Pistas ignacianas 9

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Anotaciones: Hoy entramos en la “segunda semana” de los Ejercicios Espirituales. La entrada principal es a través de una meditación que nos invita a sentir la invitación de Cristo Rey a seguirle. Como estamos caminando en una gran ciudad, podemos ver las maravillas de un “reino terrenal” e imaginar el Reino de Dios. Hoy meditamos sobre la orientación de nuestra vida: ¿caminamos con Jesús o detrás de otros líderes?

Petición: Con todas mis limitaciones y sintiendo el amor del Padre en mí, pido la gracia de sentirme llamado personalmente a caminar junto a Jesús, como su compañero y colaborador.

Reflexiones: La conciencia profunda del amor misericordioso de Dios (la gracia pedida ayer), a menudo lleva a un deseo de responder a ese amor. Hoy comenzamos a meditar en la invitación de Jesús a caminar junto a él en su trabajo. En los Ejercicios Espirituales, Ignacio sitúa la meditación del llamado de Dios a colaborar junto a Jesús justo después de las meditaciones que tocan nuestra pecaminosidad humana; la yuxtaposición es importante: Dios nos llama a trabajar junto a Él plenamente, después de conocernos y querernos como somos. Somos llamados como pecadores amados, tal y como Pablo nos explica, después de haber pedido al Señor reconciliarse con él: «Él me dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.» (2 Corintios 12,9). A pesar de ser somos pecadores, nos sentimos hoy llamados a afanar en ese mismo mundo tocado por nuestro pecado, y trabajar por la paz y la justicia, con el amor misericordioso que hemos recibido. Creemos en un Dios que es Justicia, porque Él es Amor. El camino hacia la justicia en nuestro mundo y el camino de la fe son caminos inseparables. La fe y la justicia son indivisibles en el Evangelio. Somos profundamente conscientes de la frecuencia y gravedad con la que hemos pecado contra el Evangelio, sin embargo, sigue siendo nuestra ambición el proclamarlo dignamente, es decir, en el amor, en la pobreza y la humildad. Esto es lo que dijo la Congregación General 32 de los jesuitas.

En su famosa meditación “La llamada del Rey Eternal”, Ignacio imagina lo convincente que sería la llamada de un rey verdaderamente digno, alguien que trabaje en nuestro mundo sólo por la fe y la justicia. Después de esta consideración, nos dirigimos a Jesús, cuya llamada es aún más valiosa porque Cristo nuestro Señor, el Rey eterno, Él llama a cada persona en particular, y dice que: “Mi intención es lograr lo mejor de todo el mundo y construir el Reino del Amor Eterno”. Ignacio ve que todo aquel que quiera ir con Cristo, deberá trabajar con Él, de tal forma que siguiéndole en el dolor, se le pueda seguir también en la gloria de ese Reino.

La llamada del Rey es la llamada a hacerle compañía, para aprender más acerca de Él, para experimentar su cariño y nuestra unión con Él en el servicio de su pueblo. Y este Rey viene a nosotros como uno de nosotros, totalmente dispuesto a compartir nuestra suerte. Hoy nos centramos en la maravilla de ser llamados y en la naturaleza amorosa de la convocatoria; mañana podemos empezar a centrarnos en nuestra respuesta a esta convocatoria.

Textos:

Salmo 102. El Señor es compasivo y benigno.

Lucas 5,27-32. Sígueme.

Miqueas 5,1-4. Un poderoso rey vendrá a liberar a su rebaño con el poder de Yahvé.

Coloquio final: Como un amigo habla con otro, así lo hacemos con Jesús. Recogemos las reflexiones y emociones de la meditación sobre el Reino y el valor del seguimiento. Discutimos con Jesús y, si así lo sentimos, le pedimos nos acoja en su caminar.

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