Translate original post with Google Translate
Anotaciones: Mantenemos el mismo ánimo alegre, porque ahora estamos en la contemplación de la vida en su plenitud. Ya no hay nada que nos pueda detener en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. Vivamos la última semana llena de gracia y llena de luz. Nos regocijamos con cada pequeña flor, con cada pájaro, con cada sonrisa y con cada mano tendida. No olvidemos la “oración introductoria” al comenzar la contemplación, ni durante todo el día. Recordemos el coloquio final. Nos acercamos al conocimiento interno de Jesús resucitado, que nos ayuda a cumplir nuestro compromiso con la vida para siempre. Hablamos con Jesús, nuestro “amigo”, en el coloquio al final de la oración y durante el día. En esta etapa hay que tener presente la pista ignaciana que hace referencia a San Pedro Claver. Pedro Claver fue discípulo de Jesucristo y misionero jesuita en América, llamado “el esclavo de los esclavos”.
Petición: Pedimos al Padre el don de ser capaces de entrar en la alegría del Resucitado y de Cristo glorioso. El don de ser capaces de contemplar la vida plena que Jesús nos ha alcanzado. El don de alegrarnos profundamente con Cristo, Y pedimos sentirnos enviados al mundo para continuar su misión.
Reflexiones: La gracia de estar vivo, la gracia de tener la resurrección en ti, es un regalo no sólo para ti, sino una gracia para compartir con los demás. Y es energía para ponerla al servicio de la misión de Jesús, para difundir la Buena Nueva del reino de Dios. Hoy nos sentimos renovados y, al mismo tiempo, comprometidos con nuestro mejor “amigo”, para ayudarle a realizar su misión en la tierra. El Padre sigue derramando el Espíritu de Cristo en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo. El nos consuela todavía y nos envía con la misión de consolar a los que sufren, a los pobres, y a todos los que anhelan la salvación. Como está escrito: “Envías tu Espíritu, y todo es creado; así renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104,30), Pedimos hoy al Señor el poder entrar en el gozo, y ser aceptados en la misión consoladora de Jesús, ya en su vida resucitada.
En el evangelio de Mateo nos encontramos con Jesús pidiendo a los discípulos que vayan a Galilea. Los discípulos eran los pecadores a los que él había invitado a ser sus compañeros; aquellos mismos que habían sido traidores en el último momento. Y ahora estamos con ellos, como discípulos, en nuestra peregrinación hacia el Reino. Estamos juntos con otros más pecadores o más fieles que nosotros. Pero poco importa, porque nuestra fuerza y nuestra sabiduría es Cristo. Así que no tengamos miedo de responder a su llamada. Nos encontramos en la montaña, ese lugar de encuentro entre Dios y su pueblo. Para nosotros, esa montaña puede ser un barrio, un laboratorio, una iglesia, una oficina, un salón, una escuela… Jesús nos da nuestra misión: ir, bautizar, enseñar, amar y comunicar la compasión de Dios para reconciliar a la humanidad. Se nos pide que cumplamos con la misión en cada momento, en cada circunstancia de la vida. Y Jesús nos dice unas palabras maravillosas. Nos promete que estará con nosotros en cada momento de alegría o de dolor. A pesar de que tal vez no nos sentimos dignos de su presencia, El se va a mantener fiel siempre cerca de nosotros. Aunque somos pecadores, infieles, limitados, El va a ofrecernos su Espíritu para transformar cualquier situación humana en una experiencia de crecimiento.
A pesar de que nuestra fe es débil, Jesús cuenta con nosotros. Tomás tiene que reconocer su falta de fe antes de ser enviado al mundo. Oremos para escuchar la llamada de Jesús que nos invita a seguirle, y a estar con El. Nos unimos a los discípulos en su misión y su bendición.
Textos:
Mateo 18,16-20: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo”.
Juan 20,24-29: Así como Jesús fue tolerante con la oscuridad y la incredulidad de Tomás, así lo es también conmigo hoy, y se complace en consolarme con el don de la fe. En su presencia amorosa yo también digo: “¡Señor mío, y Dios mío!”.
Juan 21, 1-17: El momento de la alegría: “¡Es el Señor!”. El momento de la compañía: “Venid a comer conmigo”. El momento de la intimidad y decisión: “¿Me amas?”. El momento de la misión: “Apacienta mis ovejas”.
Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior, ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y Señor Jesucristo. Hablamos con El confiadamente, como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

Castellano
Català
English
Euskara
