar en eficacia; en lugar de ser un Mesías solidario con la pobreza, con la persecución, con la debilidad, como el Padre lo envió a ser.

Eclesiastés 3,1-22: Los seres humanos no podemos entender los caminos de Dios. Será mejor que estemos cerca de El. Todo tiene su tiempo. Debo respetar los tiempos de Dios en mi vida.

Proverbios 3,1-12: Mantengamos nuestra lealtad y nuestra fe en Dios, y nunca fallaremos.

Sabiduría 3,1-12: Los que han depositado su confianza en Dios, saben que El es verdadero, y que los que son fieles obtendrán el amor de Dios.

Mateo 6,24-34: Nadie puede servir a dos señores porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a vuestras riquezas materiales, o a vuestros pequeños ídolos.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el  Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 24. Verdú – Cervera (17 km)

Anotaciones: Aunque hoy meditamos sobre el episodio de las tentaciones de Jesús, mantenemos el mismo ánimo de alegría,  porque todavía estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad, y hacia la felicidad eterna. No olvidemos la oración “introductoria”, ni el coloquio al final de la oración, y durante todo el día. Y vivamos la alegría de la Resurrección de Cristo. La luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos.

Petición: Ruego al Padre poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego ser capaz de reconocer los engaños del mal y saber guardarme de ellos confiando, como lo hizo Jesús, plenamente en el amor.

Reflexiones: Ayer fuimos llamados a volver, como los discípulos, a Galilea, es decir, a nuestra “vida normal”. Tenemos una misión: trabajar por el Reino. Hoy vamos a considerar el comienzo de la misión de Jesús, y el discernimiento que tuvo que hacer antes de empezar a trabajar. El propósito de esta meditación es volver a considerar las estrategias de Jesús, y las estrategias del mal, conscientes de que estamos llamados a trabajar por el Reino en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo vamos a utilizar nuestras relaciones de poder, nuestros dones, nuestros talentos, nuestros recursos? Esta es la cuestión fundamental en el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Se nos dice que el mal le mostró a Jesús todos los reinos, y le dijo: “Todo esto te lo daré si te postras en tierra y me adoras”. Jesús le respondió: “Adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a El servirás”. Esta situación de crisis a la que se enfrentó Jesús en el desierto, es la misma situación de crisis a la que nos enfrentamos nosotros constantemente. ¿Podemos contener nuestros deseos y nuestras apetencias de placer, de alabanza, de adulación, de poder o de comodidad?  ¿Usamos nosotros el poder para servirnos a nosotros mismos o para contribuir a la construcción de la sociedad y del mundo que hemos heredado?  Traigamos a la mente las tentaciones que nos afligen. Puede que sean realmente vergonzosas, pero consideremos que Jesús, verdadero hombre, pudo haber padecido cualquiera de ellas. La respuesta de Jesús a la tentación fue confiar plenamente en Dios. Nosotros también podemos, en medio de nuestras tentaciones, recordar a Jesús, y confesar nuestra plena confianza en Dios. Recemos para que nos encontremos tan cerca de Jesús, que queramos elegir lo que El quiere.

Como ya hemos dicho, Jesús no escoge personas perfectas para que se conviertan en sus discípulos. El nos conoce muy bien. Teniendo en cuenta el tipo de personas que Jesús escogió, Ignacio nos invita a considerar que eran hombres rudos y humildes, y sin embargo, llamados a una alta misión. Este es nuestro misterio: venimos de muy abajo, y se nos destina a un alto servicio. La tentación está a nuestra puerta. ¡Eso es normal!

Ignacio plantea una reflexión sobre tres tipos de respuestas a la invitación que ayer se nos hizo para seguir a Jesús. Ignacio nos plantea el reto de pensar acerca de lo que significa ser de verdad espiritualmente libres para peregrinar junto a Jesús en su misión. Hablamos de la verdadera libertad, de la libertad que lleva a la acción, de la libertad  con la que Dios actúa en el mundo. Todos nos sentimos atraídos por cosas que se interponen en el camino de nuestro servicio a Dios y al mundo: el dinero, el sexo, el poder… Algunos, aunque tienen buenos deseos, nunca llegan a decidirse eficazmente a cambiar ese estilo de vida hasta el momento de la muerte. Otros son libres de verdad, y deciden tener o no tener, poder o no poder según sea la voluntad de Dios y su mayor servicio, y quedan contentos en cualquier caso. Es totalmente humano tener y experimentar “enganches” que nos roban la libertad. Tal vez sería suficiente para la meditación de hoy pedir con sinceridad el deseo de hacernos más libres de esos “enganches nocivos”, para no caer en las tentaciones del mal. Pedimos la iluminación de Dios.

