Pistas ignacianas 11

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Anotaciones: El objetivo de estas meditaciones no es el de recoger “hechos” de Jesús, sino “verle más claramente, amarle más profundamente, seguirle con más cercanía”. No olvidemos la “oración preparatoria”, que es el fruto final de toda la experiencia.

En esta “segunda semana” Ignacio introduce otro tipo de oración: la contemplación de los misterios del evangelio.

La oración contemplativa. Ignacio nos pide que nos “ejercitemos” en la oración contemplativa, un tipo de oración imaginativa donde todos nuestros sentidos están involucrados. Aquí ofrecemos una pequeña guía: «Leemos el texto de la narración evangélica y después dejamos el texto de lado. Comenzamos lentamente a repasar la narración, imaginando la escena de la forma más completa que podamos. ¿Dónde sucede? Observamos todas las cosas en y alrededor de la escena. ¿Quién está ahí? ¿Quién es toda la gente que aparece? ¿Qué temperatura hace? ¿calor o frío? ¿Qué olores me llegan? Entonces entramos en la escena aún más, convirtiéndonos en un personaje más de la escena. Imaginamos que podríamos ser un miembro de la multitud o que podríamos convertirnos en uno de los personajes principales de la historia. Cuando me sienta allí, entonces dejar que la narración progrese, y dejarla ir a donde vaya. Una vez estamos dentro de la escena, las palabras y acciones no son una repetición grabada del texto. Dentro de la escena, imaginamos con libertad y vamos allí donde deseamos estar, recibiendo lo que se nos desee revelar en la oración, lo que se nos muestra en las palabras y los gestos de los personajes de la narración, o simplemente podemos hablar nosotros, compartiendo la experiencia de nuestra propia reacción interior. Los detalles del texto dejan de ser importantes, porque lo importante es la experiencia de la narración, que ahora mueve nuestro corazón. Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. »

Hoy comenzamos este tipo de ejercicio con la contemplación del misterio de la Encarnación. No nos decepcionemos si encontramos este tipo de oración un poco difícil: se nos pide orar con nuestra propia vida, ¡por lo que cada uno tiene su propio camino delante de Dios! Pero Ignacio encontraba este tipo de oración muy útil, o sea ¡que sería bueno intentarlo un poco!

Petición: Pedimos una continua apreciación del milagro de la encarnación a través de las personas y la respuesta de María y José. La gracia de creer y aceptar la noticia increíblemente buena de que Jesús está entre nosotros y aceptar nuestra parte en ella. La profundización en la apreciación de la maravilla de Dios de haber nacido en forma humana.

Reflexiones: Demos un enfoque actual sobre el milagro de la encarnación, tratando de hacerlo real en nosotros. Las representaciones de la Natividad en nuestras iglesias nos muestran típicamente un Jesús angelical, rodeado de limpieza, sonriendo a sus padres y a los pastores y reyes. Pero, la tradición nos dice que Jesús nació después de un viaje largo e incómodo, en un lugar que debió estar bastante dejado y sucio. Sus padres, cansados de viajar, probablemente se sintieron abandonados y preocupados de dar a luz a un niño en un lugar insalubre, desconocido y sin el apoyo de los familiares. El Príncipe de la Paz se hizo presente entre nosotros, pero no de cualquiera de las maneras que nosotros podríamos haber imaginado. Jesús experimenta las dificultades de ser hombre en nuestro mundo desde el primer momento. Nosotros podemos sentir también ahora las tribulaciones de sentirse un peregrino viajero, como la familia de Jesús: ¿Y si me pierdo? ¿Y si algo va mal en el camino? ¿Habrá alojamiento adecuado? ¿Qué pasa si enfermo? Todas esas tribulaciones que podemos imaginar, ahora las multiplicamos por 100, nos situamos en el tiempo de Jesús y nos imaginamos junto a un ser querido y con un bebé.

Ignacio nos invita a: «ver a Nuestra Señora, José y el niño Jesús después de su nacimiento. Yo me hago un pobre esclavo, pequeño e indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndoles en sus necesidades, como si yo estuviera allí, con todo el respeto y reverencia posible… Considero lo que están haciendo, por ejemplo, caminando o trabajando, para que el Señor sea bien nacido aunque en la mayor pobreza, y que ese bebé después de tantos trabajos de hambre, sed, calor, frío, lesiones e insultos, ¡vaya a morir en la cruz! ¡Y todo esto por mí! ».

Textos:

Mateo 1:18-25. Contemplando el misterio de la encarnación, entramos en los sentimientos de José y su lucha personal entre la ley y el amor.

Lucas 2:1-20. Maria dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Con paz interior, presentes en su nacimiento, recibo a Jesús con alegría y gratitud como un don del Padre para mí y para su pueblo.

Coloquio final: «Por último, terminamos con una oración, hablando con Nuestro Señor, de corazón a corazón, de amigo a amigo, de cualquier manera que se nos ofrezca, expresando nuestra gratitud por las gracias que acabamos de recibir. » Acabar con el Padre Nuestro.

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