Pistas Ignacianas 14

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Anotaciones: Seguimos caminando con Jesús, para verle más claramente, amarle más profundamente y seguirle con más cercanía. No olvidemos la “oración preparatoria”, siempre antes de ponernos en oración y también a lo largo del día. A partir de hoy, el coloquio final se hace cada vez más importante: vamos entrando en ese conocimiento interno de Jesús que ha de dar fuerza a nuestro compromiso de vida. Esto se discute con nuestro “amigo” en el coloquio al final de la oración y durante el día.

Petición: Rogaré al Padre por tres cosas que necesito y sólo Él puede conceder: un conocimiento más íntimo de Jesús, que se ha convertido en uno de nosotros; una experiencia más personal de su amor por mí para que le ame más tiernamente; y una más estrecha unión con Jesús en su misión de llevar la salvación a la humanidad.

Reflexiones: Jesús como una persona que sanaba a la gente podría ser la imagen más destacada de la vida pública de Jesús. El ministerio de sanación de Jesús es también un ministerio de salvación. Jesús sana a los cuerpos, los espíritus, y las relaciones rotas con Dios y con los demás a través del perdón. Jesús le dice a un paralítico que se levante y camine, da un masaje de lodo sobre los ojos de un ciego. Su preocupación no es sólo recuperar la rama seca o el órgano que no funciona. Es también que aquel a quien Él sana pueda apartarse del pecado y creer en Él. Sabemos de su compasión maravillosa, de su disposición a entablar contacto con los parias y los intocables de la sociedad antigua. Utilicemos la práctica ignaciana de la contemplación, es decir, imaginar una o varias de estas escenas del ministerio de Jesús, e imaginarnos en la escena, tal vez como compañero de viaje con Jesús, o tal vez soy yo a quien llevan a Jesús – ¿qué es lo que quiere hacer Jesús para sanarme? Al entrar en estos misterios en nuestra peregrinación, nos presentamos a Jesús con una necesidad de curación en el cuerpo, mente y espíritu. Seguir pidiendo la gracia de este día.

Textos:

Lucas 18: 35-43. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”

Juan 5:1-9. La pregunta de Jesús a un hombre enfermo y lisiado se dirige también a mí en la contemplación: “¿Quieres ser sanado?.” Muestro al Señor mi necesidad de curación: mi pequeñez, mi orgullo, mi ambición, mi necesidad de seguridad y control, mi auto-engaño. “Sí, Señor, quiero ser curado.”

Lucas 8:40-56. Pido a Jesús que venga a mi casa. Me esfuerzo por tocar el borde de su manto.

Coloquio final: Hacer un resumen de lo meditado en el rato de oración, hablando con Jesús como un amigo lo hace con otro. Sincerarse con él sobre los puntos hallados en este rato de camino hecho. Si así lo sentimos, podemos pedir a Jesús el ser aceptados bajo su bandera y convertirnos en un sanador como Él. Acabar con el Padre Nuestro.

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