Textos:

Mateo 4,1-11: La táctica del adversario no consiste en proponerle a Jesús hacer el mal, sino proponerle ser un Mesías con posesiones, con prestigio, con poder, y así tener éxito y ganar en eficacia; en lugar de ser un Mesías solidario con la pobreza, con la persecución, con la debilidad, como el Padre lo envió a ser.

Eclesiastés 3,1-22: Los seres humanos no podemos entender los caminos de Dios. Será mejor que estemos cerca de El. Todo tiene su tiempo. Debo respetar los tiempos de Dios en mi vida.

Proverbios 3,1-12: Mantengamos nuestra lealtad y nuestra fe en Dios, y nunca fallaremos.

Sabiduría 3,1-12: Los que han depositado su confianza en Dios, saben que El es verdadero, y que los que son fieles obtendrán el amor de Dios.

Mateo 6,24-34: Nadie puede servir a dos señores porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a vuestras riquezas materiales, o a vuestros pequeños ídolos.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el  Padre Nuestro.

Etapa 25

Pistas Ignacianas - Etapa 25. Cervera – Igualada (38,6 km)

Anotaciones: Seguimos en nuestra “cuarta semana”, y mantenemos el mismo ánimo alegre, porque cada vez más nos unimos a Jesucristo en su misión. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua, los amigos… son bienvenidos. De nuevo, la pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio: compremos ropas nuevas que reflejen  el cambio interior que hemos ido experimentando en nuestra peregrinación.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Le ruego que me haga capaz de reconocer en mi vida su presencia transfigurada, de acompañarle en su misión de reconciliación, y de dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: Jesús necesita de nuestras manos para acoger a quienes están necesitados de atención, de reconciliación y de vida. Jesús necesita de nuestra voluntad, de nuestros deseos de avanzar, para poder seguir construyendo el Reino entre nosotros. Jesús resucitado nos llama a seguirle, y a participar con El en la transformación que ya se ha iniciado en el mundo. En los evangelios, Jesús llama a varias personas explícitamente por su nombre. Contemplando hoy los misterios propuestos, oímos nuestro propio nombre, y descubrimos que nuestro interior se remueve. ¿Qué siento yo al ser llamado hoy como lo fue Zaqueo? ¿Qué significa para mí sentirme junto a Jesús?

El relato de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor es un anuncio de la realidad oculta en nuestra propia humanidad, tantas veces demasiado opaca. La luz está en nosotros. La esencia divina nos habita, y es perceptible desde el mismo momento de nuestra concepción. Ciertamente nuestra condición humana resulta un “filtro opaco” a esa luz divina. A veces nos llegamos a transformar más en “agujeros negros” que en “estrellas de luz”. El sufrimiento, la injusticia, el absurdo que nos rodean tantas veces hacen que el filtro apague hasta la más pequeña chispa de luz. Pero en Jesús resucitado descubrimos que, a pesar de todos los sinsentidos que hemos de vivir, la luz sigue ardiente en nosotros, y esta experiencia nos transfigura. Nada nos podrá separar del amor de Dios. Todo puede ser transfigurado en su amor.

Jesús resucitado es la vida de Dios con nosotros. Quien comunica este mensaje con su vida, no fallará. ¿Qué es lo que ha de ser transfigurado en nuestra vida? ¿Qué es lo que no deja pasar la luz divina a través de nosotros?

Textos:

Lucas 19,1-10: Jesús llama a Zaqueo, y le pide que descienda de sus preocupaciones y de su estilo de vida. Si deseas ver a Jesús, baja de los montajes que te has hecho. Si deseas encontrarlo en tu vida, ve a tu casa, que El está allí esperándote. Déjate llevar por El. Vuestro encuentro será generosamente fructífero y transfigurador.

Romanos 8,31-39: Nada nos puede separar del amor de Dios.

Mateo 17,1-13: Jesús llama a sus discípulos, y les pide que le acompañen en su transfiguración. Yo también necesito subir con El a la montaña. El dolor y las dificultades pueden mermar nuestra fe y nuestra decisión. Pero si creemos en la resurrección, creemos que la vida no tiene final, que nada puede ocultar la luz en nosotros, que nada puede acallar la Palabra en nosotros.

