Pistas ignacianas 12

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Anotaciones: Recordemos que el objetivo de estas meditaciones de segunda semana es el de ver a Jesús más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: En algún momento alrededor de sus treinta años, Jesús dejó su trabajo y el hogar a fin de comenzar su ministerio público. Tratemos de imaginar qué pensamientos podrían ser los suyos en ese momento de su vida.

La vida pública de Jesús empezó con un viaje, en una especie de peregrinación. Salió de su casa en Nazaret y peregrinó hasta el río Jordán, donde fue bautizado por Juan el Bautista. El ministerio de Juan había consistido en llamar a los pecadores al arrepentimiento. Juan era conocido y respetado: sin duda Jesús conocía su mensaje, como un profeta de Dios enviado al pueblo judío. Jesús sabía lo que estaba haciendo. Ponderemos lo que significa que el mensaje de Jesús, el hombre sin pecado, decida comenzar su ministerio colocándose en la fila en solidaridad con los pecadores. El simbolismo de esta acción recogida en los primeros versos de los Evangelios, nos evoca ricas imágenes de una peregrinación interior hacia una nueva forma de vida. El ministerio de Juan el Bautista se presentó con unas palabras de Isaías: “¡Preparen el camino del Señor! ¡Enderecen sus sendas!”. Juan llama a los pecadores al arrepentimiento y a la “conversión”, palabra con raíces que sugieren un “giro”: Juan nos invita a girarnos hacia una nueva dirección y seguir un nuevo camino en la vida. En algún momento, Jesús hace una elección consciente y deliberada para comenzar su ministerio, para cambiar su vida mundana en Nazaret: imaginemos lo que podría haber estado pasando por su mente, lo que él veía a su alrededor para que sintiese que ese era el momento adecuado. Consideremos también cómo elige iniciar su ministerio, no con un discurso o con un milagro, sino con una peregrinación para ser bautizado por Juan. Y consideremos también la experiencia de Jesús en el Jordán, su descubrimiento, su comprensión de la misión a la que el Padre le invita a realizar en plenitud.

Podemos pedir al Padre que nos coloque con Jesús, su Hijo, en la fila de Juan el Bautista. Imaginemos que somos uno de sus compañeros y que estamos justo detrás de Él, porque quiere que le conozcamos mejor, amarlo más y ser más fieles en su servicio y para la humanidad. Tratemos de contemplar la escena del evangelio. ¿Qué nos dice Juan?

Textos:

Romanos 6:3-4. Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminaremos en la vida nueva.

Lucas 3:1-22. “Entonces, ¿qué vamos a hacer?” En el momento de su bautismo por Juan, la voz de Dios confirma su filiación y su misión.

Mateo 3:13-17. Jesús, después de haber meditado en su corazón el misterio de la Paternidad de Dios y la misión que Él le encomienda, decide abandonar Nazaret. Contemplemos la escena. Tratamos de estar presentes junto a Él y ver cómo llega a esa decisión, la comparte con su madre, se despide y deja todo lo que le ha configurado como ser humano adulto y responsable. Caminamos con él hacia el río Jordán y nos quedamos en la orilla del río, contemplando su bautismo. ¿Qué es lo que oímos? ¿Qué debemos comprender?

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Acabar con el Padre Nuestro.

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