Pistas ignacianas 28

Última meditación de nuestros Ejercicios Espirituales.

Anotaciones: La práctica de estos Ejercicios nos ha dado ya un estilo personal. Cada peregrino ha de encontrar la forma de seguir avanzando y superando etapas en su “peregrinación interior”. Si se desea, en la Cova de Manresa hay bastante material editado para poder seguir creciendo en esta espiritualidad ignaciana. Pedir consejo será siempre bueno.

Petición: Pido al Padre que me dé un conocimiento íntimo de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad. Pido que la experiencia de San Ignacio de Loyola me pueda orientar también en mi propia vida.

Reflexiones: Hoy retornamos a la misma meditación de ayer, pero centrándonos en la peregrinación que hemos acabado. Todo el camino ignaciano ha sido una experiencia del amor de Dios en múltiples manifestaciones. Dedicamos nuestro tiempo de meditación a repasar, a la luz de la contemplación del amor, todas las etapas de nuestro camino. Damos gracias y nos preparamos para la vuelta a nuestro mundo cotidiano.

CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR

Primero conviene advertir dos cosas:

La primera es que al amor se debe poner más en las obras que en las palabras.

La segunda es que el amor consiste en la comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado de lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así por el contrario el amado al amante. De manera que si el uno tiene sabiduría, dar al que no la tiene; si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

Luego vuelvo a la oración introductoria, y pido que todo sea ordenado a la voluntad de Dios.

A continuación, me sitúo en la contemplación que voy a hacer. Imagino que estoy delante de Dios Padre, de Jesús, el Hijo, y del Espíritu de amor que me ha creado en mi humanidad.

Pido a Dios que me dé un conocimiento interno de los muchos dones recibidos, y que, lleno de gratitud por todos ellos, pueda en todo amar y servir a la Divina Majestad.

El primer punto es traer a la memoria los beneficios recibidos de parte de Dios a lo largo de toda la peregrinación, tanto los que me parecieron buenos desde el principio, como los que  no me lo parecieron tanto, y descubro ahora como no tan malos. Y con esto, reflexionar en mí mismo considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a su Divina Majestad, es a saber, todas mis cosas y a mí mismo con ellas.

Además, puedo considerar que aquel que desee ser más consciente, hará el siguiente ofrecimiento: Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor,  lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

El segundo punto es mirar cómo Dios estaba presente en cada uno de los encuentros, de las cosas, de lo que me rodeaba, en mi interior. Otro tanto pensando en mí mismo, la forma cómo yo habito en lo que hago, y al servicio de quién lo pongo. Acabar este punto repitiendo el ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El tercer punto consiste en considerar cómo Dios trabajaba y se afanaba por mí en todas las cosas y seres que he descubierto en el camino. Después, pensar sobre mí mismo lo que yo puedo hacer a cambio de ese amor. Acabar de nuevo este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

El cuarto punto es mirar cómo todos los bienes y dones recibidos a lo largo de mi peregrinación han descendido de arriba, así cómo mis fuerzas provenían del poder infinito de Dios, y así también la justicia, la bondad, la piedad, la misericordia y todas otras cosas buenas que soy capaz de percibir en mí, tal y como del sol descienden los rayos, de la fuente descienden las aguas, etc. Después de considerar el origen de todos los bienes pensar en mí mismo, la forma cómo yo retorno todo lo que he recibido de arriba en mi peregrinación. Acabar este punto volviendo al ofrecimiento del punto anterior: Tomad, Señor, y recibid…

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado hoy,  hablando con Jesús como un amigo habla con otro. Sincerarse con El sobre lo hallado en este rato de oración. Acabar con el Padre Nuestro.