Mateo 17,14-21: Llamados a servir a Jesucristo y a colaborar en la misión, nuestra fe no puede ser débil. Si creemos en El, no fallaremos. Pero si creemos más en nosotros y en nuestras posibilidades, aunque llevemos su nombre, no conseguiremos nada.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Cervera – Igualada

Pistas Ignacianas - Etapa 25. Cervera – Igualada (38,6 km)

Anotaciones: Seguimos en nuestra “cuarta semana”, y mantenemos el mismo ánimo alegre, porque cada vez más nos unimos a Jesucristo en su misión. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua, los amigos… son bienvenidos. De nuevo, la pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio: compremos ropas nuevas que reflejen  el cambio interior que hemos ido experimentando en nuestra peregrinación.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Le ruego que me haga capaz de reconocer en mi vida su presencia transfigurada, de acompañarle en su misión de reconciliación, y de dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: Jesús necesita de nuestras manos para acoger a quienes están necesitados de atención, de reconciliación y de vida. Jesús necesita de nuestra voluntad, de nuestros deseos de avanzar, para poder seguir construyendo el Reino entre nosotros. Jesús resucitado nos llama a seguirle, y a participar con El en la transformación que ya se ha iniciado en el mundo. En los evangelios, Jesús llama a varias personas explícitamente por su nombre. Contemplando hoy los misterios propuestos, oímos nuestro propio nombre, y descubrimos que nuestro interior se remueve. ¿Qué siento yo al ser llamado hoy como lo fue Zaqueo? ¿Qué significa para mí sentirme junto a Jesús?

El relato de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor es un anuncio de la realidad oculta en nuestra propia humanidad, tantas veces demasiado opaca. La luz está en nosotros. La esencia divina nos habita, y es perceptible desde el mismo momento de nuestra concepción. Ciertamente nuestra condición humana resulta un “filtro opaco” a esa luz divina. A veces nos llegamos a transformar más en “agujeros negros” que en “estrellas de luz”. El sufrimiento, la injusticia, el absurdo que nos rodean tantas veces hacen que el filtro apague hasta la más pequeña chispa de luz. Pero en Jesús resucitado descubrimos que, a pesar de todos los sinsentidos que hemos de vivir, la luz sigue ardiente en nosotros, y esta experiencia nos transfigura. Nada nos podrá separar del amor de Dios. Todo puede ser transfigurado en su amor.

Jesús resucitado es la vida de Dios con nosotros. Quien comunica este mensaje con su vida, no fallará. ¿Qué es lo que ha de ser transfigurado en nuestra vida? ¿Qué es lo que no deja pasar la luz divina a través de nosotros?

Textos:

Lucas 19,1-10: Jesús llama a Zaqueo, y le pide que descienda de sus preocupaciones y de su estilo de vida. Si deseas ver a Jesús, baja de los montajes que te has hecho. Si deseas encontrarlo en tu vida, ve a tu casa, que El está allí esperándote. Déjate llevar por El. Vuestro encuentro será generosamente fructífero y transfigurador.

Romanos 8,31-39: Nada nos puede separar del amor de Dios.

Mateo 17,1-13: Jesús llama a sus discípulos, y les pide que le acompañen en su transfiguración. Yo también necesito subir con El a la montaña. El dolor y las dificultades pueden mermar nuestra fe y nuestra decisión. Pero si creemos en la resurrección, creemos que la vida no tiene final, que nada puede ocultar la luz en nosotros, que nada puede acallar la Palabra en nosotros.

Mateo 17,14-21: Llamados a servir a Jesucristo y a colaborar en la misión, nuestra fe no puede ser débil. Si creemos en El, no fallaremos. Pero si creemos más en nosotros y en nuestras posibilidades, aunque llevemos su nombre, no conseguiremos nada.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 25. Cervera – Igualada (38,6 km)

Anotaciones: Seguimos en nuestra “cuarta semana”, y mantenemos el mismo ánimo alegre, porque cada vez más nos unimos a Jesucristo en su misión. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua, los amigos… son bienvenidos. De nuevo, la pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio: compremos ropas nuevas que reflejen  el cambio interior que hemos ido experimentando en nuestra peregrinación.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Le ruego que me haga capaz de reconocer en mi vida su presencia transfigurada, de acompañarle en su misión de reconciliación, y de dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: Jesús necesita de nuestras manos para acoger a quienes están necesitados de atención, de reconciliación y de vida. Jesús necesita de nuestra voluntad, de nuestros deseos de avanzar, para poder seguir construyendo el Reino entre nosotros. Jesús resucitado nos llama a seguirle, y a participar con El en la transformación que ya se ha iniciado en el mundo. En los evangelios, Jesús llama a varias personas explícitamente por su nombre. Contemplando hoy los misterios propuestos, oímos nuestro propio nombre, y descubrimos que nuestro interior se remueve. ¿Qué siento yo al ser llamado hoy como lo fue Zaqueo? ¿Qué significa para mí sentirme junto a Jesús?

