Autobiografía

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Ignacio desea cambiar de vida y para ello nada mejor que dejar todas las cuentas claras y bien cerradas. Y aunque no había dinero, el Duque de Nájera no dudará en mostrar su amor hacia Ignacio concediéndole todo lo que pedía.

«Y viniéndole a la memoria de unos pocos de ducados que le debían en casa del duque, le pareció que sería bien cobrarlos, para lo cual escribió una cédula al tesorero; y diciendo el tesorero que no tenía dineros, y sabiéndolo el duque, dijo que para todo podía faltar, mas que para Loyola no faltasen; al cual deseaba dar una buena tenencia, si la quisiese aceptar, por el crédito que había ganado en lo pasado. Y cobró los dineros, mandándolos repartir en ciertas personas a quienes se sentía obligado, y parte a una imagen de nuestra Señora, que estaba mal concertada, para que se concertase y ornase muy bien. Y así, despidiendo los dos criados que iban con él, se partió solo en su mula de Navarrete para Montserrat. Desde el día que se partió de su tierra siempre se disciplinaba cada noche.»

No es el dinero lo que le importa a Ignacio, puesto que bien lo reparte en obras de caridad y hacia aquellos que consideraba que debía algo. Arreglar la imagen de nuestra Señora le parece un gesto importante. La transformación interior de Ignacio sigue su curso y es normal que se exteriorice en los símbolos religiosos. Y también en las prácticas de penitencia, azotándose cada noche. No nos han de extrañar las penitencias por los errores pasados y como preparación para mejor recibir el don de la nueva vida que Dios le ofrece. Sigamos a Ignacio en su proceso: tal vez nosotros también estamos siendo invitados a iniciar una nueva vida.

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