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Anotaciones: Seguimos en nuestra “cuarta semana”, y mantenemos el mismo ánimo alegre, porque cada vez más nos unimos a Jesucristo en su misión. No hay nada que pueda detenernos en nuestro camino hacia la libertad y la felicidad eterna. No olvidemos la “oración introductoria”, ni el coloquio al final de la oración ni durante todo el día. ¡Y vivamos la alegría de la resurrección de Cristo! Las canciones, la luz, las flores, el agua, los amigos… son bienvenidos. De nuevo, la pista ignaciana de este día nos invita a hacer como Ignacio: compremos ropas nuevas que reflejen el cambio interior que hemos ido experimentando en nuestra peregrinación.
Petición: Ruego a Dios poder alegrarme profundamente con Cristo resucitado, ahora que he sido enviado al mundo para servir a su misión. Le ruego que me haga capaz de reconocer en mi vida su presencia transfigurada, de acompañarle en su misión de reconciliación, y de dar la vida por la humanidad.
Reflexiones: Jesús necesita de nuestras manos para acoger a quienes están necesitados de atención, de reconciliación y de vida. Jesús necesita de nuestra voluntad, de nuestros deseos de avanzar, para poder seguir construyendo el Reino entre nosotros. Jesús resucitado nos llama a seguirle, y a participar con El en la transformación que ya se ha iniciado en el mundo. En los evangelios, Jesús llama a varias personas explícitamente por su nombre. Contemplando hoy los misterios propuestos, oímos nuestro propio nombre, y descubrimos que nuestro interior se remueve. ¿Qué siento yo al ser llamado hoy como lo fue Zaqueo? ¿Qué significa para mí sentirme junto a Jesús?
El relato de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor es un anuncio de la realidad oculta en nuestra propia humanidad, tantas veces demasiado opaca. La luz está en nosotros. La esencia divina nos habita, y es perceptible desde el mismo momento de nuestra concepción. Ciertamente nuestra condición humana resulta un “filtro opaco” a esa luz divina. A veces nos llegamos a transformar más en “agujeros negros” que en “estrellas de luz”. El sufrimiento, la injusticia, el absurdo que nos rodean tantas veces hacen que el filtro apague hasta la más pequeña chispa de luz. Pero en Jesús resucitado descubrimos que, a pesar de todos los sinsentidos que hemos de vivir, la luz sigue ardiente en nosotros, y esta experiencia nos transfigura. Nada nos podrá separar del amor de Dios. Todo puede ser transfigurado en su amor.
Jesús resucitado es la vida de Dios con nosotros. Quien comunica este mensaje con su vida, no fallará. ¿Qué es lo que ha de ser transfigurado en nuestra vida? ¿Qué es lo que no deja pasar la luz divina a través de nosotros?
Textos:
Lucas 19,1-10: Jesús llama a Zaqueo, y le pide que descienda de sus preocupaciones y de su estilo de vida. Si deseas ver a Jesús, baja de los montajes que te has hecho. Si deseas encontrarlo en tu vida, ve a tu casa, que El está allí esperándote. Déjate llevar por El. Vuestro encuentro será generosamente fructífero y transfigurador.
Romanos 8,31-39: Nada nos puede separar del amor de Dios.
Mateo 17,1-13: Jesús llama a sus discípulos, y les pide que le acompañen en su transfiguración. Yo también necesito subir con El a la montaña. El dolor y las dificultades pueden mermar nuestra fe y nuestra decisión. Pero si creemos en la resurrección, creemos que la vida no tiene final, que nada puede ocultar la luz en nosotros, que nada puede acallar la Palabra en nosotros.
Mateo 17,14-21: Llamados a servir a Jesucristo y a colaborar en la misión, nuestra fe no puede ser débil. Si creemos en El, no fallaremos. Pero si creemos más en nosotros y en nuestras posibilidades, aunque llevemos su nombre, no conseguiremos nada.
Coloquio final: En esta etapa de nuestra peregrinación interior ya estamos acostumbrados a caminar con nuestro amigo y señor Jesucristo. Hablamos confiadamente con El como un amigo habla con otro. Si sientes la fuerza y la gracia interior, no pierdas la ocasión de pedirle que te acepte bajo su bandera, para así construir el Reino de Dios a su lado. Acabar con el Padre Nuestro.

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