El relato de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor es un anuncio de la realidad oculta en nuestra propia humanidad, tantas veces demasiado opaca. La luz está en nosotros. La esencia divina nos habita, y es perceptible desde el mismo momento de nuestra concepción. Ciertamente nuestra condición humana resulta un “filtro opaco” a esa luz divina. A veces nos llegamos a transformar más en “agujeros negros” que en “estrellas de luz”. El sufrimiento, la injusticia, el absurdo que nos rodean tantas veces hacen que el filtro apague hasta la más pequeña chispa de luz. Pero en Jesús resucitado descubrimos que, a pesar de todos los sinsentidos que hemos de vivir, la luz sigue ardiente en nosotros, y esta experiencia nos transfigura. Nada nos podrá separar del amor de Dios. Todo puede ser transfigurado en su amor.

Jesús resucitado es la vida de Dios con nosotros. Quien comunica este mensaje con su vida, no fallará. ¿Qué es lo que ha de ser transfigurado en nuestra vida? ¿Qué es lo que no deja pasar la luz divina a través de nosotros?

Textos:

Lucas 19,1-10: Jesús llama a Zaqueo, y le pide que descienda de sus preocupaciones y de su estilo de vida. Si deseas ver a Jesús, baja de los montajes que te has hecho. Si deseas encontrarlo en tu vida, ve a tu casa, que El está allí esperándote. Déjate llevar por El. Vuestro encuentro será generosamente fructífero y transfigurador.

Romanos 8,31-39: Nada nos puede separar del amor de Dios.

Mateo 17,1-13: Jesús llama a sus discípulos, y les pide que le acompañen en su transfiguración. Yo también necesito subir con El a la montaña. El dolor y las dificultades pueden mermar nuestra fe y nuestra decisión. Pero si creemos en la resurrección, creemos que la vida no tiene final, que nada puede ocultar la luz en nosotros, que nada puede acallar la Palabra en nosotros.

Mateo 17,14-21: Llamados a servir a Jesucristo y a colaborar en la misión, nuestra fe no puede ser débil. Si creemos en El, no fallaremos. Pero si creemos más en nosotros y en nuestras posibilidades, aunque llevemos su nombre, no conseguiremos nada.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 26

Pistas Ignacianas - Etapa 26. Igualada – Montserrat (27 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos. La pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio. Dediquemos un rato de oración especial junto a la Virgen Morena de Montserrat.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego recibir el Espíritu para poder más acompañar a Jesús y servirle en su misión de reconciliar y dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: El Espíritu de Dios nos confirma en la misión que hemos recibido. Aún más: el mismo Espíritu nos acompaña y nos fortalece en las dificultades que salen a nuestro encuentro. Seguimos la dinámica de las otras semanas. El verdadero Rey nos pide que le acompañemos en su conquista del bien contra el absurdo de la destrucción del ser humano. El Espíritu nos impulsa en nuestro peregrinar por toda la tierra, anunciando la Buena Noticia.

El Espíritu rompe barreras, abre caminos. El Espíritu crea fraternidad, crea comunidad, crea humanidad, crea imagen de Dios en el mundo. El Espíritu nos despierta, nos ilumina, nos saca de nuestra sordera y de nuestra ceguera. El Espíritu nos pone en marcha, nos empuja y no nos deja sentarnos mucho tiempo. El Espíritu nos aguijonea, nos hace salir de nuestras comodidades, nos rompe nuestros esquemas bien hechos. El Espíritu nos llena de compasión, de amor, de necesidad de entrega. El Espíritu nos eleva, nos hace soñar, nos hace infinitos. En el Espíritu todo lo podemos esperar, todo lo podemos soportar, todo lo podemos realizar. El Espíritu es la gran presencia de Dios en nuestra vida.

A lo largo de nuestra peregrinación hemos ido “respirando” al Espíritu. Hoy pedimos ser conscientes de esa presencia en nosotros. ¿Dónde encuentro la actuación del Espíritu en mí? ¿Dónde lo encuentro actuando en los otros?  ¿En qué lo reconozco actuando en el mundo?

Insistir en la petición.

Textos:

Juan 16,5-15: Recuerdo las palabras de Jesús sobre la acción del Espíritu Santo.

Hechos 2,1-21: La promesa de la venida del Espíritu se cumple el día de Pentecostés.

Hechos 10,44-48: Mientras Pedro estaba hablando, El Espíritu Santo descendió sobre todos los que le escuchaban. La obra de la evangelización había comenzado. Ruego también abrazar este trabajo con determinación,

Lucas 4,14-20: Jesús volvió a Galilea investido con el poder del Espíritu. Ahora que se acerca el momento mi regreso a casa, ruego ser también yo investido con la fuerza del Espíritu. Necesito al Espíritu para cumplir la misión del Reino de Dios.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.

Igualada – Montserrat

Pistas Ignacianas - Etapa 26. Igualada – Montserrat (27 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos. La pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio. Dediquemos un rato de oración especial junto a la Virgen Morena de Montserrat.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego recibir el Espíritu para poder más acompañar a Jesús y servirle en su misión de reconciliar y dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: El Espíritu de Dios nos confirma en la misión que hemos recibido. Aún más: el mismo Espíritu nos acompaña y nos fortalece en las dificultades que salen a nuestro encuentro. Seguimos la dinámica de las otras semanas. El verdadero Rey nos pide que le acompañemos en su conquista del bien contra el absurdo de la destrucción del ser humano. El Espíritu nos impulsa en nuestro peregrinar por toda la tierra, anunciando la Buena Noticia.

El Espíritu rompe barreras, abre caminos. El Espíritu crea fraternidad, crea comunidad, crea humanidad, crea imagen de Dios en el mundo. El Espíritu nos despierta, nos ilumina, nos saca de nuestra sordera y de nuestra ceguera. El Espíritu nos pone en marcha, nos empuja y no nos deja sentarnos mucho tiempo. El Espíritu nos aguijonea, nos hace salir de nuestras comodidades, nos rompe nuestros esquemas bien hechos. El Espíritu nos llena de compasión, de amor, de necesidad de entrega. El Espíritu nos eleva, nos hace soñar, nos hace infinitos. En el Espíritu todo lo podemos esperar, todo lo podemos soportar, todo lo podemos realizar. El Espíritu es la gran presencia de Dios en nuestra vida.

A lo largo de nuestra peregrinación hemos ido “respirando” al Espíritu. Hoy pedimos ser conscientes de esa presencia en nosotros. ¿Dónde encuentro la actuación del Espíritu en mí? ¿Dónde lo encuentro actuando en los otros?  ¿En qué lo reconozco actuando en el mundo?

Insistir en la petición.

Textos:

Juan 16,5-15: Recuerdo las palabras de Jesús sobre la acción del Espíritu Santo.

Hechos 2,1-21: La promesa de la venida del Espíritu se cumple el día de Pentecostés.

Hechos 10,44-48: Mientras Pedro estaba hablando, El Espíritu Santo descendió sobre todos los que le escuchaban. La obra de la evangelización había comenzado. Ruego también abrazar este trabajo con determinación,

Lucas 4,14-20: Jesús volvió a Galilea investido con el poder del Espíritu. Ahora que se acerca el momento mi regreso a casa, ruego ser también yo investido con la fuerza del Espíritu. Necesito al Espíritu para cumplir la misión del Reino de Dios.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 26. Igualada – Montserrat (27 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua y los amigos son bienvenidos. La pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio. Dediquemos un rato de oración especial junto a la Virgen Morena de Montserrat.

Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Ruego recibir el Espíritu para poder más acompañar a Jesús y servirle en su misión de reconciliar y dar la vida por la humanidad.

Reflexiones: El Espíritu de Dios nos confirma en la misión que hemos recibido. Aún más: el mismo Espíritu nos acompaña y nos fortalece en las dificultades que salen a nuestro encuentro. Seguimos la dinámica de las otras semanas. El verdadero Rey nos pide que le acompañemos en su conquista del bien contra el absurdo de la destrucción del ser humano. El Espíritu nos impulsa en nuestro peregrinar por toda la tierra, anunciando la Buena Noticia.

El Espíritu rompe barreras, abre caminos. El Espíritu crea fraternidad, crea comunidad, crea humanidad, crea imagen de Dios en el mundo. El Espíritu nos despierta, nos ilumina, nos saca de nuestra sordera y de nuestra ceguera. El Espíritu nos pone en marcha, nos empuja y no nos deja sentarnos mucho tiempo. El Espíritu nos aguijonea, nos hace salir de nuestras comodidades, nos rompe nuestros esquemas bien hechos. El Espíritu nos llena de compasión, de amor, de necesidad de entrega. El Espíritu nos eleva, nos hace soñar, nos hace infinitos. En el Espíritu todo lo podemos esperar, todo lo podemos soportar, todo lo podemos realizar. El Espíritu es la gran presencia de Dios en nuestra vida.

A lo largo de nuestra peregrinación hemos ido “respirando” al Espíritu. Hoy pedimos ser conscientes de esa presencia en nosotros. ¿Dónde encuentro la actuación del Espíritu en mí? ¿Dónde lo encuentro actuando en los otros?  ¿En qué lo reconozco actuando en el mundo?

Insistir en la petición.

Textos:

Juan 16,5-15: Recuerdo las palabras de Jesús sobre la acción del Espíritu Santo.

Hechos 2,1-21: La promesa de la venida del Espíritu se cumple el día de Pentecostés.

Hechos 10,44-48: Mientras Pedro estaba hablando, El Espíritu Santo descendió sobre todos los que le escuchaban. La obra de la evangelización había comenzado. Ruego también abrazar este trabajo con determinación,

Lucas 4,14-20: Jesús volvió a Galilea investido con el poder del Espíritu. Ahora que se acerca el momento mi regreso a casa, ruego ser también yo investido con la fuerza del Espíritu. Necesito al Espíritu para cumplir la misión del Reino de Dios.

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.

Etapa 27

Pistas Ignacianas - Etapa 27. Montserrat – Manresa (24,6 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña en esta última etapa de peregrinación “exterior”. La tan ansiada meta de Manresa está ya a la vista. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. Dejemos que nuestro corazón se llene del Espíritu, y que su fuerza nos acompañe en este día que ha de suponer un hito en nuestra vida. La pista ignaciana de hoy nos introduce ya en la posible continuación de nuestra peregrinación interior. No hemos de olvidar nuestra última oración en Manresa.

Petición: Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

Reflexiones: El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo están siempre atentos a nuestra realidad, “compartiéndose” con nosotros. Este intercambio nos capacita para ser contemplativos en la acción, es decir, para encontrar a Dios en todas las cosas. Los jesuitas dijeron en su Congregación General 32, que “cada miembro de cada comunidad jesuita es consciente de lo que dice San Ignacio sobre el amor, que consiste en compartir lo que uno tiene, lo que uno es, y es así como se ama”. Dedicamos nuestra meditación de hoy a este concepto de amor como intercambio de lo que cada uno es y posee. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a contemplar cómo el amor nos viene dado y compartido generosamente desde la bondad de Dios, y cómo a tal cascada de dones y de gracias nosotros hemos de responder de forma también generosa. Vamos a seguir las indicaciones de Ignacio, dejando que nuestro corazón se pierda en el amor de Dios. Los pasos de esta contemplación ignaciana son:

CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR

Primero conviene advertir dos cosas:

La primera es que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras-

La segunda es que el amor consiste en comunicación de las dos partes; es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene sabiduría, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

Luego vuelvo a la oración introductoria, y pido que todo sea ordenado a la voluntad de Dios.

A continuación me sitúo en la contemplación que voy a hacer. Imagino que estoy delante de Dios Padre, de Jesús, el Hijo, y del Espíritu de amor que me ha creado en mi humanidad.

Renuevo el deseo de hoy. Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

El primer punto de la contemplación es traer a la memoria los beneficios recibidos de parte de Dios, tanto sea por el hecho de haber nacido, como por haber sido salvado por Jesús, como por dones particulares en mi persona, ponderando con mucho afecto cuánto ha hecho Dios nuestro Señor por mí, y cuánto me ha dado de lo que tiene y es en El mismo. Y con esto reflexionar en mí mismo, considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a su Divina Majestad, es a saber, todas mis cosas, y a mí mismo con ellas.

Además, puedo considerar que aquel que desee ser más consecuente hará el siguiente ofrecimiento: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

Acabado el primer punto, Ignacio nos propone un segundo: mirar cómo Dios habita en toda la creación entera. En las criaturas vivas, en los elementos naturales dando ser; en las plantas, vegetando; en los animales, dando sentidos; en los hombres, dando entender, así mismo haciéndonos templo de Dios, siendo creados a semejanza e imagen de su Divina Majestad. Otro tanto, pensando en mí mismo, la forma en que yo habito en lo que hago, y al servicio de quién lo pongo. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El tercero consiste en considerar cómo Dios trabaja y se afana por mí en todas las cosas criadas sobre la tierra. Así como en los cielos, elementos, plantas, frutos, ganados, etc., dando ser, conservando, vegetando y dando sentidos, etc. Después pensar sobre mí mismo lo que yo puedo hacer a cambio de ese amor. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El cuarto punto consiste en mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba, así como mi fuerza proviene del poder infinito de Dios, y así también la justicia, la bondad, la piedad, la misericordia, y todas las otras cosas buenas que soy capaz de percibir en mí y en el mundo, tal y como del sol descienden los rayos, de la fuente descienden las aguas, etc. Después de considerar el origen de todos los bienes, acabar pensando en mí mismo, la forma cómo yo retorno todo lo que recibo de arriba. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.

Montserrat – Manresa

Pistas Ignacianas - Etapa 27. Montserrat – Manresa (24,6 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña en esta última etapa de peregrinación “exterior”. La tan ansiada meta de Manresa está ya a la vista. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. Dejemos que nuestro corazón se llene del Espíritu, y que su fuerza nos acompañe en este día que ha de suponer un hito en nuestra vida. La pista ignaciana de hoy nos introduce ya en la posible continuación de nuestra peregrinación interior. No hemos de olvidar nuestra última oración en Manresa.

Petición: Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

Reflexiones: El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo están siempre atentos a nuestra realidad, “compartiéndose” con nosotros. Este intercambio nos capacita para ser contemplativos en la acción, es decir, para encontrar a Dios en todas las cosas. Los jesuitas dijeron en su Congregación General 32, que “cada miembro de cada comunidad jesuita es consciente de lo que dice San Ignacio sobre el amor, que consiste en compartir lo que uno tiene, lo que uno es, y es así como se ama”. Dedicamos nuestra meditación de hoy a este concepto de amor como intercambio de lo que cada uno es y posee. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a contemplar cómo el amor nos viene dado y compartido generosamente desde la bondad de Dios, y cómo a tal cascada de dones y de gracias nosotros hemos de responder de forma también generosa. Vamos a seguir las indicaciones de Ignacio, dejando que nuestro corazón se pierda en el amor de Dios. Los pasos de esta contemplación ignaciana son:

CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR

Primero conviene advertir dos cosas:

La primera es que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras-

La segunda es que el amor consiste en comunicación de las dos partes; es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene sabiduría, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

Luego vuelvo a la oración introductoria, y pido que todo sea ordenado a la voluntad de Dios.

A continuación me sitúo en la contemplación que voy a hacer. Imagino que estoy delante de Dios Padre, de Jesús, el Hijo, y del Espíritu de amor que me ha creado en mi humanidad.

Renuevo el deseo de hoy. Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

El primer punto de la contemplación es traer a la memoria los beneficios recibidos de parte de Dios, tanto sea por el hecho de haber nacido, como por haber sido salvado por Jesús, como por dones particulares en mi persona, ponderando con mucho afecto cuánto ha hecho Dios nuestro Señor por mí, y cuánto me ha dado de lo que tiene y es en El mismo. Y con esto reflexionar en mí mismo, considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a su Divina Majestad, es a saber, todas mis cosas, y a mí mismo con ellas.

Además, puedo considerar que aquel que desee ser más consecuente hará el siguiente ofrecimiento: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

Acabado el primer punto, Ignacio nos propone un segundo: mirar cómo Dios habita en toda la creación entera. En las criaturas vivas, en los elementos naturales dando ser; en las plantas, vegetando; en los animales, dando sentidos; en los hombres, dando entender, así mismo haciéndonos templo de Dios, siendo creados a semejanza e imagen de su Divina Majestad. Otro tanto, pensando en mí mismo, la forma en que yo habito en lo que hago, y al servicio de quién lo pongo. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El tercero consiste en considerar cómo Dios trabaja y se afana por mí en todas las cosas criadas sobre la tierra. Así como en los cielos, elementos, plantas, frutos, ganados, etc., dando ser, conservando, vegetando y dando sentidos, etc. Después pensar sobre mí mismo lo que yo puedo hacer a cambio de ese amor. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El cuarto punto consiste en mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba, así como mi fuerza proviene del poder infinito de Dios, y así también la justicia, la bondad, la piedad, la misericordia, y todas las otras cosas buenas que soy capaz de percibir en mí y en el mundo, tal y como del sol descienden los rayos, de la fuente descienden las aguas, etc. Después de considerar el origen de todos los bienes, acabar pensando en mí mismo, la forma cómo yo retorno todo lo que recibo de arriba. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.

Pistas Ignacianas - Etapa 27. Montserrat – Manresa (24,6 km)

Anotaciones: La alegría nos acompaña en esta última etapa de peregrinación “exterior”. La tan ansiada meta de Manresa está ya a la vista. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. Dejemos que nuestro corazón se llene del Espíritu, y que su fuerza nos acompañe en este día que ha de suponer un hito en nuestra vida. La pista ignaciana de hoy nos introduce ya en la posible continuación de nuestra peregrinación interior. No hemos de olvidar nuestra última oración en Manresa.

Petición: Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

Reflexiones: El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo están siempre atentos a nuestra realidad, “compartiéndose” con nosotros. Este intercambio nos capacita para ser contemplativos en la acción, es decir, para encontrar a Dios en todas las cosas. Los jesuitas dijeron en su Congregación General 32, que “cada miembro de cada comunidad jesuita es consciente de lo que dice San Ignacio sobre el amor, que consiste en compartir lo que uno tiene, lo que uno es, y es así como se ama”. Dedicamos nuestra meditación de hoy a este concepto de amor como intercambio de lo que cada uno es y posee. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a contemplar cómo el amor nos viene dado y compartido generosamente desde la bondad de Dios, y cómo a tal cascada de dones y de gracias nosotros hemos de responder de forma también generosa. Vamos a seguir las indicaciones de Ignacio, dejando que nuestro corazón se pierda en el amor de Dios. Los pasos de esta contemplación ignaciana son:

CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR

Primero conviene advertir dos cosas:

La primera es que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras-

La segunda es que el amor consiste en comunicación de las dos partes; es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene sabiduría, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

Luego vuelvo a la oración introductoria, y pido que todo sea ordenado a la voluntad de Dios.

A continuación me sitúo en la contemplación que voy a hacer. Imagino que estoy delante de Dios Padre, de Jesús, el Hijo, y del Espíritu de amor que me ha creado en mi humanidad.

Renuevo el deseo de hoy. Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

El primer punto de la contemplación es traer a la memoria los beneficios recibidos de parte de Dios, tanto sea por el hecho de haber nacido, como por haber sido salvado por Jesús, como por dones particulares en mi persona, ponderando con mucho afecto cuánto ha hecho Dios nuestro Señor por mí, y cuánto me ha dado de lo que tiene y es en El mismo. Y con esto reflexionar en mí mismo, considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a su Divina Majestad, es a saber, todas mis cosas, y a mí mismo con ellas.

Además, puedo considerar que aquel que desee ser más consecuente hará el siguiente ofrecimiento: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

Acabado el primer punto, Ignacio nos propone un segundo: mirar cómo Dios habita en toda la creación entera. En las criaturas vivas, en los elementos naturales dando ser; en las plantas, vegetando; en los animales, dando sentidos; en los hombres, dando entender, así mismo haciéndonos templo de Dios, siendo creados a semejanza e imagen de su Divina Majestad. Otro tanto, pensando en mí mismo, la forma en que yo habito en lo que hago, y al servicio de quién lo pongo. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El tercero consiste en considerar cómo Dios trabaja y se afana por mí en todas las cosas criadas sobre la tierra. Así como en los cielos, elementos, plantas, frutos, ganados, etc., dando ser, conservando, vegetando y dando sentidos, etc. Después pensar sobre mí mismo lo que yo puedo hacer a cambio de ese amor. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El cuarto punto consiste en mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba, así como mi fuerza proviene del poder infinito de Dios, y así también la justicia, la bondad, la piedad, la misericordia, y todas las otras cosas buenas que soy capaz de percibir en mí y en el mundo, tal y como del sol descienden los rayos, de la fuente descienden las aguas, etc. Después de considerar el origen de todos los bienes, acabar pensando en mí mismo, la forma cómo yo retorno todo lo que recibo de arriba. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Acabar con el Padre Nuestro.